El Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, inició su discurso de clausura con una felicitación al pueblo y a los trabajadores de Pinar del Río por haber obtenido la sede del acto nacional por el 26 de Julio. Extendió, además, el reconocimiento a Villa Clara y Matanzas, como provincias destacadas, y a Guantánamo y Sancti Spíritus por los resultados alcanzados.
Al valorar el desarrollo del XXII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, aseguró que «el espíritu presente en este Congreso nos multiplica la energía revolucionaria» y afirmó que el encuentro«no podía ser más oportuno para el país». Recordó que aunque el evento se realizó con una menor cantidad de delegados y una duración reducida debido a las complejas condiciones económicas y energéticas, «tenía que realizarse», porque Cuba atraviesa «uno de los momentos más graves y desafiantes de su historia».
El mandatario explicó que las transformaciones económicas y sociales impulsadas por el Partido y el Gobierno requerían ser debatidas por los trabajadores. En ese sentido, destacó que la CTC participa activamente en la discusión y aprobación de estas políticas, y sostuvo que el Congreso constituyó «el primer apoyo contundente de nuestros trabajadore» a ese proceso de cambios.
Díaz-Canel evocó una reflexión de Lázaro Peña para destacar la fortaleza del movimiento sindical. «Nuestra fuerza radica en esta unidad consciente que no ignora las dificultades, sino que se basa en ellas para vencerlas en la acción cotidiana», citó.
Al referirse al impacto de las sanciones de Estados Unidos sobre la economía cubana, señaló que «el acto de genocidio que constituye la política de máxima asfixia del Gobierno de Estados Unidos contra Cuba golpea el día a día de nuestros trabajadores», tanto en el ámbito laboral como familiar. Añadió que el cerco financiero y energético ha provocado una profunda crisis del sistema electroenergético nacional, con afectaciones que van desde los apagones hasta la paralización de industrias y la interrupción o reubicación laboral de miles de trabajadores.
Frente a ese escenario, insistió en que «la respuesta no puede ser la inercia, sino la búsqueda constante de alternativas». Convocó a fortalecer la innovación como herramienta para enfrentar las dificultades y afirmó: «Como tantas veces a lo largo de seis décadas de bloqueo, alcemos la bandera de la innovación, una manera más que probada de resistir creativament».
El Presidente de la República destacó que, frente a la escasez crónica de piezas, repuestos e insumos, los trabajadores cubanos han demostrado una extraordinaria capacidad para reinventarse. «En todas las áreas productivas los obreros han sido capaces de reinventarse y modificar tecnologías para seguir produciendo y seguir alumbrándonos, aunque sea con recursos propios del país», afirmó, al reconocer el esfuerzo de colectivos laborales e industrias que sostienen la producción en medio de la crisis.
Insistió en que las actuales circunstancias solo pueden superarse «con inteligencia, con responsabilidad, con compromiso y audacia», y definió como un desafío histórico la continuidad de la construcción socialista en Cuba bajo las condiciones de un prolongado bloqueo económico, comercial y financiero, reforzado —dijo— por nuevas medidas coercitivas, la inclusión del país en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo y un severo cerco energético.
En ese contexto, explicó que las transformaciones económicas y sociales impulsadas por el Partido y el Gobierno buscan precisamente responder a ese desafío y preservar las conquistas de la Revolución. Señaló que, tras su aprobación, las medidas han sido objeto de un amplio seguimiento de los estados de opinión de la población, de criterios de especialistas e incluso de la propaganda de medios financiados por Estados Unidos.
«Es claramente visible la articulación de los enemigos de la Revolución para atacar este proceso intentando promover propuestas de orientación neoliberal y exigiendo cambios en el modelo político cubano que jamás tendrán cabida en el plan de transformaciones económicas y sociales que hemos emprendido», enfatizó.
Dirigiéndose a quienes expresan inquietudes legítimas sobre el proceso, el mandatario quiso aclarar que «se trata de transformaciones económico-sociales». Subrayó que «no permitamos nunca que por la necesidad de abreviar palabras se prescinda del término social, porque no solo se trata de transformar la economía, sino hacerlo en función del desarrollo social y con justicia social, que es la esencia misma de la Revolución».
Como respaldo conceptual a esa idea, evocó un discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz el 17 de noviembre de 2005, cuando afirmó: «Una conclusión he sacado al cabo de muchos años: entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabía del socialismo o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo». Díaz-Canel retomó esa reflexión para insistir en que la construcción del socialismo exige un pensamiento creativo, dialéctico y alejado de fórmulas rígidas.
«Quiero ratificar algo para que quede bien claro a nuestros compatriotas, a los amigos y hasta a los enemigos: no nos proponemos ni jamás estará en nuestros planes la restauración del capitalismo en Cuba», afirmó. Agregó que mantener la salud, la educación, el deporte, la ciencia, la cultura y las demás conquistas sociales requiere generar mayores recursos materiales y financieros, objetivo que persiguen las transformaciones en marcha mediante el desarrollo de las fuerzas productivas y una distribución de la riqueza con la mayor justicia social posible.
