ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Para Pelusa, que tiene ahora 13 años, Raúl es «un hombre muy fuerte, muy revolucionario, que quiere a Cuba y que la defiende». Foto: Estudios Revolución

Son más de las nueve de la mañana. Jueves. Escuela de enseñanza especial Solidaridad con Panamá.

Teté, quien fuera directora de la institución por muchos años, tiene un álbum entre las manos. Lo abre sobre la mesa del despacho con la lentitud de quien sabe que cada página es un viaje. Las fotos están ordenadas sin un criterio muy claro: algunas tienen los bordes amarillentos; otras son recientes, impresas en papel brillante. Ella las va pasando con los dedos, y mientras las mira, empieza a contar.

Le gusta decir que es privilegiada, con una especie de orgullo que no es vanidad. Cuenta que ha abrazado a un centenar de niñas y de niños, y también a dos hombres que de alguna manera le cambiaron la vida: Fidel y Raúl.

«Imagínate: yo nací y me crié en hamaca, en un lugar llamado Gota Blanca, de Santiago de Cuba. Luego del triunfo, Fidel fue e hizo un reparto para los guajiros.  Pero mi mamá nunca quiso tumbar su casa de guano y quitar su piso de tierra».

Teté terminó el sexto grado y no demoró en incorporarse a la Campaña de Alfabetización en recónditos parajes de la Sierra. Su recorrido fue tan extenso que terminó dirigiendo la escuela que «hizo Fidel, para niños –como dijo él– con la discapacidad más visible».

Mientras hojea el álbum, las primeras fotos muestran al Comandante en Jefe en la institución, el día de la inauguración. Luego a Raúl…, hay muchas de Raúl.

Dejemos que ella nos revele las fotos de su memoria.

 

Foto: Ismael Batista Ramírez

FOTO UNO: LA LLEGADA

Era 2018. Había silencio. Un auto oficial se detuvo frente a la entrada de la escuela Solidaridad con Panamá. El hombre de traje verde olivo bajó y se paró en el vestíbulo. Teté contuvo el aliento. El hombre recorrió con la mirada cada detalle y entonces, sin preámbulos, dijo:

–Me llama la atención que no hay un cristal roto.

–General, ¿por qué usted dice eso si apenas ha visto el vestíbulo?

–Porque cada vez que paso por una escuela y veo un cristal roto, le ponen un pedazo de madera o un pedazo de cartón. Y aquí no hay nada de eso.

Esa fue la primera lección que Teté –o Esther María de La O Ochoa– recibió del General de Ejército Raúl Castro Ruz. Él no había llegado a inaugurar nada, ni con un discurso preparado ni con promesas de campaña. Había llegado mirando lo que otros no miran.

Dice que ese día hubo una fiesta. Se celebraba el aniversario 29 de la escuela. «Y Raúl encontró a niñas y a niños bailando, alegres. Y pensó que este lugar era el más bonito que había hecho su hermano».

 

FOTO DOS: LA PELUSA

Muchos infantes. Trajes blancos, trajes de colores. Rosas. Se trasluce felicidad. Raúl sostiene a una niña. A la niña todos la conocen como Pelusa; le faltan las manos, pero eso poco importa. Llegó a «Panamá» desde la provincia de Las Tunas un día cualquiera y se quedó.

En la foto, narra Teté, Pelusa vestía un traje azul. Cuando el General de Ejército se acercó, ella empezó a reír, «la gente que acompañaba a Raúl también comenzó a reír». Y él la cargó y le dio un beso de padre y de abuelo en la frente.

Para Pelusa, quien tiene ahora 13 años, Raúl es «un hombre muy fuerte, muy revolucionario, que quiere a Cuba y que la defiende. También lo veo como si fuera el segundo padre de la Patria.

«La impresión que tengo de él es que me transmite paz. Y para su cumpleaños quiero que lo celebremos juntos, porque también cumplo en junio; pero si no, le mando muchas felicidades».

