«El bloqueo nos afecta a todos, pero más a nosotros, que atendemos equipos médicos vitales para mantener un hospital funcionando». Quien así habla es Ángel Rodríguez Bermúdez, jefe del Departamento de Equipos Médicos en el Centro Provincial de Electromedicina de Camagüey. No lo dice desde un escritorio, sino desde la trinchera diaria de la Electromedicina, en la que sus manos y las de su colectivo convierten la escasez en ingenio.
Aquel que crea que el recrudecimiento del bloqueo norteamericano es un concepto abstracto, debería acompañar a estos hombres y mujeres en su jornada. Allí entendería que la política hostil del Gobierno de Estados Unidos no es solo un papel firmado en Washington, sino piezas de repuesto que no llegan, tecnologías que se vuelven obsoletas sin sostenibilidad técnica, y la angustia de ver equipos paralizados por una política que pretende asfixiar a este pueblo.
«Sin embargo –prosigue Rodríguez Bermúdez–, nosotros seguimos sacando equipos». Y no es retórica. En el Hospital materno, ya dejaron lista la central de esterilización, un trabajo bien hecho que puede durar muchos años. En el hospital Manuel Ascunce, de cuatro equipos grandes, tres ya funcionan». En el Pediátrico, la situación era crítica, «prácticamente se quedaron sin ningún equipo de esterilización»; hoy ya tienen tres en funcionamiento y preparan otro.
«Muchas veces, más con ingenio y voluntad que con la pieza indicada», sentencia Ángel. Porque esos equipos ya no tienen sostenibilidad técnica. Y entonces la respuesta es la innovación, la iniciativa, la creación. Así, con esas armas, van saliendo bastante bien.
Pero el cerco criminal no solo golpea la alta tecnología. En el laboratorio de Ortopedia Técnica, también se alza la denuncia: el bloqueo impide la elaboración de calzado ortopédico para niños y ancianos, un recurso modesto, pero imprescindible para la calidad de vida de decenas de familias camagüeyanas.
Pese a todo, ni un paso atrás. Por eso, estos trabajadores se han sumado a la Firma por la Patria. No es un gesto formal. Es el acto consciente de quien sabe que su rúbrica vale tanto como la reparación de una autoclave imprescindible para un hospital o un par de zapatos ortopédicos para un niño.
«Me sumo, me uno a ellos –afirma tajante Rodríguez Bermúdez–. Que sea una firma masiva y se conozca la actitud del pueblo cubano».
Y mientras la pluma recorre el papel, sus manos no paran. En este año tienen preparados muchos equipos por salir.
En el laboratorio de Ortopedia Técnica, Frank Rodríguez firma con la misma convicción. Sabe que cada rúbrica es un aldabonazo contra las carencias. «Muy golpeado –describe su centro de trabajo–. La escasez de materia prima nos afecta muchísimo. Los materiales solo se pueden comprar en el exterior: Alemania, China…, y ahí, a 90 millas, Estados Unidos tiene todo eso. El bloqueo nos limita hasta en qué país comprar».
Frank no habla de teorías. Habla del niño que espera su calzado ortopédico, del amputado que necesita una prótesis para volver a caminar, del paciente con dolores de columna que busca rehabilitación. «Nosotros damos buena calidad de vida –afirma–. Las carencias materiales afectan la vida del paciente, y nos afectan a nosotros como trabajadores también».
Por eso firman. Por la Patria. Por la paz. Porque –dice Frank– «somos un país valiente, pero estamos decididos a defender la Patria, sobre todo con la paz».
Así es la resistencia cotidiana. Con un pedazo de metal reciclado, con una soldadura precisa, con la certeza de que ningún bloqueo podrá con la voluntad de un pueblo que, como estos electromédicos camagüeyanos, firma cada día su compromiso por la vida, por la Patria.













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