ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Raúl Castro en el entierro de Luis Ramírez López, soldado guardafrontera asesinado en la Base Naval de Guantanamo. Foto: Archivo de Granma

Caimanera, Guantánamo. —Aquella del 21 de mayo de 1966 no fue una noche cualquiera en la cerca perimetral de la Base Naval que impone la soberbia yanki en una porción de esta bahía cubana. Cuando un disparo cobarde rompió el silencio, la dignidad se hizo escudo en la Cuba de Patria o Muerte.

La bala que impactó un pecho de 22 años, atravesó la historia y el orgullo de la nación. Cuando el aliento se le escapaba, Luis Ramírez López, con la rabia justa de quien sabe que una fuerza bruta lo ha traicionado, dejó escuchar su epitafio: «Marines, hijos de puta, me han matado».

Hoy, mientras el gobierno estadounidense renueva sus amenazas de agresión militar contra Cuba, y vierte sobre este pueblo su artillería retórica y sus bloqueos asfixiantes, a la par que apunta su cobardía contra el líder al frente de la Revolución, la estatura de Ramírez López se levanta infranqueable.

Frente a los que cuecen y animan la hostilidad imperial con antifaz de sanciones, presiones, exigencias indignas, amagos y anuncios apocalípticos, la memoria de aquel muchacho que no dudó en plantarle cara a la usurpación no es recuerdo pasivo, es memoria que actúa, advertencia de un pueblo entero en alerta.

El mismo odio diseñador de la estrategia desestabilizadora que el 21 de mayo de 1966 nos privó de la presencia de Luís, y dejó truncas sus fantasías de joven y sus sueños de patria, el mismo asesino que ha enlutado a casi 4000 familias cubanas, nos embiste ahora con renovada crueldad, e intenta sembrar el caos.  

Y es por Cuba toda que, desde el lado de acá, frente a la cerca perimetral de la base yanqui en Guantánamo, Luís Ramírez se yergue en su indómito espectro, de cara a los que amenazan. Bien hicieran en comprenderlo los que del otro lado usurpan soberanía y aprietan el dogal del bloqueo. El valor que no se doblegó aquella noche frente al disparo traidor, jamás se doblegará.  

Contra el neoanexionismo y la amenaza militar que como un buitre ronda la Isla, se levanta la juventud en modo Ramírez López, leal a Fidel y a Raúl. En cada joven que desde su deber resiste el asedio, palpita la sangre de aquel soldado que cayó con una irreverencia antimperialista en los labios. La bala que una noche quiso darle muerte a la dignidad, la hizo eterna.

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