Hay otra foto. En esta se encuentran nuevamente Raúl y Pelusa, junto al Primer Secretario del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez. Los tres sonríen. ¿Qué se habrán contado?

Esa vez, relata Teté, fue la celebración de unos 15. «El General le dice a Díaz-Canel: “Coge, que Pelusa pesa mucho y ya no puedo con ella”. Entonces la niña empieza a resbalarse en los brazos del Presidente.

–Es que él todavía no tiene nietos, y como no tiene, no sabe cargar a un muchacho –expresó, jocosamente, Raúl–.

«Y es que ese es Raúl. Un hombre que tiene tanta sensibilidad humana, tanto amor, tanta gracia, que es protector…, incluso con noventa y pico de años; que dijo que cumpliría el sueño de su hermano Fidel, el de crear dos escuelas más como estas, y así fue: ahora hay en Santiago de Cuba y en Villa Clara».

 

FOTO TRES: MIRAR MÁS ALLÁ

Un día, en medio de otra visita, «porque siempre cumple las promesas y acepta nuestras invitaciones», el líder y símbolo de la Revolución, tras preguntar el salario del personal de esta escuela, llamó a la Ministra de Educación de aquel entonces y le dijo que «nos dieran más estímulos, porque cobrábamos lo mismo que en una escuela de enseñanza regular, con horarios determinados. Y aquí pasábamos la mañana, la tarde y la noche; incluso algunos estudiantes no se iban en julio, se quedaban con nosotros».

Podría uno pensar que él hizo mucho por el bienestar de la institución, y quien lo diga no estará errado, como tampoco lo estará si mira hacia el pasado y ve –como si el país fuera un grano de maíz– todo lo que hizo. Las cosas que se han logrado.

Dice Teté que, en esa ocasión, también indagó sobre cómo vivían los trabajadores de «Panamá».

 

FOTO CUATRO: LA CADENA

«La naturaleza me hizo así. No tengo brazos y le escribo esta invitación con mis pies, porque he tenido el privilegio de haber nacido en Cuba».

Así reza la carta de invitación a la celebración de los 15 años que Yailín, una niña que comenzó en Solidaridad con Panamá con cuatro años, le hizo al General de Ejército.

Cuenta Teté que «cuando Raúl vino, le regaló un reloj a cada niña y a cada niño, y alguien preguntó:

–¿Y el reloj de Yailín?

–Dígale a él que yo me lo pongo en los pies –contestó la niña.

–No –Raúl se negó–. Yo le traje otra cosa».

Y le regaló una cadena con su nombre grabado.

«¿Usted cree que eso es común, que cualquier persona, con tantas tareas que tiene, se fija en eso? Ese es Raúl».

En el aniversario 35 de la escuela, cuando Teté ya pensaba en la jubilación, Raúl volvió. Alguien había preparado un poema. Empezó a leerlo Tin Cremata, pero, cuenta la exdirectora que Tin se echó a llorar y no pudo continuar.

Entonces Raúl tomó la palabra. «Con esa voz que tiene, leyó hasta el final, y recuerdo que los últimos versos decían que el mundo se hallaba de pie para multiplicar las Tetés».

 

ÚLTIMA FOTO: EL LÍDER

El álbum queda cerrado y se distingue que la grandeza de un líder no se mide por el poder de cuántos lo obedecen, sino por a quién decide proteger. Solo aquel que entiende que la Revolución no se hizo para las masas abstractas, sino para niñas como Pelusa, Yailín…; mujeres como Teté, para cada niño que necesita que alguien lo mire más allá.

Teté cuenta que trata, en el tiempo que le queda por vivir, de pagar con creces lo que la Revolución hizo. «Por eso sigo aquí, como Raúl, con el pie en el estribo».

 

***

–Guajira, ¿no van a presentar una Colmenita con Pelusa?

–General, usted lo que quiere es ver a Pelusa haciendo de la Cucarachita Martina otra vez.

Raúl se rió. Y se despidió de todos.

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