Matanzas.–En pocos días Cuba celebrará el aniversario 65 de la Victoria de Playa Girón, suceso que asombró al mundo y alegró a los pueblos de Nuestra América.
Nunca había ocurrido antes. La maquinaria bélica estadounidense falló y eso, como es natural, provocó una profunda amargura en los círculos de poder del imperio, sentimiento que perdura en el tiempo. Ninguna derrota les duele tanto como esa.
Antes de abril de 1961, el nombre de Girón no le decía nada a nadie. Apenas un pedazo de tierra costera al sur de la geografía matancera. Pero a partir de la épica gesta dejó de ser lo que hasta entonces para convertirse en símbolo y esperanza.
Desde ese momento se modificaron ciertas nociones sobre la invencibilidad del poderoso enemigo.
En las primeras horas del 17 de abril de 1961, los mercenarios desembarcaron por diversos sitios de la llamada Bahía de Cochinos seguros de un triunfo fácil.
Pero no eran conscientes de su desgracia. No pudieron calcular de antemano lo que aquí se encontrarían. La realidad fue otra. Dos días después firmaron su derrota ante las tropas cubanas, al perder toda esperanza de un reembarque salvador o la milagrosa aparición de los marines y la aviación estadounidense.
Como consta en los planes, pretendían crear una cabeza de playa en Girón para conseguir sus pronósticos de establecerse un gobierno provisional que pediría ayuda a EE. UU. e involucraría irremediablemente a Washington en la intervención.
Los invasores estaban bien organizados y armados, con buen apoyo, «pero les faltó la razón, la justeza de la causa que defendían», comentaría años después José Ramón Fernández, protagonista de la batalla.
Y al quedarse sin razones, no combatieron con el ardor y la firmeza con que lo hicieron las fuerzas revolucionarias, con un arsenal de medios muy inferior. Eso sí, tenían la voluntad y el espíritu de victoria. Así fue como enfrentaron, rechazaron y derrocaron la invasión extranjera.
Y ahí radica lo extraordinario del alcance de la victoria, algo que sorprendió al gobierno de Estados Unidos. Una especie de misterio que nunca pudieron descifrar
Milicianos, tropas del Ejército Rebelde y efectivos de la Policía Nacional Revolucionaria, no hicieron otra cosa que defender con sus vidas el socialismo proclamado por Fidel apenas 24 horas antes, cuando en memorable e inédito acontecimiento, armó a su pueblo y lo conminó a vencer o a morir.
Fidel, con su prédica, alentó a los combatientes y contribuyó a la alta moral de las milicias. En fecha tan temprana ya el pueblo se identificaba con los conceptos de soberanía nacional, justicia social, igualdad y dignidad. La Revolución había resuelto no pocos de sus problemas, sobre todo el de la tierra, y la gente vivía momentos de patriotismo y fervor revolucionario. Y esa realidad fue clave para el triunfo.
Mucho tiempo después, al referirse a las causas de la derrota, el ex asesor del Presidente Kennedy admitiría que Fidel Castro había resultado ser un enemigo mucho más formidable y estar al mando de un sistema mucho mejor organizado que lo que nadie había supuesto.
La agresión fue preparada por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos y tuvo el apoyo aéreo y naval del Ejército de esa potencia norteña, cuyo gobierno pretendió, desde el comienzo de la Revolución, revertir el proceso de transformaciones sociales en Cuba.
Es en parte la razón por la que al valorar la significación de la Victoria de Abril de 1961, Fidel aseguró que el hecho trascendió los marcos de la nación, porque ese día el imperialismo yanki recibió su primera gran derrota en América.
A pesar de que la invasión segó la vida de más de un centenar de cubanos, Girón queda en la memoria como paradigma del heroísmo de un pueblo con herencia mambisa.
Ojalá su legado sirva para que no se repita la historia y los enemigos de la Revolución no se inventen un pretexto para agredir de nuevo a Cuba, pueblo amante de la paz, pero capaz de defender la Patria con la vida de sus hombres y mujeres.













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