ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Tomada de Radio 26

El Vínculo, Niceto Pérez, Guantánamo.—De un lado, apenas 10,3 hectáreas (ha) de tierra realenga, sustento –austero pero legítimo– de una familia que en esta sabana llevaba dos décadas, rodeada por compañías y terratenientes insaciables en su avaricia.

Del otro, poderes trasnacionales, aquí representados por corporaciones como la Maca S.A., la Ermita S.A., y la Guantánamo Sugar Company. Todo cuando apenas un 9 % propietario concentraba en sus manos el 73 % de las áreas cubanas destinadas a fincas, y no les bastaba.

Entonces la cofradía trasnacional-latifundio era tiburón hambriento en aquel océano de injusticias de los años 40 del siglo anterior, en una isla donde las élites, mediante un Código Civil excluyente, le habían dado viso «legal» al despojo, y miles de familias en las ciudades y campos habían sido echadas a la intemperie.

Tal peligro se cernía sobre Niceto Pérez, su joven esposa y sus cinco hijos menores de edad, en la sabana del Vínculo. Su finca era su pequeño pedazo de patria de la que pretendían despojarlo, y él se opuso resuelto, y juró que solo muerto podrían sacarlo de allí.

¿POR QUÉ NICETO?

Ya la geofagia latifundista había identificado en Niceto un «estorbo» para su expansionista estrategia de desalojos. El labriego había formado fila con 128 familias campesinas del Vínculo que, unidas, frenaron a la Maca S.A., cuando por la fuerza intentó arrebatarles sus tierras.

Por su verticalidad y valor, Niceto despuntaba ya como un paradigma entre los de su clase; había nacido en él un líder autóctono, y ese atributo desobediente, ya en aquella etapa era temido por la injusticia, y visto como un peligro. Había que descalificar al ejemplo, intimidarlo, hacerlo claudicar o matarlo.

De haber existido internet y redes sociales en esa época, lo más probable es que a Niceto, en un intento de demonizarlo, de ocultar su estirpe de líder, los que ambicionaban las tierras campesinas del Vínculo le hubieran endilgado epítetos como «incapaz», y quien sabe si hasta de «dictador» lo habrían acusado.

La avalancha de calumnias tal vez hasta habría conseguido la confusión de alguno, y la reverencia entreguista de otros, a cambio de promesa y ciertas migajas. Pero tampoco habrían logrado confundir a la mayoría; eso de ser soberana lo lleva Cuba en las venas, y lo defiende hasta por intuición.

El autor de las presuntas mentiras habría sido entonces Lino Mancebo, abyecto personaje del latifundio, compadre de Fulgencio Batista, y apodado el Tiburón, o el Virrey de la Maya, motes que, junto a la prepotencia y la manía narcisista de los que se creen dioses lo emparentan al magnate más despreciable de nuestro mundo de hoy.

EL RECURSO DEL MÉTODO

Dicen que Mancebo, para apropiarse de las tierras de Niceto y de sus iguales, se reunió con el campesino; quiso confundirlo y con ofrecimientos intentó desvirtuar su lealtad. Pero no pudo; aquel hombre era incorruptible.

Entonces el terrateniente optó por la hostilidad y las amenazas; una vez, a traición, destruyó lo que había sembrado el labriego; después envió una nota: «Díganle que lo vamos a picotear, como a sus viandas». Se estima que en esa etapa de Cuba (1946), el desalojo amenazaba las tierras de más de 40 000 familias campesinas.

«Tendrán que matarme», respondió al ultimátum Niceto. Hasta la mañana del 17 de mayo de 1946, cuando, mientras labraba su tierra en presencia de dos de sus hijos, uno de ellos de apenas siete años, llegaron en silencio los enviados del latifundio, y por la espalda le dispararon.

El asesinato desató protestas –algunas violentas– de organizaciones campesinas y estudiantiles del Alto Oriente; «si esto pasa en el Realengo 18, los asesinos ya hubieran sido ajusticiados», dicen que dijo Lino de las Mercedes Álvarez, paradigma de la rebeldía del campesinado cubano.

Mas, todo apuntaba a la impunidad como aliada del crimen. Eso creían el perpetrador y sus cómplices. Pero, nueve meses después, el 26 de febrero de 1947, frente a la Lonja del Comercio, en la Habana Vieja, cinco disparos de la justicia ultimaron al asesino.

RESURRECCIÓN

Y el 17 de mayo de 1959, en la Sierra Maestra, Fidel firmó la primera Ley de Reforma Agraria, fulminante disparo del poder revolucionario contra el latifundio.

Aquella de Niceto también fue una pelea de soberanía; de la razón contra la ambición. Él, como Cuba hoy, también se negó a la capitulación y la entrega, frente a otro que pretendió arrebatarle lo suyo.

Cuando, como Niceto, se es árbol de savia y raíz, matar al hombre no mata al ejemplo, ese ejemplo que con miles de manos fertiliza los surcos y susurra historias de lucha.

Niceto fue asesinado por resistir e impregnar en otros la resistencia; ahora su país es amenazado, por independiente y porque inspira en la lucha por la justicia. Hombre y nación animan a quienes se niegan a doblegarse. Se entrelaza la batalla en el mismo país que defiende su soberanía frente quienes pretenden arrebatársela. 

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