ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
En la sala de control se evalúan las acciones, un paso en falso ahí pudo significar el atraso del mantenimiento. Foto: Pedro Pablo Chaviano

Para trabajar en una termoeléctrica en Cuba hay que ser duro, por muchas razones. Así lo comprobamos en el más reciente mantenimiento de la central termoeléctrica Antonio Guiteras, de Matanzas, en las 90 horas que duró la reparación de varios componentes del recalentador de alta temperatura.

Allá arriba, a 150 metros de altura, no trabaja cualquiera. Hay que ser duro de verdad. Los hombres y mujeres del equipo de mantenimiento hicieron turnos de hasta 14 horas seguidas, para soldar los serpentines averiados dentro de la caldera, a una temperatura que alcanza los 60 grados.

El técnico Eyorkis Dallet fuma cigarros fuertes y echa las cenizas en una lata de refresco picada, antes de comentarme sobre su trabajo: «Llevo 20 años dando mantenimientos a termoeléctricas por todo el país, se dice fácil, pero es media vida en estos andares, por lo menos las vistas son inmejorables», señala para la bahía matancera, es un hombre de pocas palabras. Minutos después regresó junto a su equipo, dentro de la caldera, a soldar tuberías de acero a toda marcha, con el tiempo en contra.

Lo de ser duro no hace distinciones de género, si no pregúntenselo a Adaelsis Garcés Torreblanca, la jefa del grupo de Seguridad y salud en el trabajo: «Si alguien se parte una uña aquí arriba es mi responsabilidad, por eso tengo que ponerme fuerte con todo el mundo. Esta brigada tiene mucha experiencia, por eso, con más razón, tengo que estar arriba de ellos todo el tiempo, porque se confían y en la confianza está el peligro, yo no me muevo de aquí arriba hasta que salga el último».

Ahí, al pie del cañón –de la caldera en este caso– se desayuna, se merienda, se toma café, se almuerza y se come. Los grupos de trabajadores se relevan al terminar el día, conscientes de que las tareas que no lograron terminar unos, caen en los hombros de sus compañeros, y viceversa.

Recostado a una de las vigas metálicas, con una libreta en el brazo tomando apuntes, estaba Norberto Padrón Ramos. El más veterano del equipo, ahora realiza las funciones de supervisor, pero tras esas canas hay 38 años soldando. El cienfueguero ha trabajado en todas las centrales termoeléctricas del país y participó en el mantenimiento capital de la Guiteras, en el año 2004, como parte de una selección nacional de técnicos, a la que los trabajadores llaman jocosamente el «equipo Cuba».

«Dentro de la caldera el calor es infernal, uno tiene que tener cuidado con las medidas de protección porque los gases te pueden joder la salud y trabajar la cantidad de horas que requieren este tipo de intervenciones es realmente agotador, es un trabajo que a la larga te pasa factura, pero no me arrepiento de nada», afirma Norberto.

En la sala de control se evalúan las acciones, se diagnostica en tiempo real por medios informáticos, y se orientan las nuevas operaciones. Detrás de una decena de monitores está Jorge Gómez Chávez, director de la ueb de Producción, junto a nueve operadores, de ellos depende el rendimiento óptimo de la planta. «Un paso en falso podría retrasar el mantenimiento, o algo peor». Ahí dentro también hay que ser duro.

El principal responsable de la central es Román Pérez Castañeda. Él tiene la costumbre de deambular por las áreas de la instalación, conversar con sus trabajadores, verificar que no falten el agua y el café allá arriba, a 150 metros del suelo, en «la caliente». Sobre el motivo de la avería explicó: «El daño en el recalentador produjo un elevado consumo de agua y, a su vez, imposibilitaba estabilizar la carga. Por norma evitamos parar a menos que sea necesario, para no afectar la generación eléctrica, pero este tipo de mantenimientos son necesarios».

Castañeda nos repite cada vez que tiene una oportunidad que la Guiteras necesita un mantenimiento capital de por lo menos 180 días, que el último que recibió fue en 2010, pero que la situación del país todavía no lo permite. «Por eso aprovechamos estos momentos para adelantar algunas de las 520 intervenciones de reparación que tenemos planificadas, al menos las que se puedan resolver en el menor tiempo posible».

Le preocupa que las nuevas medidas de presión tomadas por el gobierno de Estados Unidos dificulten la compra de piezas de repuesto y la contratación de asesoramiento técnico y profesional de personal extranjero: «Esto es un golpe directo al sector energético nacional, nos obligan a colarnos por el hueco de una aguja para poder resolver, y eso no es lo ideal», asegura Castañeda.

Tras las 90 horas de parón, la Guiteras volvió a arrancar en frío en horas de la madrugada del 9 de mayo. Luego tuvieron que corregirse otros pormenores. Hasta que, tras ocho horas de carga, logró alcanzar entre 200 y 210 megawatts de generación, de los 270 que podría aportar en óptimas condiciones.

Con la vuelta del ruido y las vibraciones metálicas, el equipo de mantenimiento pudo finalmente descansar. Fueron días de trabajo duro, como los hombres y mujeres que salieron por la garita aquella mañana.

Foto: Pedro Pablo Chaviano
Foto: Pedro Pablo Chaviano
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