ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Ilustrativa

Pinar del Río. - Ruhayne Ledesma, la especialista de Calidad, asegura que las esencias son las mismas, que no han cambiado en el tiempo, que tecnólogos y maestros de cocina han sabido compartir los secretos de una generación a otra, para que las producciones de la Empresa de Conservas de Vegetales La Conchita sigan teniendo una alta demanda dentro de Cuba y en el exterior.

«Por eso, hoy continuamos trabajando para el pueblo y exportando hacia diversos mercados», dice.

Pero La Conchita no es la misma de hace 10, 20, 30 años. En sus patios hoy no se acumulan las montañas de huacales repletos de frutas o de tomate que obligaban a trabajar ininterrumpidamente las 24 horas, ni los camiones provenientes del campo hacen fila, esperando su turno para descargar.

Por estos días, por ejemplo, la industria pinareña debía estar saturada de mango, en plena campaña de una de sus tres materias primas fundamentales, junto con el tomate y la guayaba.

En un inicio, de conjunto con el sistema de la agricultura, se había previsto la entrada de unas 2 100 toneladas de la fruta. Hoy los especialistas aseguran que podrían ser muchas más, pues los estimados actualizados arrojan alrededor de las 6 000 toneladas en los campos. En La Conchita, sin embargo, apenas han recibido 300.

Y esa cifra extremadamente discreta, ha sido posible porque en vez de esperar por los camiones procedentes de las empresas agropecuarias y las cooperativas, la industria ha decidido adquirir el combustible a través de las formas no estatales, salir a las plantaciones con sus propios medios y gestionar la materia prima directamente con los productores.

«La situación no nos ha dejado más opciones. Estamos haciendo esto para tener vitalidad, pero no contamos con la logística ni las condiciones para acopiar todo lo que quisiéramos», explica Jesús González, director general de la entidad.

Con anterioridad, el cerco energético al que se encuentra sometido el país por el Gobierno de Estados Unidos, ya había impactado severamente la campaña de tomate.

De unas 2 500 toneladas que debieron molerse en los primeros meses del 2026, solo se recibió la mitad.

Detrás de cada número que no se corresponde con las potencialidades de la industria y de cada incumplimiento, hay toneladas de alimentos que no llegan a la población. En La Conchita lo saben bien.

No obstante, insisten en que cualquier comparación con etapas anteriores sería injusta, y que el mérito de la fábrica ha estado en los esfuerzos permanentes para no detener sus líneas y enviar a casa a cientos de trabajadores.

Ante la contingencia energética que vive el país, la jornada laboral en La Conchita comienza actualmente a las 4:00 a.m. Foto: Ronald Suárez Rivas

A CUALQUIER HORA

«Aquí no hemos parado ni por falta de materias primas ni por la energía», confirma Moraima Álvarez, jefa del área de proceso y etiquetado, donde se da terminación a las distintas producciones.

Aunque se dice fácil, advierte que ello ha implicado un sacrificio gigantesco.

«Desde que comenzó el problema de los apagones hemos estado trabajando a cualquier hora, cuando nos informan que van a poner la corriente».

Y cuando dice «cualquier hora», Moraima explica que es así, literalmente. «Hemos tenido momentos de iniciar la jornada laboral a las 12 de la noche, o a las dos de la madrugada. Actualmente estamos empezando a las

4:00 a.m., pero aquí estamos. No por casualidad llevamos ocho años consecutivos como Vanguardia Nacional».

Antes de que la contingencia energética trastocara la vida de la industria, Moraima recuerda que se comenzaba a las 7:00 a.m., hasta las 4:00 p.m.

«Ahora, se acorta el horario de sueño y hay que asumir los quehaceres de la casa cuando se pueda».

«Anoche mismo, yo estaba lavando a las 10 de la noche, que fue cuando pusieron la corriente en mi bloque, me acosté a la 1:00 a.m., me levanté a las 3:00 a.m. para poder entrar a las 4:00 a.m. a la fábrica. Y como yo, las demás compañeras», relata Aracelys Ajete, operaria de producción.

«¿Por qué hacemos esto? Porque somos personas laboriosas y con mucho sentido de pertenencia».

La pasta de guayaba constituye el producto insignia de la industria de cara a la exportación. Foto: Ronald Suárez Rivas

UN MOMENTO DIFERENTE

Con una cartera de productos de 62 renglones, parte de los cuales se han estado exportando principalmente hacia Europa, La Conchita ha sabido adaptarse a las circunstancias, en medio de un escenario marcado por fuertes presiones sobre la economía cubana.

«Antes, todos los recursos venían por un balance de país. Ahora toca gestionarlos por nosotros mismos.  Estamos en un momento diferente, en que hemos tenido que recurrir a otras alternativas y soluciones como los encadenamientos con los nuevos actores, para tratar de aprovisionarnos», explica el director.

En ese sentido, precisa que existen más de 10 alianzas distintas, cada una con sus propias peculiaridades.

«Cada actor económico tiene un esquema diferente. Unos aportan materia prima fresca; otros aportan insumos; otros, los envases, y a partir de esas negociaciones es que hemos obtenido los recursos para darle continuidad a los procesos».

En el 2025, ello significó más de 6 300 toneladas entre las pastas de guayaba (que es el producto insignia) y de mango, una amplia variedad de salsas a base de tomate, néctares de frutas, dulces, encurtidos, mayonesa, aderezo…

Además, una serie de producciones alternativas que han permitido diversificar las ofertas y generar ingresos, tales como el vinagre, el vino seco, la pasta de ajo, los aliños, los adobos, la salsa picante, la pasta de bocadito.

Durante todo el año, logramos exportar sistemáticamente, principalmente al mercado europeo y al de Asia.

A pesar de que 2026 ha sido extremadamente duro, comenta que en el mes de marzo también se logró concretar una exportación y que este mes esperan materializar un nuevo envío de conservas de frutas, en diferentes formatos.

Con los ingresos en divisas y las alianzas, afirma que han podido emprender mejoras tecnológicas, cambiar la matriz energética de algunos procesos productivos, con sistemas fotovoltaicos, y adquirir combustibles para respaldar la producción y la comercialización de decenas de renglones.

«Las limitaciones existen, pero también la voluntad y los deseos», dice.

Para alguien que vivó aquellos tiempos en que las materias primas abarrotaban la industria, contemplar el patio semivacío en plena campaña de mango, genera tristeza.

«Cuando comenzamos a trabajar acá, las cifras eran enormes: de 18 000 a 20 000 toneladas de tomate, entre 3 000 y 4 000 de mango, de 1 500 a 2 000 de guayaba».

«Estamos acostumbrados a procesar toda la materia prima que exista en los campos. Incluso hemos llegado a recibir de otras provincias».

Aun así, el éxito de La Conchita ha estado en no resignarse y explorar cada vía posible para conseguir insumos que le permitan producir, y también en la entrega de cientos de hombres y mujeres dispuestos a cambiar sus rutinas, y a iniciar su jornada laboral lo mismo a las 12 de la noche que a las cuatro de la madrugada.

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