ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Raúl junto la cama de Elbis, en el hospital Militar de Santiago de Cuba. Foto: Cortesía del entrevistado

Guantánamo. —Isis entonces vivía en la comunidad 21 de Abril, Mangos de Baraguá. Hasta allí habían llegado los primeros rayos del sol, cuando escuchó la solicitud: «¿podemos traer hoy una visita a su casa?», preguntó el de la División 50.

-Claro que sí, como siempre -respondió la mujer-. Al hogar de ella y su esposo Antonio Alemán Cabrera, Teniente Coronel (hoy retirado) de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), solían llegar con frecuencia visitantes de la institución militar.  

Fiel a su costumbre en ese tipo de ocasiones, se dispuso a ordenar, a lavar y secar las copas, a dejarlo todo a punto de mate hasta en los detalles más mínimos. Y aunque el tiempo la desafiaba, «lo conseguí», dice.

Sobre las 9:30 de la mañana, el timbre trajo el aviso. Isis Aldana O´conor abrió la puerta y… «buenos días», los recién llegados dijeron casi al unísono. Ella respondió, sin ocultar la sorpresa.

«Imagínese usted, ¡Raúl y Vilma en persona, en mí casa! Yo, incrédula, mirándolos, con mil ideas que pasaban por mi cabeza, sonreí; los invité a pasar y a que se sentaran».

Recuerda la mirada de Raúl recorriendo la sala del apartamento hasta detenerse en un pequeño detalle. «Yo hacía unas malanguitas de Nylon, las hojas se las pintaba de verde y les rociaba unos punticos blancos, de lo más graciosas, parecían naturales».

«Tenía dos de esas plantas colgadas en extremos opuestos de la sala. Raúl, que no les quitaba la vista de encima, empezó a preguntar quién las hacía, cómo, con qué materiales… Él, sonriente, acabó elogiando mi creación».

- Y, ¿de dónde eres? -recuerda que le preguntó el entonces ministro de las FAR.

-De Baltazar, Realengo 18.

Raúl, con familiaridad volvió a sonreír y soltó una broma: «¡Ah, pero si eres guajira del campo!, ¡y de qué campo!». Sonrieron todos.

Isis no sabe en qué instante de aquellos minutos sintió que compartía con gente muy cercana, pero «sin darme cuenta estuve relajada».

«No sé. Pero cuando él preguntó por mis malanguitas artificiales, empecé a darme cuenta de que aquel traje militar y aquellos galones envuelven a un ser humilde. Sus jaranas me completaron esa impresión».

«Hace algunos años, cuando lo vi darle ánimo a la gente que había perdido sus bienes tras un huracán en Guantánamo, recordé la visita de él y de Vilma a mi casa. Y me dije: es un héroe inmenso y un hombre sencillo; un General de pueblo».

Isis muestra como preciado tesoro dos copas que utilizaron Raúl y Vilma en la visita a su casa. Foto: José Llamos Camejo

 

CON LOS OJOS DE UN PADRE

Cuando el canto asesino de sirenas extravió los pasos de otro cubano hacia el suelo que usurpa la Base Naval impuesta por el imperio yanqui en Guantánamo, al rescate del hombre atrapado entre minas fue un joven soldado. Durante la maniobra, le salvó la vida, pero perdió su pierda derecha.

Experiencia terrible para cualquier persona. Y si, como en el caso de Elbis Brook Chibás, la extremidad se pierde a los 22 años, el drama se multiplica, pues amputa planes y sueños.

Dueña del espíritu del muchacho se había hecho la incertidumbre, aunque él se esforzaba por ocultarlo. Trunco su sueño de juventud por la tremenda explosión, no ignoraba que en el quirófano se jugaría la existencia.

«El General de Ejército está en el hospital; vino por ti, y va a estar al tanto de todo». La noticia, llegada a Elvis cuando lo conducían a la mesa de operación, «fue mi primer calmante», confiesa hoy.

El tiempo que la intervención quirúrgica tomó, no lo tiene claro. Tampoco el del posoperatorio inmediato. Pero, que al despertar, sentado en su cama estaba Raúl, eso sí lo recuerda con nitidez. «¿Cómo te sientes?», le preguntó el General de Ejército. «Me dijo que todo iba a salir bien, que -tal y como le había solicitado yo- el accidente no significaría el fin de mi estancia en la FAR. Después me confirmaron que él había estado allí durante la operación».

«Yo no sé explicarlo bien, pero la forma en que el General de Ejército me miraba, los gestos y las preguntas que hacía, me devolvieron el ánimo. Me hacía sentir optimista. Tuve la impresión de que él sentía un gran dolor y que, como yo, intentaba disimularlo».

«Raúl hizo suyo mi problema. Se preocupó como un padre se preocupa por sacar a un hijo y a una familia de un bache. No fue solo aquel día. Vino a mí en otras ocasiones. Siempre estuvo al tanto de mi evolución y se ocupó de que me atendieran».

«Hay que ser muy humano, para, en medio de tantas responsabilidades, estar al tanto del problema de otro, como lo hizo él. Lo mejor es que no soy la excepción. Raúl es así con todo y con todos. Es un hombre de vida limpia y de paz. Por eso el cariño hacia él, y por eso mismo duelen las sucias acusaciones que le hacen.

 «Pero los símbolos no se empañan. Y Raúl es un símbolo nuestro. Yo estoy en trámite de retiro -advierte el hoy Mayor de las FAR-; pero sé cómo defenderlo a costa de mi vida, si es que intentan darle rienda a las amenazas en su contra. Será mejor que no se equivoquen».

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