MAQUEICITO, Guantánamo. —Para no fallar ni ser vistos, se han parapetado con impecable sigilo. Astutos ellos, como el lagarto del monte, que localiza el blanco (en este caso un hipotético agresor yanqui) y lo liquida de un solo disparo.
Tendidos sobre la breña vegetal del polígono, mimetizados con la policromía natural del paisaje, parecían casi indetectables. El de atrás orientó el binocular y dijo algo en voz baja; el de adelante -se supo luego- le hizo una corrección milimétrica al tiro. Eran dos y para el ataque se hicieron uno, sin margen a error.
Jóvenes -muy jóvenes- ambos, pero ya francotiradores expertos, dicen que, en un combate real eligen el punto sobre el terreno, y ocasionalmente, nadie más conoce su ubicación.
A estos, en cambio, durante la maniobra demostrativa ejecutada en el campo de tiro de Maquicito, estudiantes universitarios guantanameros, contemporáneos suyos, los miraban con esmerado interés, más aún después del disparo.
«Quiero disparar con ese fusil», alzó la voz y la mano una muchacha, desde los que observaban. Al momento la solicitud se multiplicó en manos y en voces… «yo también… y yo…».
Uno a uno, en pocos minutos estuvieron tendidos sobre la hierba; claro, en estos casos sin camuflaje. Naimeris Giró López, una veinteañera que cursa el tercer año de licenciatura en Cultura Física, tomó el arma; escuchó en silencio las instrucciones, Y sin hacer preguntas, apuntó, disparó y se puso de pie.
Viéndola tan segura en el ejercicio, era presumible que la muchacha, antes de llegar a la universidad hubiera transitado por la Compañía Femenina de la Brigada de la Frontera, Orden Antonio Maceo. Pero «no -aclaró ella- no tengo experiencia militar previa, salvo la de los Días de Preparación para la Defensa.
En esto de francotiradora, es mi primera vez -dijo-; hoy también pasé por el arme y desarme de fusiles, y por el área de procedimientos para colocar minas. Hay que aprender rápido; Cuba está amenazada».
Mientras tanto, Lorena Hechavarría Alinó, también universitaria, tras ejecutar su disparo dijo que en la defensa de Cuba le gustaría ejercer una especialidad como esa, «hoy entendí lo útil que un francotirador puede ser».
Harveys Urgellés Sayú, por su parte, admitió que AKM, pistola y fusil Mambí, son para él familiares; «aprendí a usarlos en el servicio militar. Estoy enfocado en terminar mi carrera, y prefiero la paz -matizó-. Pero si nos imponen la guerra, iré preparado. Ojalá no haga falta».
AVISPERO DE PATRIA
Si, sabedor de los sinsabores por él inducidos en nuestras vidas, el enemigo esperaba ver menguados en jóvenes como estos el ánimo y la disposición combativa, Maquicito le dio un portazo en la cara.
Para escuchar a cada interlocutor fue preciso arrimar el oído, pues el Bastión Universitario 2026 en Guantánamo, hizo de Maquicito un avispero de patria. Explosiones por aquí, arme, desarme, rugir metálico por allá…
A Mariángel Matos Lobaina se le vio en un sector del polígono; tenía en las manos un mando remoto. Un metro al frente, delante, un medio aéreo de exploración, no tripulado. Y al lado, en calidad de instructor, al Teniente Alejandro Viñals Terrero.
Después de una explicación detallada, la muchacha intentó «volar», bajo la supervisión del especialista. La pequeña nave se levantó, se alejó, cambió de altura, de dirección, maniobró pilotada por Mariángel, que al cabo de breves minutos la hizo aterrizar. «Me fue bien», celebró la joven, «creí que sería más difícil.
Antes de llegar aquí -abundó-, estuve en otras áreas de aprendizaje teórico-practico; cada vez son más fuertes las amenazas, como estudiante prefiero estar pendiente a los libros y a un arma. Con serenidad y sin ser ingenua. Si nos agreden, defenderé a mi país».
EL SALDO
Defender pulgada a pulgada a la patria; su suelo, su mar su cielo, precisa que cada quien tenga una trinchera y un arma, y que sepa usarla. Y porque de eso se trata, las fronteras de las profesiones y oficios se fundieron en Maqueicito.
Maestros, médicos, diplomáticos, ingenieros, …universitarios en formación, de universidades del territorio y de otras como la de Relaciones Internacionales, fundidos todos en una sola categoría: soldados de la patria.
«Estos jóvenes salieron hoy mejor preparados en el manejo del armamento y la ejecución del tiro», le confesó a Granma el Coronel Roelvis Pileta Matos, jefe de Preparación Combativa en la Región Militar Guantánamo.
«Practicaron procedimientos para avanzar en el terreno de combate, el empleo de explosivos, la colocación de minas, y el uso de la careta antigás y de otros medios de protección individual. También se familiarizaron con el empleo de medios aéreos no tripulados».
«Se cumplieron los objetivos», añadió Pileta, al resumir una jornada a la que acudió el General de División Eugenio Armando Rabilero Aguilera, jefe del Ejército Oriental, acompañado por las máximas autoridades del territorio guantanamero.
Pocas horas después, el ciberespacio reiteraba la obsesión militarista de Donald Trump, con el anuncio de que «Cuba es el siguiente». La amenaza hizo recordar el declarado propósito de Dayana Caballero Céspedez en la mañana universitaria de Maquicito: «Cuando el criminal nos apunta, prepararnos y ponerlo en nuestra mirilla».












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