Tuinucú, SANCTI SPÍRITUS.–Aunque haber resultado Vanguardia Nacional no constituye noticia, novedad o sorpresa, la Empresa Agroindustrial Azucarera Melanio Hernández y su unidad empresarial de base Derivados merecen, al menos, una breve, pero justa referencia.
No todo el mundo puede alcanzar tal condición en medio de circunstancias materiales y financieras tan complejas.
Otros 22 colectivos espirituanos también reciben por estos días la bandera correspondiente, como confirmación, además, de que los malos tiempos no matan la emulación… si su gente no permite que suceda. Pero el Melanio tiene su sello distintivo.
No solo fue el central cubano que durante la pasada zafra sacó la cara por el país (único que cumplió su plan de producción de azúcar y le aportó a la economía nacional 1 784 toneladas por encima) sino que, además, redujo el tiempo perdido, sobrecumplió la generación, se autoabasteció ampliamente y le entregó al sistema eléctrico nacional 4 880 megawatts hora, entre otros indicadores y resultados que ojalá tuvieran otros ingenios cubanos para que la nación anduviese un poquito mejor.
Con esos «truenos» tan cerca, la destilería no podía elevar brazos al cielo para implorar tranquilamente más recursos o tiempos mejores; de manera que, con lo disponible a mano -gracias, en gran medida, al estoicismo con que se plantó el ingenio- remontaron también al 142 % un plan que no se tornaba fácil, ahorraron 3 291 toneladas de miel y más de 700 de fuel oil por concepto de eficiencia, aparte de inscribir ventas por encima también de lo planificado.
Lamentablemente, ambas entidades se vieron obligadas a detener sus procesos productivos a inicios de marzo, como consecuencia de la situación extremadamente compleja que atraviesa el país en el terreno energético, entre otras razones por el recrudecimiento de todas las formas de bloqueo por parte del Gobierno de Estados Unidos, incluido el cerco en materia de energía.
Dicho sea de paso, tanto el central como la destilería habían despegado y avanzaban con buen paso, a pesar de todos los pesares que delinea el puntero de las limitaciones y escaseces materiales.
Por ello, desde temprano en la mañana, la explanada interior de la destilería se llena de trabajadores que vienen a ser testigos de la entrega de sendas banderas ganadas en buena lid durante el año 2025.
Sin que se le invitara, la lluvia hace acto de presencia, quien sabe si probando fuerza. Nadie se va; entre otras razones por la centenaria vergüenza azucarera, el sentido de pertenencia y el respeto a millones de hombres mujeres, niños, jóvenes y ancianos que añoran y necesitan la recuperación del sector.
El momento, repito, no constituye noticia. Lectores, radioyentes, televidentes y cibernautas están habituados a «chocar» con el Melanio varias veces en el año. Y ahora vale la pena, otra vez, como colofón o zumo final de todo lo dicho... y hecho.













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