ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El Comandante de la Revolución Ramiro Valdés visitó áreas de la bioeléctrica y el central Ciro Redondo, horas antes de que la planta generadora de electricidad entrara en funcionamiento. Foto: del autor

Entre todas las cualidades que distinguieron al Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, me quedo con su humildad y la sencillez que lo acompañaron durante todo el accionar revolucionario, de lo cual da fe su conducta ejemplar en las múltiples tareas que desempeñó.

Muchas anécdotas e historias se han tejido alrededor de esta figura excelsa de la historia de Cuba, que describen la manera de ser de Ramiro y evidencian su fidelidad a dos preceptos martianos que constituyeron brújula de su vida: «Hacer es la mejor manera de decir» y «Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz».

Por cuestiones lógicas de la función reporteril que realizo, tuve el privilegio de coincidir con él en infinidad de recorridos por fábricas e industrias, además de actos trascendentales vinculados al Che y a la historia de Villa Clara, provincia que lo declaró Hijo Ilustre.

De esos encuentros emergieron decenas de anécdotas y relatos, contados por él u otros compañeros de lucha, los cuales muestran a Ramiro, como el ser excepcional que fue. Entre esos recuerdos hay uno que guardo con particular interés, y fue aquel 28 de diciembre de 2013, cuando al cumplirse el 55 aniversario de la Batalla de Santa Clara, traté de entrevistarlo, para que me contara pasajes de aquella epopeya, de su relación con el Che y otras interioridades de la lucha revolucionaria, a cuya petición el Comandante respondió: «Mire periodista, búsquese a otro que tenga más historia». Luego de escuchar aquellas palabras, solo atiné a mirarlo y esbozar una leve sonrisa en la que mostraba mi incredulidad por lo que acababa de escuchar.

Como dudar que el héroe del Moncada, del Granma y de la invasión, entre otras tantas proezas, era parte de la historia viva de esta Revolución; que el hombre que tomó la posta tres de la guarnición santiguera y que recibió allí un plomazo que estuvo alojado en su pie hasta que fue extraído en plena Sierra Maestra, era una leyenda viva de este país.

El que me había dicho que no tenía historia, fue uno de los primeros en alistarse para venir en el yate Granma, el que por su conducta ejemplar fue designado por el líder de la Revolución para secundar al Che en la invasión al centro de la Isla y el primero en la lista del Che para ir a combatir a Bolivia.

Por cierto, inicialmente no estaba en la lista de hombres que formarían la Columna No. Ocho «Ciro Redondo», y al enterarse fue ante Fidel para reclamar su puesto en aquella peligrosa aventura que traería la guerra a Las Villas luego de un azaroso recorrido, solo apto para hombres de su estirpe.

Al llegar a la región central, Ramiro resultó paladín de la unidad, y junto al Che estuvo en la firma del Pacto del Pedrero. Del Comandante Víctor Bordón Machado, escuché una anécdota que bien revela la grandeza de Valdés Menéndez, y fue cuando el Che lo degradó al grado de Teniente en plena Sierra del Escambray, ante lo cual el segundo jefe de la columna invasora intercedió ante el Che y le expresó que pensaba que había sido muy severo con Bordón. Fue así como Guevara accedió a concederle los grados de capitán al hijo de Quemado de Güines.

Unos años después, en ocasión de celebrarse en Encrucijada, el aniversario 90 del nacimiento de Abel Santamaría, actividad en la que estuvo presente Ramiro, luego de presenciar la obra presentada por la Colmenita dedicada a «El Elegido», y ante la conmoción provocada en él por la puesta en escena, el entonces primer vicepresidente y actual Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz Canel, le preguntó acerca del impacto que le había causado haber conocido a Abel, a lo que Ramiro no dudo en contestar, «más que Fidel, y mira que Fidel era grande».

El Héroe de la República de Cuba, ese que un día me dijo que no tenía historia, fue igualmente una de las personas más capaces e inteligentes que he conocido. No olvido sus vastos conocimientos técnicos, cuando discutía de tú a tú con avezados especialistas de la industria química y mecánica, en fábricas como la Electroquímica de Sagua o Planta Mecánica, por solo citar dos ejemplos.

Entonces me preguntaba, como era posible que un hombre de su edad, que no había estudiado ingeniería, ni ningúna otra carrera técnica, pudiera saber tanto de aquellos asuntos y discutir de igual a igual con funcionarios y directivos.

Ese es el Ramiro que conocí, y al que los cubanos hoy honramos. Cuando este jueves se incorpore como un soldado más de la Revolución, al Destacamento de Refuerzo liderado por el Che, la Patria habrá ganado a un ser humano excepcional, que acompañará desde su nuevo puesto de combate a la nueva hornada de revolucionarios que continuarán su obra.

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