La necesidad agudiza el ingenio, y en el Taller de Ortopedia del Hospital Frank País, de La Habana, bien lo saben.
Frente al significativo déficit de tornillos corticales que afecta la cirugía ortopédica cubana, un equipo liderado por Ariel Ortega Estrada, jefe del Centro de Producción y Artificios Ortopédicos, ha puesto en marcha una solución práctica y soberana: transformar tornillos esponjosos que permanecían ociosos en almacenes –con un material biocompatible para el cuerpo humano, pues originalmente se fabricaron para otro uso– en tornillos corticales listos para fijar placas óseas en fracturas de cadera y otras intervenciones.
El proceso no ha sido menor. La máquina roscadora llevaba 16 años sin funcionar. «El cerebro del equipo estaba dañado», recuerda con honestidad el Jefe del taller, y para recuperarla, establecieron un convenio con la Empresa Militar Industrial Emilio Bárcenas.
Los especialistas militares se llevaron el componente dañado, lo reconvirtieron y adaptaron la máquina. Ahora el 50 % del proceso se realiza manualmente.
Además, ante las fluctuaciones del voltaje en el país, incorporaron una protección para salvaguardar el funcionamiento.
«Hoy el equipo está en marcha. Pueden salir algunas cositas todavía, porque llevaba 16 años parado, pero echarlo a andar y que cumpla un objetivo tan importante para la ortopedia cubana es un logro de esta institución y un aporte al sistema de Salud Pública», afirma Ortega, con la emoción contenida de quien ve renacer una herramienta clave.
El proyecto no solo ofrece una respuesta inmediata a las limitaciones de insumos que impone el bloqueo del Gobierno de ee. uu. a Cuba, sino que devuelve esperanza a los pacientes, al revalorizar recursos acumulados y rescatar tecnología en desuso, todo en beneficio del Sistema de Salud.
DE LO SIMPLE A LO ESENCIAL

Es un cubano como cualquier otro, pero le ha declarado la guerra a la escasez desde el taller del Hospital
Ortopédico Docente Frank País García.
A sus 73 años, Francisco Andrés Rodríguez tiene las manos marcadas por el oficio. Dice que mientras tenga fuerza para trabajar, estará haciéndolo hasta que pueda: «Soy un mecánico ajustador y en estos momentos estoy aquí creando un conejillo que hace falta y un tornillo de compresión cortical».
Lo dice sin aspavientos, como quien sabe que su trabajo contribuye a salvar vidas.
Por eso, Francisco –un cubano igual a cualquier otro– no habla de piezas, sino de personas, y con la precisión de quien sabe que cada rosca que sale de su torno puede significar la diferencia entre una fractura bien consolidada o una amputación, explica que «la diferencia entre el que estamos haciendo y el original es casi nula. Es una solución muy práctica».
Cuando llegamos al taller, él y dos compañeros más nos mostraron cómo se crean estos tornillos: primero pican el material «esponjoso» en el torno; luego el metal gira, las virutas vuelan y, entre el ruido y el aceite, el tornillo cambia de forma.
«Después viene lo esencial –dice Francisco, mientras señala la máquina recuperada–: hacemos una nueva rosca». Y una vez roscado, la pieza pasa por un proceso llamado electropulido, un baño electroquímico que limpia y pule la superficie, asegurando que sea seguro para el interior del hueso humano.
Ariel Ortega, al verlo trabajar, resume el orgullo del taller y expresa que «gracias a esta inventiva entregamos diez tornillos a los cirujanos para que comenzaran a probarlos.
«Si funciona, el taller podrá producir cualquier cantidad, porque en los almacenes del país hay varios que podemos transformar». El objetivo –subraya– es claro: autoabastecer a la ortopedia cubana.

UN CENTRO CREADO PARA CERRAR CICLOS
El Taller de Ortopedia del Hospital Frank País fue creado en diciembre de 1987 por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Su director fundador fue el compañero Enrique Otero Enamorado, mientras que el profesor Rodrigo Álvarez Cambras dirigía entonces la institución completa.
«La misión fundamental de este centro –explica Ortega Estrada– es la ortopedia técnica y la ortopedia quirúrgica. La ortopedia técnica, para que entiendan, es faja, cabestrillo, férulas, todos esos artificios. Y la parte quirúrgica son los tornillos, las láminas, los kits que se utilizan para las operaciones, los implantes».
A pesar del déficit importante de recursos materiales, la atención a los pacientes no se detiene. «Siempre se buscan alternativas, siempre se trata de ayudar a la gente, porque al final lo más importante que tenemos aquí es el recurso humano, y ellos buscan alternativas y soluciones para resolver los problemas de los pacientes».
Y subraya una idea que lo atraviesa todo: este es un centro que cierra ciclos. Al hospital llegan pacientes a atenderse desde el punto de vista quirúrgico, se operan, y luego vuelven. Tienen seguimiento por consulta externa, y casi siempre regresan al taller porque forma parte de su rehabilitación para la incorporación a la sociedad.
Ahí, entre tornillos y férulas, empieza la segunda oportunidad.













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