Sostuvo que el proceso «es complejo y urgente», por lo que deberá implementarse «con agilidad y mucho sentido de responsabilidad», preservando siempre la máxima protección social para la población. Recordó además que las transformaciones no son improvisadas, sino el resultado de un proceso de análisis acumulado durante años por la dirección del país.
El mandatario agregó que las transformaciones económicas y sociales que impulsa el país buscan desatar las fuerzas productivas para generar las riquezas indispensables que permitan sostener las conquistas de la Revolución con la mayor justicia social posible.
Señaló que el desarrollo de sectores como la Salud, la Educación, el Deporte, la Ciencia y la Cultura depende de la capacidad del país para generar recursos materiales y financieros, en un escenario marcado por el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos.
En ese contexto, explicó que las transformaciones económicas y sociales constituyen un proceso complejo y urgente, cuya implementación debe realizarse con responsabilidad, agilidad y preservando, por encima de todo, la protección social de la población.
Díaz-Canel enfatizó que las transformaciones no representan decisiones improvisadas ni responden a presiones externas o negociaciones con otros gobiernos, sino que forman parte del proceso de actualización del modelo económico y social cubano iniciado con los Lineamientos de la Política Económica y Social aprobados en el VI Congreso del Partido y posteriormente actualizados en los congresos VII y VIII.
Recordó que varias de las acciones hoy en ejecución, entre ellas el fortalecimiento de la autonomía de la empresa estatal socialista y de los municipios, la transformación de las relaciones entre la economía y el mercado y la ampliación de la inversión extranjera, habían sido discutidas y anunciadas con anterioridad.
El Presidente insistió en que cada una de las 176 transformaciones cuenta con responsables definidos y estará sometida a un proceso permanente de seguimiento y rendición de cuentas, acompañado de información sistemática sobre sus avances y dificultades.
Asimismo, subrayó que deben priorizarse todas aquellas decisiones que permitan liberar de manera inmediata las fuerzas productivas, otorgando un tratamiento equitativo a las empresas estatales y a los restantes actores económicos, en función de su aporte al desarrollo nacional y a la generación de riquezas.
No obstante, reiteró que el avance de las transformaciones deberá ir acompañado de mecanismos de protección para evitar el incremento de las desigualdades sociales, mediante programas dirigidos a las familias, comunidades y sectores que puedan resultar más vulnerables.
Díaz-Canel destacó que el éxito del proceso dependerá también de la capacidad para explicar sus objetivos, escuchar las opiniones de la población y construir consensos alrededor de cada decisión.
«Al país le hace falta debate, pero también escuchar a todos y construir consensos», expresó.
En ese propósito, convocó a aprovechar el conocimiento científico y técnico disponible, incluyendo el uso de la inteligencia artificial como herramienta de apoyo a la gestión pública, siempre desde una utilización crítica y responsable.
Informó que ya se desarrollan modelos cubanos de inteligencia artificial que han contribuido, entre otros procesos, al análisis de la correspondencia entre las 176 transformaciones y el ordenamiento jurídico nacional, acelerando significativamente ese trabajo.
El mandatario también insistió en la necesidad de fortalecer los mecanismos de transparencia y control popular durante la implementación de las transformaciones, especialmente en los procesos relacionados con licitaciones, contratación de bienes y gestión de activos públicos.
En ese sentido, defendió la creación de plataformas públicas que permitan conocer qué bienes están disponibles, quiénes participan en los procesos de contratación y bajo qué criterios se adoptan las decisiones.
Durante su intervención, reconoció igualmente el amplio proceso de consulta popular realizado en torno al proyecto del nuevo Código de Trabajo, en el que participaron más de dos millones de trabajadores, cuyas propuestas contribuyeron a perfeccionar el texto.
Afirmó que este responde a las transformaciones que experimenta el país y fortalece la protección de los trabajadores, tanto del sector estatal como del no estatal, incorporando nuevas modalidades de empleo, el teletrabajo, la atención a los trabajadores interruptos mediante brigadas comunitarias y una mayor participación de los colectivos laborales en decisiones relacionadas con los salarios, la distribución de utilidades y la gestión empresarial.
Finalmente, Díaz-Canel ratificó que el movimiento obrero continuará desempeñando un papel decisivo en la defensa de la Revolución, sustentado en cinco pilares fundamentales: la defensa nacional, la producción, la participación y el control popular, el trabajo comunitario y la continuidad del proyecto socialista cubano.
«Por Cuba, por el futuro del socialismo, seguiremos resistiendo, trabajando, creando y venciendo», concluyó.













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