
Ella, que carga con una agenda a cuestas porque «hay que escribirlo todo, pues ningún proceso se subordina a las personas». Ella, que cumplió ese sueño de pequeña: ser independiente. Ella, que parece vivir con las puertas de su casa siempre abiertas para que su familia, amigos y vecinos lleguen si les ocurre algún problema. Ella, que es, entre tantas cosas, amante de la vida y prefiere recibirla a plenitud, con pocas cosas materiales que la sostenga; me dice que no le pregunte su edad, que no me la dirá.
«Escribe que soy una mujer cubana, que tiene que mantenerse linda, joven, risueña, con ilusiones, con metas, y que también tiene que lavar, fregar, cocinar. Que muchas veces llega a la casa y tiene que cargar cubos con agua, que esperar a que pongan la corriente. Pero siempre tiene abrazos guardados para su compañero de vida y para su perra Luna».
Esta es, entonces, la historia de Teresa. La que ella quiso contar.
***
Pasan las 10 de la mañana. En una de las oficinas del Centro Nacional de Producción de Animales de Laboratorio (Cenpalab), Teresa –de mirada noble– espera para ser entrevistada.
Aunque no era por ella que acudí allí (diremos que hubo un giro de los acontecimientos), la conversación sobrevino después de presentarnos:
«Yo soy del campo. Soy de Pinar del Río, del municipio La Palma, y siempre me gustaron los animales. Por eso, cuando terminé el Preuniversitario, le dije a mi papá: "Yo voy a ser veterinaria".
–Pero niñaaa, si tú no alcanzas ni a la cola de la vaca.
–No importa, pongo un banco y le hago el diagnóstico a la vaca.
Y así, un poco a contracorriente, «aunque luego la familia me apoyó», Teresa se becó en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana, hoy Universidad Agraria.
«Imagínate a una güajirita que no había salido de su casa nunca. El primer el primer fin de semana que yo estuve en beca de la Universidad, lavé todas las cositas que tenía, las colgué, entré al cuarto y, cuando salí, ya no estaban. Pero nada, eso sucede. Me faltaba mucho por aprender, era muy joven y jamás había estado lejos de mi familia».
Durante los cinco años que duró el estudio fue y vino «de la escuela a la casa, de la casa a la escuela». Tomaba una «botella» en la autopista, llegaba al hospital, se pasaba dos días con su papá enfermo y regresaba.
Confiesa que siempre tuvo claridad de lo que quería hacer, y lograr sus metas ha requerido sacrificios, «pero el camino se disfruta.
«Me di cuenta que debía tener una profesión para ayudar a mis padres. Porque mi papá era la persona enferma de la casa y, aunque mi mamá era maestra, somos cinco hermanos».
Entonces, reproduce un audio que su madre, de 78, le mandó esta mañana: «Ay mi niña, yo tenía unas ganas de comerme un sorbetico. Pero tuve que comprar el yogurt que está caro. Así que imagínate tú…».
Y por cosas como esas ella trabaja.
En Cenpalab, lugar al que pertenece desde hace 33 años, Teresa asume la dirección de Biotecnología y la de Innovación y Desarrollo.
Bajo su liderazgo, se han logrado hitos sin precedentes: el primer aislamiento de la cepa de Parvovirus canino, el registro de un anticuerpo hiperinmune para el moquillo canino –un producto también escaso en el mercado internacional–, así como un formulado con microorganismos eficientes que ayudó a limpiar la bahía de La Habana.
Mientras habla, no se cansa de repetir que la ciencia no la hace una sola persona: «Hay mucha gente en silencio que nunca aparece y son las que logran los resultados clave. Es magia lo que se hace en los laboratorios, en estos tiempos de escasez, para poder cumplir».
Pero estoy segura que, sin su empuje, esa mezcla de exigencia con abrazo, muchas de esos logros no habrían sucedido.
***
«¡Mira! Este es un tatuaje que me hice». Un ave fénix en el tobillo. ¿Para ella también significará el resurgimiento o es algo más?
En la vida Teresa ha pasado por cosas duras. Lo dice y no desentraña cuales son (tampoco indago). «Lo que pasa es que eso no me va a marcar. Estoy viva y lo que pasó no me derrotó, me hizo más fuerte».
Y Teresa cree que, si volviera a nacer, «porque habrá muchas vidas», será Trabajadora Social. «Porque voy a tratar de arreglar los problemas a todo el mundo».
También cree que las cosas simples se están esfumando por el cúmulo de objetos materiales que el ser humano necesita con frecuencia, pero «no es así. Amanecer, estar vivo y con salud, ya es suficiente».
Y con ese positivismo, ella, que es, entre tantas cosas, amante de la vida, concluye: «La luz del sol nos va a iluminar».













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