¿Quién sería el principal responsable de una invasión militar a Cuba y de la muerte de miles de personas, incluidas mujeres, niños, adolescentes, jóvenes, ancianos, civiles, de madres, hermanos, hijos y abuelos, de seres queridos separados por 90 millas y 67 años de guerra neocolonial por apoderarse de la isla?
¿Cuántos deben morir para satisfacer las apetencias vengativas y de reconquista de la mafia anexionista de Miami, sus históricos patrocinadores en su ciudad natal?
¿Quién está promoviendo la agresión armada, inventando falsos pretextos para acusar a Cuba de amenazar a EE.UU. con bases militares y centros de inteligencia, grupos violentos y hostiles a Washington, a pesar de que domina plenamente el calibre de la mentira?
¿Quiénes integran el grupo secreto, que bajo sus órdenes, hace el trabajo sucio desde oficinas del Departamento de Estado, sus cómplices para engatusar al Presidente, al Pentágono y a las diferentes agencias, a la opinión pública estadounidense y del mundo, con la amplia información que fluye al Consejo de Seguridad Nacional y las falacias que fabrican para engañar y justificar su hostilidad?
¿Quién ha hecho carrera política del negocio de la guerra contra Cuba, primero en la Florida, luego en el Congreso y ahora en la Casa Blanca? ¿De cuántos muertos será responsable solo por concepto de bloqueo y medidas coercitivas? ¿Cuántos niños han fallecido por el medicamento que impidió que entrara al país, cuántos pacientes morirán o sufrirán por culpa del bloqueo petrolero y las nuevas medidas que le propuso a Trump?
¿Cuánto es responsable de las dificultades y trastornos cotidianos que afecta la vida de la familia cubana, sus carencias y privaciones provocadas desde Washington, donde insiste en crear el mayor malestar posible, inducir el colapso económico que lleve a un estallido social y culpar al gobierno para desprestigiarlo, atacarlo sin piedad y justificar una acción bélica?
¿Cuánto le importa realmente la vida de los cubanos? ¿Por qué en lugar de ayudas humanitarias tardías, selectivas y políticamente manipuladas, no ayudan a los cubanos todos, levantando el bloqueo y negociando seriamente la normalización de las relaciones bilaterales? ¿A qué le teme? ¿A la verdad o a la ultraderecha que lo patrocina?
¿Cuál es su cuota de responsabilidad en el asesinato de los 32 cubanos en el artero ataque a Venezuela y de los que resultaron gravemente heridos? ¿Se hará justicia alguna vez?
¿Quién destina millones para promover el odio, las divisiones, la desinformación, el hambre, el aislamiento, el sufrimiento, la subversión y la muerte dentro y fuera de Cuba?
¿Por qué le temen a la realidad de que con el gobierno de Obama sí fue posible el diálogo, el entendimiento, los negocios, la convivencia pacífica y una mayor comunicación entre los pueblos de ambos países?
Las estadísticas del genocidio silencioso del bloqueo y la guerra económica contra Cuba, no recogerán nunca todo el daño humano ocasionado por un castigo colectivo que amenaza ahora en convertirse en un baño de sangre masivo.
¿Quiénes son los autores intelectuales y materiales del crimen? Algunos de ellos -en medio de las deportaciones masivas de migrantes- aparecieron en pancartas por las principales avenidas de Miami como traidores a la comunidad, otros no son tan públicos, pero no menos letales en sus planes y discursos.
En primera plana aparecen los congresistas de origen cubano (Mario Díaz-Balart, Carlos Giménez y María Elvira Salazar) aliados a otros neofascistas del Partido Republicano, todos dirigidos por Marco Rubio, en componenda con el tristemente célebre corrupto Mauricio Claver Carone, y otros funcionarios y asesores del Departamento de Estado, subordinados o asesores principales del Secretario de Estado, con conexiones a los multimillonarios miamenses.
Ellos son los principales promotores de la guerra, los que mienten e inventan para justificar y desatar un conflicto bélico de incalculables consecuencias.













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