ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Pastor Batista Valdés

No cabe la menor duda. Uno de los sucesos del ámbito nacional (y «un tin» más allá) que mayor interés despertó recientemente fue la solicitud que, con pleno derecho, hizo el cantautor Silvio Rodríguez para que se le entregara un fusil, en caso de que se lancen (los enemigos externos de Cuba), acotación incluida de que lo decía muy en serio.

No menos impacto tendría, consiguientemente, la concesión a él de un AKM, por parte del General de Cuerpo de Ejército Álvaro López Miera, Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, en presencia del Presidente de la República Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

«Es el segundo fusil en sus manos» –pensé en aquel momento. ¿Acaso su guitarra no ha sido ese fusil contra fusil empuñado desde su juventud, para defender las cosas sagradas en que jamás ha dejado de creer?

Lo que tal vez muchos no saben es que Silvio tiene un tercer fusil, de telescópica mira, altamente efectivo también contra quienes agreden o asesinan la verdad.

Hablo de esa cámara fotográfica, con la cual me sorprendió hace varios años (sin sospecharlo él), mientras, en silente «desquite», lo sorprendí también yo (ni lo imagina), durante la gira más inusual y sensible que quizás haya realizado un cantante cubano: por centros de reeducación de todo el país

No fue el afán de palo periodístico o de exclusividad gráfica lo que llevó mi dedo índice a accionar rápidamente el obturador de la pequeña cámara con que también yo estaba armado en aquel instante.

Suyas, había cantado o tarareado yo melodías cientos, miles de veces, desde que la Era empezó a parir el corazón de una música nueva, de una trova renovadora, capaz de levantar –cual rabo de nube- todo lo feo y de precipitar la esperanza en aguacero.

Pero nunca lo imaginé con nariz pegada a un «hierro» como aquel, con el ojo atento y el dedo listo para disparar.

Ojalá tuviera aquí la mejor Nikon del mundo para rogarle hasta al mismísimo Dios que –sin haberla pedido- él me la aceptara, tanto por los paracaídas que puedan lanzarse desde arriba, como por los antifaces que puedan ocultar rostros, abajo; tanto para develar verdades, como para congelar mentiras.

Por ello dejo aquí esta «necia», supongo que poco común, imagen (no para quienes vengan a convidarlo a arrepentirse, sino para quienes saben que morirá como ha vivido), en nombre de todos los fotógrafos y corresponsales de guerra cubanos porque, ¿acaso no ha sido Silvio un corresponsal permanente de combate en el teatro de operaciones de la música y de la verdad, armado desde las cuerdas vocales hasta las de su inseparable guitarra, a través de sus más auténticos acordes, letras y melodías?

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