Cuando se habla de la Revolución Cubana, la imagen del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, suele ocupar el centro del escenario. Pero sería un error imperdonable de nuestra parte no reconocer que, a la sombra de ese Gigante, siempre creció otro titán; el General de Ejército Raúl Castro Ruz. Al cumplirse este 3 de junio su 95 cumpleaños, la isla y el mundo no solo celebra la longevidad de un héroe, sino que reafirma la vigencia de un hombre cuya existencia ha sido, desde los años 50 del siglo XX hasta hoy, un continuum de pensamiento y acción revolucionaria.
Raúl es, ante todo, el patriota valiente y fiel que ha vivido para la Revolución. No existe un instante crucial en la historia reciente de Cuba, donde no haya estado presente. Basta con seguir la ruta, las mismas escuelas que su hermano Fidel, la rebeldía que los llevó a la Universidad, el asalto al Cuartel Moncada, el exilio en México, el desembarco del Granma, el reencuentro milagroso en Cinco Palmas y la guerra en la Sierra Maestra. En cada una de esas gestas, Raúl no fue un simple acompañante; fue un pilar de lealtad. Y esa lealtad alcanzó su expresión más conmovedora cuando apretó contra su pecho la urna con las cenizas del Comandante en Jefe, sellando un compromiso que no ha claudicado ni un segundo, el de continuar la obra.
Sin embargo, reducir a Raúl a su condición de "hermano de" sería empobrecer su legado. Quienes hemos visto su trato directo con el pueblo, su capacidad para escuchar y su extraordinaria sensibilidad humana, sabemos que estamos ante un revolucionario humanista. A diferencia de la retórica grandilocuente de otras épocas, Raúl impuso un estilo sobrio, directo y eficaz. Fue él quien, desde el Ministerio de las FAR, institucionalizó el ejército rebelde; quien, al asumir la presidencia en 2008, comprendió que la batalla no era solo política, sino también económica, impulsando actualizaciones necesarias para el modelo socialista.
El 19 de abril de 2018 fue un parteaguas. Cuando concluyó sus responsabilidades como Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Raúl no se aferró al poder. Por el contrario, ratificó el incuestionable principio de la continuidad, entregando la estafeta a una nueva generación. Aquel día nos recordó que la Revolución es "la obra más hermosa que se ha hecho", y al hacerlo, nos enseñó una lección de institucionalidad poco común en la política mundial.
Hoy, a sus 95 años, Raúl sigue siendo incansable y exigente. No es un anciano jubilado que contempla el pasado; es un guía que sigue pendiente de los proyectos económicos, sociales y políticos del país. En medio del recrudecimiento del bloqueo y las complejidades actuales, su voz resuena con aquella frase que nos infundió ánimo en los momentos más sombríos: "Sí se puede, si se pudo y siempre se podrá". Esa convicción profunda es el combustible que nos mantiene con el pie en el estribo y combatiendo.
Defender con pasión la historia de Cuba, es su deporte favorito, y en esa cancha, a Raúl no hay quien le gane. Porque su ejemplo permanente ya no le pertenece solo a él, es parte esencial de la historia de dignidad, resistencia y coraje de la Mayor de las Antillas. Que cumpla 95 no es una nota de nostalgia, sino una celebración de la vigencia. Mientras haya un cubano dispuesto a luchar, el espíritu de Raúl Castro Ruz seguirá guiando el camino.
Honor y gloria al General de Ejército. Que su lealtad nos siga trayendo hasta el futuro.
*Coordinador del Movimiento de Solidaridad Venezuela-Cuba













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