Bayamo, Granma.– En la ciudad que lo vio nacer, y en el propio Día Internacional de los Sitios Históricos y Monumentos, el pueblo de Bayamo rindió homenaje este sábado al Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, en el aniversario 207 de su nacimiento.
La jornada incluyó la tradicional ceremonia de las banderas, la colocación de ofrendas florales ante el monumento erigido en la Plaza de la Revolución, iluminación a su figura y la develación de la obra La luz de la emancipación, del retratista granmense Amaury De Jesús Palacio Puebla, en un acto donde confluyeron la memoria histórica y el compromiso patriótico.
Ante la casa natal del iniciador de las guerras de independencia —actual museo que ostenta la condición de Monumento Nacional—, autoridades políticas, culturales y una representación de bayameses, evocaron el legado del prócer, en un contexto que también celebró el aniversario 90 de la declaración de Bayamo como Ciudad Monumento.
La licenciada Teófila Acea Antúnez, presidenta de la Sociedad Cultural José Martí, convocó a recordar a Céspedes como «brújula imprescindible de todos los tiempos».
«Si hay algo sagrado en cuanto alumbra el sol son los intereses patrios», afirmó, para luego subrayar que los principios éticos, el patriotismo y el humanismo del Padre de la Patria siguen vigentes ante los desafíos actuales.
Antúnez recitó un fragmento del poema 45 de Versos Sencillos, donde José Martí inmortalizó a los hombres del 68 y sentenció:
«Los cubanos de estos tiempos también estamos dispuestos a dar ese salto para ser justos y mantener la libertad conquistada».
Por su parte, Javier Vega Leyva, director del museo Casa Natal y presidente de la Unión de Historiadores de Cuba en Granma, destacó que «Céspedes ha simbolizado y seguirá simbolizando ese espíritu indomable, esa capacidad de resistencia que es la iluminación de la patria».
«Que sea ese actuar lo que inspire a cada cubano», añadió al vincular la luz del prócer con el ejemplo de los padres fundadores y de Fidel Castro Ruz.
El homenaje, reafirmó que el legado de Céspedes —su ideario independentista y su compromiso con los desposeídos— continúa ardiendo como símbolo de rebeldía y altruismo, en una plaza que cada año renueva el deber sagrado de honrar al iniciador de la nación cubana.













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