ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Periódico Revolución, 6 de octubre de 1960. Bandidos alzados en el Escambray. Operación Generosa. Foto: Periódico Revolución

El 17 de marzo de 1960, el presidente de Estados Unidos, Eisenhower, aprobaba el Programa de Acciones Encubiertas contra Cuba, apenas unos días después de haber estallado en la bahía de La Habana el vapor La Coubre. Así, la CIA tenía luz verde para llevar a cabo otras acciones subversivas en la Isla para desviar la atención de la zona real del desembarco del contingente mercenario que estaba a punto de finalizar su organización y entrenamiento en Guatemala.

El «ultrasecreto» proyecto se urdía contra Cuba: lo nombraron «Operación Generosa». Su objetivo era organizar las acciones encubiertas que debían realizarse antes de la invasión. Con este fin, Allen Dulles, a la sazón director de la CIA, nombró a su amigo de confianza y subdirector en la agencia, Richar M. Bissell, quien estaba a cargo de la Dirección de Planes.

Bissell puso su puesto de mando fuera del edificio de Langley, para evitar que, en los pasillos de la agencia, «ojos y oídos» indiscretos pudieran tener acceso a informaciones del proyecto. En unos viejos cuarteles de la Navy, cerca del Monumento a Lincoln, instaló sus oficinas y llamó a ese lugar Quarter Eyes.

La más sofisticada tecnología de espionaje se encontraba allí. El acceso estaba restringido a unos pocos oficiales asignados a la operación, los que recibieron documentación falsa y salvoconductos numerados. Los documentos emitidos estaban clasificados como: «only for your eyes» o «top secret».

A finales del mes de abril de 1960, al agente de la CIA Howard Hunt llegaba a Cuba enviado por Bisell, para que inspeccionara, in situ, la situación política en el país. Tras tres días en La Habana, le propuso:

  • Primero: el asesinato de Castro, antes, o coincidentemente con la invasión.
  • Segundo: la destrucción de la radio y la tv cubanas (transmisores) antes, o coincidentemente con la invasión.
  • Tercero: la destrucción del sistema de comunicación por microonda, coincidentemente con la invasión.
  • Cuarto: descartar cualquier intento de manifestación popular masiva contra Castro, hasta que la situación no hubiera sido decidida por la vía militar.

Para llevar adelante estas y otras acciones terroristas en suelo cubano, la CIA convenció a los líderes de los cinco principales movimientos contrarrevolucionarios para que formaran un frente único en el exilio –Frente Revolucionario de Cuba–. Serían los encargados de reclutar a los elementos que respondieran a sus intereses dentro de la Isla. El coordinador general en la Isla sería «Francisco», seudónimo del doctor Oscar Salas Marrero.

Bissell buscaba establecer un movimiento clandestino dentro de Cuba por medio de un prolongado y lento periodo de infiltración y de lanzamiento de armas y pertrechos.

Sin embargo, los planes de levantamiento no avanzaban como estaba previsto, y a Quarter Eyes llegaron quejas de los pilotos tras recibir fuego hostil en zonas de lanzamiento que, se suponía, estaban en poder de la contrarrevolución. Los paracaidistas casi siempre eran capturados por las milicias.

Encolerizado, Bissell culpó a la contrarrevolución por su incapacidad y porque podía estar penetrada por la Seguridad cubana. Eso era cierto.

La Dirección de Planes decidió, a principios de noviembre, cambiar la estrategia. Canceló las infiltraciones en pequeñas partidas, y utilizaría, en su lugar, la zona montañosa del Escambray, donde se mantenían grupos de alzados.

La CIA envió a La Habana a Luis C. Herber, su jefe en la zona de Centroamérica, a quien se unió el agente Marcos Behart, con el sobrenombre de «Davis».

«Davis» contactó con José Ramón Sánchez, comandante «Augusto» y con Vladimir Rodríguez Fajardo, «el doctorcito», jefes de la contrarrevolución en todo el país. Herber quería verificar con ellos el plan de alzamiento, las fuerzas disponibles, la necesidad de avituallamiento y quién estaría como jefe de los alzados.

Rápidamente, «Augusto» propuso a un conocido comandante del Ejército Rebelde que había combatido en la zona del Escambray contra la tiranía batistiana. Según él, no tenía ningún puesto de importancia en el Gobierno ni en las Fuerzas Armadas, y estaba inconforme con la Revolución. Ellos lo garantizaban.

En una reunión a principios del mes de diciembre, «Davis» conoció al alto oficial rebelde. Conversó con él, y sus respuestas lo convencieron de que era el hombre indicado para dirigir las acciones en el Escambray. Tenía experiencia y conocía la zona.

«Davis» le pidió, si era posible, que le entregara un mapa con la ubicación de las unidades militares del Ejército. Sin pestañear, el comandante le dijo que sí. Luego, al despedirse, «Davis» le dijo a «Augusto»: «Pon a ese hombre al frente del Escambray». Ese hombre era el agente de la Seguridad cubana comandante Tony Santiago.

