ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Bajo las bombas se perderán muchas vidas inocentes. Foto: José Manuel Correa

¿Cómo es posible que un cubano, nacido en esta tierra de machetes y versos, pueda desear una intervención militar de Estados Unidos contra su propia patria?

Esa pregunta no debería ni formularse. Y, sin embargo, ahí está, incómoda como una espina clavada en el corazón.

Hay quienes, desde la comodidad relativa de la distancia, han llegado a creer que las bombas tienen dirección y que el fuego solo quema al vecino. Se han dejado seducir por la fantasía de que una invasión vendrá con flores y no con metralla.

Creen, o quieren creer, que el hierro estadounidense distinguirá entre personas integradas a la construcción del presente y el futuro, y aquellos que no sienten por ello ni el menor interés.

La historia, esa maestra que no gradúa a los distraídos, ha mostrado siempre la misma verdad: los cohetes no llevan nombre. No preguntan de qué bando eres. No respetan tu dolor. Caen, y en su caída no distinguen entre un niño que duerme y un soldado que vigila. Entre una mujer que cocina y un militar que defiende su patria. Entre un anciano que mira al mar y un combatiente que mira al cielo y trata de defenderse y defender a los suyos.

Morirían niños. Morirían mujeres. Morirían ancianos. Morirían combatientes. De modo más directo, moriría el pueblo cubano, el mismo pueblo que dicen querer «liberar».

Esa es la ilógica de la lógica: que alguien pretenda «salvar» a su patria destruyéndola. Cómo imaginar que alguien se llame cubano y pida a otro país –al país que bloquea, que asfixia, que ha intentado durante seis décadas doblegar a la Isla– que invada, que termine el trabajo con una guerra que podría ser nociva para ambos territorios.

Contra eso deben estar todos los cubanos dignos. La Patria no es un papel de identidad. La Patria es la esquina donde creciste, es el café mañanero que te brinda el vecino, es la tumba de tus abuelos, es la playa que alguna vez mojó tus pies. Y la Patria, cuando la invaden, no pregunta tu ideología. Solo te reclama.

Un cubano digno, viva en Cuba o no, jamás puede poner la mira en el pecho de su propio pueblo. Jamás puede firmar con su silencio –o con su aplauso– una invitación a la muerte de los suyos.

Los cohetes no traen nombre. Pero los cubanos de verdad, los que llevan la Isla en los huesos, en el pecho, sí lo tienen. Y ese nombre debe estar siempre, en cualquier geografía, del lado de la vida, del lado de la Patria. Cuando esa decisión es ley de vida, no hay otra orilla.

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Cosmos dijo:

1

7 de junio de 2026

11:08:28


Se tenía que decir y se dijo. 100 % de acuerdo.

Eusebio dijo:

2

7 de junio de 2026

14:10:37


En el supuesto terrible que ocurriera un desastre de esa magnitud en nuestro país, si vivo para verlo, llevaría a un estúpido de esos a rastras a que viera el resultado de su odio absurdo e insensato. Es como buscar que te saquen un ojo, o los dos, por verte crecer el pelo.

Alfonso gonzalez Peña dijo:

3

7 de junio de 2026

16:24:00


Debe llamar a la reflexión de Todos los cubanos de buena voluntad, estén donde estén

María Villarreal dijo:

4

7 de junio de 2026

18:35:10


Además, acaso no podríamos incluirle a esos traidores, que al tener otras aspiraciones, inculcado por los medios en manos de los poderosos, los han transformado con conocimiento de causa, en unos seres humanos envidiosos y sin escrúpulos, desarrollando en ellos la ambición desmedida, la codicia y el odio al socialismo, convirtiéndose en enemigos acerrimos del gobierno y de los pueblos, lo real es que son unos insignifantes minorias, que también serán derrotados. sino al tiempo.

lorenzoa dijo:

5

8 de junio de 2026

21:33:40


COMO PATRIOTA Y REVOLUCIONARIO CUBANO PIDO HAGAN VIRAL EN LAS REDES ESE ARTICULO. EN TODAS. DE LO QUE ESTOY CONVENCIDO ES QUE ESOS QUE QUIEREN BOMBAS NO CONOCEN A CUBA Y SU PUEBLO. ALGUNOS DICEN SER CUBANOS Y NO NACIERON AQUI.