Sierras del Oriente; mayo-junio de 1958. —La alegría de los inocentes, espantada por la tragedia y las explosiones, ha desaparecido; los niños ya no sonríen. El temor degrada una parte de la confianza de los civiles asentados en estas lomas dominadas por fuerzas del Segundo Frente Oriental Frank País, al mando del comandante Raúl Castro.
Bombarderos del ejército de Batista pintan de metralla el paisaje, y de dolor el calendario en estos caseríos rurales. Las posiciones rebeldes se hacen impermeables y la tiranía se siente impotente.
El CONTUBERNIO Y EL CÓMPLICE, AL DESNUDO
Ya Raúl conocía de la complicidad de los Estados Unidos con el ejército de Fulgencio Batista, y de la corresponsabilidad práctica gringa en las genocidas acciones de la fuerzas aéreas batistianas contra los habitantes de las montañas de Oriente.
La Inteligencia Rebelde buscaba elementos sobre el asunto. Y los encontró precisamente en la pista de un aeropuerto en la Base Naval (estadounidense) de Guantánamo (BNG): la imagen de un avión militar de la tiranía en ese enclave, apertrechándose de bombas y rockets made in USA, no admitía dudas acerca del contubernio.
En manos de Raúl, junto a la fotografía que dejaba constancia visual de la implicación yanki en los crímenes contra la población rural del oriente de Cuba, el Departamento de Inteligencia Rebelde había colocado, a finales de mayo, un documento revelador; las pruebas eran irrefutables.
EL DILEMA
De mayo a junio, el panorama era tenso en locaciones liberadas por el Segundo Frente guerrillero; bombas y rockets, como granizos de muerte, cada vez con mayor intensidad y frecuencia caían sobre la población civil.
«¿Hasta cuándo?», dicen que se preguntaban las víctimas, en espera de que la fuerzas rebeldes las pusieran a salvo del injusto e indiscriminado castigo, que no distinguía entre niños, mujeres ni ancianos.
Raúl advirtió la necesidad de una acción urgente que cortara la embestida del régimen de Batista. Había que hacer algo. Contar antes con la aprobación de Fidel, era lo ideal. Pero el líder estaba lejos.
Entre el comandante barbudo y el jefe del nuevo frente guerrillero se interponían la distancia y las circunstancias. Y, como dificultad natural añadida, un escenario geográfico irregular que ejercía efectos retardatarios sobre una comunicación urgida de máxima prontitud.
Mas, desde el cielo, los aviones de Batista continuaban asesinando a la población indefensa, y el jefe del II Frente Oriental Frank resolvió no esperar; actuó.
LA OPERACIÓN Y SUS CONSECUENCIAS
El mando insurgente apuntaba a parar en seco a la aviación enemiga, pero sin abrir fuego contra los aviones, como parecía sugerir con el nombre del plan: Operación Antiaérea.
El 22 de junio de 1958, la decisión se hizo firme a través de la Orden militar número 30, del entonces comandante Raúl Castro. Según la citada disposición, todos los ciudadanos estadounidenses -salvo mujeres y niños- residentes en los lugares que señalaba el texto, serían conducidos a territorios de dominio rebelde.
La instrucción dejaba clara la manera de instrumentar el proceso y en el absoluto respeto a los detenidos, que a la postre sumaría 49 en total. De ellos, 29 Infantes de Marines en la BNG.
El resto eran empleados de compañías estadounidenses, como la United Fruit Sugar Company, Moa Bay Company, y Nicaro Níckel Company. Eran gente del mandamás EE:UU, llevadas al escenario agredido; en esa circunstancia no tendría valor el tirano, para continuar los ataques; no lo tuvo.
Cinco compañías rebeldes ejecutaron la operación, que implicó tomar el cuartel de la guardia rural y el centro industrial minero de Moa, donde la acción tomó cuerpo, al igual que en Nicaro, Guaro, y en los ingenios azucareros La Isabela y Ermita, así como en el vial que conduce de Guantánamo a la BNG.
Seis valiosas vidas de combatientes, entre ellos la del capitán Pedro Soto Alba (ascendido póstumamente al grado de comandante), se perdieron precisamente en Moa, donde único derivó en combate la operación, que llegó a los ojos y a los oídos del mundo.
La audacia rebelde hizo blanco en la tiranía batistiana, durante la operación concluida el dos de julio de 1958, con la aviación de Batista paralizada, la complicidad yanqui al desnudo, ahuyentado el peligro en las montañas de Oriente, y la sonrisa devuelta en los niños.













COMENTAR
Responder comentario