SANTIAGO DE CUBA.-Desde la década de los años 90, en la Central Termoeléctrica (CTE) Antonio Maceo Grajales se trabaja con el crudo nacional.
«Fue por indicación del Comandante en Jefe que, en aquellos años en los que nos quedamos solos, nos convidó a modernizar las unidades generadoras de 100 megawatts (MW), con ayuda francesa e intelecto cubano», recordó la ingeniera Mayra McCalle Irsula, con más de 35 años en esta planta.

Para este colectivo de más de mil trabajadores no son nuevas las situaciones de contingencia, y a esta -impuesta por el Gobierno estadounidense- «la enfrentamos con más compromiso, no esperando nada de afuera cuando aquí también podemos generar soluciones», dijo a Granma Jesús Aguilar Hernández, director general de esta CTE, vital para la región oriental del país, que celebró el pasado mes de febrero «los 60 años de su primera sincronización al Sistema Eléctrico Nacional (SEN) creado por la Revolución, porque antes de 1959 el país no contaba con grandes termoeléctricas y apenas estaba electrificado».
En ese sentido, McCalle Irsula, especialista en Mantenimiento Industrial, expuso las principales acciones para garantizar la continuidad en la generación: «Unificamos en un transporte a los operadores, el personal de cocina, la seguridad y los técnicos; el de mantenimiento está disponible 24 horas para dar respuesta rápida a cualquier incidencia». En la central, conocida popularmente también como «Renté», también se aplica el trabajo a distancia y el teletrabajo, cuando es posible, para mantener el resto de los servicios.

NO PUEDE CESAR LA GENERACIÓN
La Antonio Maceo enfrenta el desafío de generar en un contexto de escasez de combustible. Su colectivo ha optado por la lógica que impone la resistencia creativa, con sus almacenes con escasos repuestos y las importaciones congeladas. «La consigna no es solo operar, sino crear todo cuanto se pueda porque el principal combustible es el ingenio», manifestó Aguilar Hernández.
Aunque el paso del tiempo ha hecho imposible que se aporten al SEN los 500 MW instalados; con las unidades 3, 5 y 6 -a máxima capacidad- se puede aportar 285. «Reparamos las bombas de circulación de la 5 y a su vez, realizamos una intervención de mayor envergadura en la 6, específicamente en la turbina y las calderas para incorporarlas en marzo», aseguró el director general.
Si la Dirección traza la estrategia, los talleres son el lugar donde el ingenio se vuelve tangible. Eduardo Morales García, jefe del de Maquinado y próximo a recibir la medalla por 40 años de servicio, cuenta el día a día de la lucha contra la escasez: «Estamos fabricando unos ejes para las bombas de agua de mar de la unidad 5, una pieza que venía de Rusia, pero nos dieron la tarea de hacerla aquí».
Su testimonio es un retrato de la realidad actual de la industria. «Cuando llega un trabajo tenemos que elaborar casi todo, la cuchilla con la que se va a cortar, la barra, el material, hasta la segueta para cortar los tubos», que se sustenta en el poderoso movimiento de innovadores y racionalizadores.
Respetando los diseños, modificó la estación de agua para alimentar la caldera, primero en la Unidad 6 y luego en las demás, disminuyendo la salida de servicio imprevisto por fallas y un control eficiente de parámetros como la regulación y el nivel del domo. Aquí fue concebido un esquema de agua desmineralizada para los bloques de 100 MW.
Para Morales García, Renté no es solo un lugar de trabajo. «Aquí he echado mi vida, siempre hay disposición de todos los trabajadores de los talleres para venir, cumplir, sin importar el día ni la hora. No tenemos todos los recursos, pero siempre tenemos una idea, una solución».
La falta de combustible no solo apaga las máquinas; paraliza el transporte, desarticula los turnos y pone en riesgo la operación. En las unidades 5 y 6 el trabajo adquiere dimensiones titánicas. Allí está Ángel Fabars Borlot, jefe electromecánico de la Empresa la Mantenimiento a Centrales Eléctricas (EMCE), quien supervisa las labores en un entorno donde cualquier error puede ser catastrófico.
«La Unidad 6 está declarada para una reparación ampliada, y en la 5 tuvimos que lidiar con una avería en los sellos de hidrógeno del generador. Son labores complejísimas porque estas son máquinas enormes. La pieza más pequeña pesa toneladas y las holguras son milimétricas», detalló el especialista.
La falta de personal, debido al problema del transporte, ralentiza los procesos. «Seleccionamos a los mejores, a los más serios y conocedores. La respuesta es más lenta porque no tenemos la cantidad de gente necesaria, pero los que están aquí lo hacen con excelencia», aseguró.
UNA LABOR DE TODOS LOS DÍAS
Junto a las bombas de circulación, Maximiliano Guisande Agüero, jefe de Equipos Dinámicos, con 56 años de trabajo en Renté, lideró la recta final para poner en marcha la unidad 5.
«Sabemos la dificultad que tiene el país con la energía, lo que estamos pasando, por eso dedicamos todo el empeño y el tiempo que sea necesario para poner en servicio los equipos lo más rápido posible. Uno solo que esté fuera de servicio hace que la máquina sea menos eficiente. De ahí la importancia de nuestro trabajo», aseveró.
Su plantilla promueve la llegada y retención de jóvenes mediante convenios de trabajo con el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas, los politécnicos y la Universidad de Oriente, involucrando a los estudiantes en la producción desde sus prácticas laborales y adiestramiento, así como su crecimiento profesional.
El Director General agregó que «es un privilegio que nuestra Central llegue a sus 60 años funcionando. Constituye un reto que nos dejaron las generaciones anteriores y que debemos dejar a las venideras. Lleva mucho trabajo y compromiso. Más que el equipamiento, lo que se sostiene es la calidad de su colectivo de trabajadores».












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