ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Estudios Revolución

Es jueves y los preparativos están casi listos. Es jueves y los adolescentes ya han comenzado a bailar su vals.

No todos siguen el mismo compás. Hay quien se apoya en un bastón, quien guía la silla de ruedas con destreza, quien sostiene la mano de su compañero para no perder el equilibrio. Sin embargo, el vals es perfecto, es verdadero.

Pareciera que los globos amarillos no conocen de vientos fuertes ni adversidades amenazantes. Pareciera que –como se hace desde 1999–, contra esos vientos y mareas ninguna de las 19 sonrisas se borrará.

Son quince velas encendidas en el alma que nadie ha podido apagar. Sueños tejidos entre cuadernos y sonrisas que, alrededor de un círculo, danzan a la par.

Cuando se cumplen 15 años de edad, ¿qué no pudiera sentirse? ¿qué no se pudiera desear?

En la explanada, los colores se enlazan. Los de atrás pasan al frente. Las sillas de ruedas se unen en el centro: «Nadie pudo impedir esta celebración». Ellos, con sus cuerpos diversos y sus historias de lucha, recuerdan que la vida merece ser festejada.

Foto: Estudios Revolución

Expectantes se encuentran en el público el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, y el miembro del Buró Político y primer ministro, Manuel Marrero Cruz. Todos los presentes desconocen lo que pasará: «estos 15 han sido a puro esfuerzo y siempre dijimos que van».

Dice Esther María La O Ochoa (Teté), quien fuera directora de la institución por muchos años, que gracias al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, fundador de la escuela, y al General de Ejército Raúl Castro Ruz, ningún año se dejó de celebrar esta fiesta. Porque «estamos en una Cuba bloqueada, pero nunca negada a dar amor».

Ahora las copas se alzan: brindan por la felicidad. Durante 20 minutos la ternura y la esperanza se dieron la mano. Cada abrazo compartido fue un pequeño homenaje a la vida. En esos abrazos no hubo distancias, ni prejuicios, ni prisas.

Los padres lloraban sin disimulo. Las maestras, que son un poco madres también, transmitían esa alegría dilatada. Y los quinceañeros, en el centro de todo, sonreían como si por unos instantes el mundo solo tuviera espacio para la dicha.

Bien saben que sostienen en sus manos más que un simple ramo: es la viva promesa de lo que está por venir. Porque aún en medio de las dificultades, en Cuba, cada persona cuenta y cada vida insiste en florecer.

Foto: Dunia Álvarez Palacios
Foto: Dunia Álvarez Palacios
Foto: Dunia Álvarez Palacios
Foto: Dunia Álvarez Palacios
Foto: Dunia Álvarez Palacios
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