ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El campesino placeteño Santiago Cuéllar demostró la valía del biogás en múltiples funciones. Foto: Freddy Pérez Cabrera

Por estos días se vuelve a hablar con insistencia de la importancia de rescatar el uso del biogás como fuente alternativa de energía, una idea que hace años cobró muchísimo auge en varios sitios del país, y que por distintas razones se abandonó, al igual que tantas buenas ideas, por desidia y falta de sistematicidad.

Es cierto que entonces, los convenios porcinos y el fomento de proyectos en la avicultura y la ganadería contribuyeron a incentivar la construcción de biodigestores en varias regiones, en lo cual el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) y la ANAP desempeñaron un rol fundamental.

Recuerdo ejemplos como los del municipio villaclareño de Placetas, líder durante muchos años en la producción porcina en el país, que llegó a contar con cientos de campesinos que construyeron sus propios biodigestores, aprovechando las excretas de cerdo de sus fincas, e incluso, uno de ellos, Santiago Cuéllar Magdaleno, lideró un proyecto que le permitía cocinar los alimentos, alumbrarse, y hasta hacer funcionar su refrigerador, utilizando esa fuente de energía.

Sin embargo, la mentalidad poco avizora de algunos y la falta de entusiasmo de otros que no apoyaron la idea como debían, sin tener en cuenta las características de nuestro país, asediado por la potencia del Norte y escaso en recursos energéticos, llevó a que poco a poco esa iniciativa fuera muriendo, hasta casi desaparecer.

Cierto es también que tras la pandemia y sus consecuencias nocivas para Cuba, además de la intensificación del bloqueo, hubo una caída importante en el programa porcino, la ganadería y la avicultura, a lo cual se unió la carencia de materiales de construcción como áridos, cemento, bloques, ladrillos y cabillas, los más utilizados en la construcción de los biodigestores.

Ahora, cuando el cerco para impedir la llegada de combustibles a la Mayor de las Antillas se acrecienta, vuelve a la palestra pública la necesidad de impulsar las fuentes renovables de energía.

En el fomento del desarrollo sostenible propugnado por Cuba, y más en el actual contexto, sería un gran pecado no retomar el empleo del biogás como una fuente económica para generar energía, preservar el medioambiente y ahorrar importantes recursos a la nación.    

Según criterios científicos, un metro cúbico de biogás equivale a 0,7 litros de petróleo, con lo cual pudiera generarse 1,6 kilowatts de electricidad, aunque actualmente existen tecnologías en el mundo que, por cada metro cúbico (m3) de biogás entregan dos kilowatts hora (kWh).

El biogás es una mezcla de gases, compuesta básicamente por el metano (ch4), el dióxido de carbono (co2) y otros, resultado de un procedimiento denominado digestión anaerobia (sin oxígeno). Entre los elementos que pueden utilizarse para obtenerlo figuran los desechos de la agricultura, las excretas de los animales, y otros residuos de la industria alimentaria.

Estudios especializados indican que el metano es un potente gas de efecto invernadero, con un poder de calentamiento 80 veces superior al del dióxido de carbono (co2). Sin embargo, su manejo adecuado, resultante de la descomposición de los residuos agrícolas y del estiércol, puede generar valor y ser una solución rentable para evitar la contaminación de las aguas y los suelos.

Por ello su extracción y uso energético, sobre todo en entornos rurales y periurbanos, contribuiría a reducir el consumo de electricidad y ayudaría a combatir el cambio climático, para lo cual valdría la pena generar nuevos incentivos que conlleven a personas o a instituciones estatales y no estatales, a instalar biodigestores allí donde sea posible.

En ese sentido, el entorno rural está en mejores condiciones para incentivar el uso del biogás. Para ello, sería necesario crear facilidades económicas como préstamos para la construcción de biodigestores, bonificación a las personas por producir esa energía y el acceso para comprar lámparas, ollas y hasta refrigeradores que puedan funcionar a base de biogás.

Aunque la crisis económica actual ha impactado de manera muy negativa en la producción porcina, avícola y vacuna, también es cierto que muchas vaquerías, polleras y cochiqueras no saben qué hacer con el excremento diario, que bien empleado pudiera convertirse en una fuente de ahorro y de dividendos económicos.

Según el Atlas de Bioenergía 2022, Cuba dispone de un potencial de producción de biogás de 615 595 metros cúbicos al año, a partir de producciones agrícolas e industriales, un volumen que representa 189 227 toneladas equivalentes de petróleo o 710 095 megavatios hora (MWh).

Esas cifras demuestran la importancia de acometer esa tarea en bien de la economía de un país, urgido de lograr, en el plazo más breve, la mayor soberanía posible en materia energética.

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