La información que solicitaba la CIA no era cosa fácil. Pero los oficiales de la Seguridad confeccionaron el falso mapa con meticulosidad, y se lo entregaron a Tony, quien lo hizo llegar «Davis».

En Quater Eyes, al recibir y analizar las informaciones sobre el nuevo jefe de acción en el Escambray, así como del mapa que había entregado, «mordieron el anzuelo».

MÁS CERCA LA ACCIÓN MERCENARIA

Los primeros mercenarios de la invasora Brigada 2506, entrenada y financiada por la CIA, desembarcaron en Cuba el 11 de febrero de 1961, por un punto en la costa de Pinar del Río. Eran cinco hombres procedentes de campos de entrenamiento en Guatemala, que realizarían acciones militares subversivas en respaldo a la invasión, y promoverían la contrarrevolución interna para desestabilizar al país mediante atentados, propaganda sucia, actos terroristas con las armas y explosivos que habían introducido secretamente.

Por Santa Cruz del Norte se infiltró ilegalmente en una lancha, el 13 de marzo, el traidor Humberto Sorí Marín, quien había sido comandante del Ejército Rebelde y unos meses ministro de la Agricultura, junto al agente de la CIA Rogelio González Corso, coordinador nacional del MRR, y otros terroristas.

A Sorí Marín la CIA le había confiado la misión de ultimar los detalles para una operación de autoagresión a la Base Naval de Guantánamo, promover alzamientos y realizar atentados personales. Y, simultáneamente con el agente de la CIA Rafael Díaz Hascon, quien había ingresado legalmente al país semanas antes, coordinar un atentado contra el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, cuando visitara el Instituto Nacional de Ahorro y Viviendas, el 27 de marzo.

El 13 de abril, agentes del G-2 detuvieron, en Pinar del Río, al estadounidense Howard Frederick Anderson, en ese momento delegado de la CIA en Cuba, junto con 14 exmilitares batistianos y contrarrevolucionarios a quienes entrenaba y suministraba armas.

Ese mismo día en La Habana, la contrarrevolución, siguiendo con los planes terroristas, provocó un incendio en la tienda El Encanto, utilizando dos petacas explosivas de nitro-almidón-H4. Allí falleció la trabajadora y miliciana Fe del Valle.

Dos días después, los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y el de Santiago de Cuba fueron bombardeados por aviones mercenarios. Quedó claro que era el preludio de la invasión.

Al atardecer del día 15, cuando aún el pueblo estaba impactado por la cobarde agresión, los órganos de la Seguridad del Estado, conjuntamente con los recién creados Comités de Defensa de la Revolución, detuvieron sorpresivamente en todo el país a cerca de 20 000 individuos que tenían antecedentes como contrarrevolucionarios, y a los que pudieran integrar una «quinta columna» para promover un levantamiento.

Entre ellos estaban los integrantes de las redes clandestinas que la CIA había preparado. De esta manera, la «Operación Generosa» quedaba totalmente desmantelada.

Cuando los teletipos de Quarter Eyes dieron a conocer la noticia, Lyman Kirpatrick, a la sazón inspector general de la CIA, expresó: «Estas detenciones fueron el primer golpe catastrófico para la operación». Y recibirían otros más demoledores en las arenas de Playa Girón.

Años después, en un informe desclasificado, el coronel Jack Hawkins, jefe de la sección paramilitar de la Task Force de la CIA en la Cuban Operation, revelaba:

«(…) durante el periodo comprendido entre octubre de 1960 y abril de 1961, se perpetraron alrededor de 110 atentados dinamiteros contra objetivos políticos y económicos; se colocaron más de 200 bombas; se descarrilaron seis trenes; se dejó inactiva la refinería de Santiago de Cuba durante una semana como resultado de un ataque sorpresivo desde el mar; se provocaron más de 150 incendios en plantaciones de caña (…) Estas operaciones lograron un éxito considerable. Las embarcaciones que prestaban servicio de Miami a Cuba entregaron más de 40 toneladas de armas, explosivos y equipos militares, e infiltraron y sacaron a un gran número de personal (…)».

El fracaso de la «Operación Generosa» fue posible por la certera dirección del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz; por el persistente trabajo de los órganos de la Seguridad cubana, y gracias a los heroicos combatientes que cayeron en defensa de nuestra Patria.

Las calles quedaron en manos del pueblo revolucionario. El entonces comandante Raúl Castro Ruz expresó: «Los yanquis que envían aviones para fotografiar nuestro territorio deben estar asombrados de ver casi un miliciano por metro cuadrado (…)».   

 

Fuentes:

Girón no fue solo en abril, por Miguel Ángel Sánchez.

El rostro oculto de la CIA, antesala de Playa Girón, por Manuel Hevia Frasqueri y Andrés Zaldívar Diéguez.

Discurso de Raúl Castro Ruz, La Habana, 18 de mayo de 1961.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.