La Habana.-La esencia de la entrañable relación entre México y Cuba, según el presidente Miguel Díaz-Canel, se sintetiza en el título de una obra de teatro que presentó en estas tierras: Amor con amor se paga.
Hijo de una maestra y un disciplinado trabajador, el mandatario explica en entrevista exclusiva con La Jornada que la rabia estadounidense contra la Isla proviene de su insaciable apetito colonial y del hecho de que, en 67 años de Revolución, Washington no ha podido apoderarse de la nación caribeña.
Díaz-Canel detalla cómo han avanzado las pláticas entre Washington y La Habana en un marco de respeto a la soberanía y a los sistemas políticos de los dos países.
Emocionado, señala: “Para México, para el pueblo mexicano, para el Gobierno mexicano, toda nuestra admiración, nuestro respeto, nuestro cariño y nuestro compromiso. Y en particular para Claudia, la presidenta mexicana que ha demostrado una firmeza de convicciones, una firmeza de principios, una valentía y una gallardía. ¡Gracias México! Mil veces gracias por estar siempre al lado de Cuba en los momentos más difíciles de nuestra nación”.
-Presidente, usted nació en 1960. Ya había triunfado la revolución. Ha vivido toda su vida bajo un bloqueo económico. ¿Qué hay de nuevo en el cerco de combustibles? ¿Cómo explicarle al mundo la rabia estadounidense en contra de la Isla?
-Ha hecho una observación muy exacta. Nací en el año 60, en los primeros años de la revolución. Por coincidencias de fechas históricas, cumplí un año al otro día de la victoria de Playa Girón. Pero 80 % de la población cubana nació después de la revolución. Por lo tanto, 80 % ha vivido toda su vida bajo los designios del bloqueo. Mis hijos, nuestros hijos, han vivido bloqueados. Nuestros nietos ya nacieron bloqueados.
En esta rabia, en esta concepción hegemónica del bloqueo y del enfrentamiento de una potencia como Estados Unidos hacia Cuba, existen antecedentes históricos y momentos de contexto. Entre los antecedentes históricos, está claro que el anhelo de Estados Unidos siempre fue apoderarse de Cuba.
En cuanto a los elementos del contexto actual, primero debemos reconocer el debilitamiento del poder hegemónico que Estados Unidos ha ejercido sobre el mundo, debido a que aparecen potencias que defienden el multilateralismo y ofrecen otro tipo de relación para los países. Por otra parte, una crisis multidimensional del sistema capitalista siempre lo hace más agresivo y ultraconservador. Actúa de manera más irracional y fascista. Creo que estamos viviendo un resurgimiento del fascismo. Por lo tanto, esa actitud provoca que todo aquel que defienda su autodeterminación, que impulse un modelo distinto y no se deje aplastar por los designios imperiales, sea mal visto. Y a ese se le agrede de diferentes formas: con presión económica, política, diplomática y con intoxicación mediática.
Cuba ha vivido 67 años bloqueada. Sin embargo, en medio de ese cerco, ha logrado construir una sociedad justa. Una sociedad con unidad, convicciones y principios. Mucha gente cuestiona los temas económicos de Cuba, pero la economía cubana, sitiada, es la que ha podido sostener una enorme obra social. Esto ha generado un sentimiento de admiración y un reconocimiento a nuestra resistencia. Pero no es solo resistir, es una resistencia creativa. Resistiendo hemos sido capaces de construir, avanzar y desarrollar. Eso no les ha gustado a los imperiales.

En épocas muy recientes ese bloqueo se recrudeció. Esto comenzó con la primera etapa de la administración Trump, la cual aplicó más de 240 medidas contra Cuba en el segundo semestre de 2019, profundizando el cerco. Incluso nos incluyeron en una lista de países que supuestamente apoyan el terrorismo, lo cual nos cortó todas las vías de financiamiento al país y nos llevó a una posición complejísima. Lo que vivimos es un proceso acumulado de los 67 años de bloqueo y su recrudecimiento. La administración Biden mantuvo esa política.
Con el recrudecimiento, comenzaron a cortar nuestras fuentes de energía, nuestras fuentes de ingresos en divisas y limitaron el turismo. Hubo una enorme presión sobre el ejercicio de las brigadas médicas cubanas. En medio de eso, enfrentamos la covid-19 y tuvimos que superarla con creatividad cubana, con vacunas cubanas, con tecnologías desarrolladas por Cuba. También hemos vivido el efecto de fenómenos naturales. Es decir, hemos vivido una crisis que ha impactado crudamente la realidad de nuestro pueblo y su vida cotidiana, originada por el bloqueo, la covid-19 y los fenómenos naturales.
Ahora llegan los sucesos de Venezuela. Lo que sucedió el 3 de enero en Venezuela es un parteaguas en el mundo. Demuestra cómo una potencia, desaforada por ejercer su hegemonía, secuestra a un presidente y lo extrae del país para armarle un juicio en Estados Unidos con mentiras, fabricaciones y calumnias. En medio de esa situación, limitan la entrada de combustible a Cuba. El 29 de enero se declara una orden ejecutiva, considerando a Cuba como una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad de Estados Unidos. Es otra calumnia, otra construcción totalmente mentirosa.
Hace casi cuatro meses que no recibimos una gota de combustible. En medio de esa situación, es muy difícil desarrollar la economía y la vida de un pueblo. Pero el país resiste, funciona, sigue soñando, programando, y aspira a conquistar más justicia social para superar con determinación esta situación.
El acto más fallido de los gobiernos de Estados Unidos en estos 67 años de revolución es no haber podido apoderarse de Cuba. Eso provoca ira. Quiero identificar ese sentimiento con algo que explicó el general de ejército hace muchos años: cuando la revolución triunfa y comienza a desarrollar un grupo de medidas en función de la independencia, la soberanía y la justicia social, cuando aprueba la Ley de Reforma Agraria, se cruzó el Rubicón. A partir de ahí, nunca nos perdonaron que la revolución avanzara. Vino el bloqueo, las presiones de todos estos años, el recrudecimiento y toda esta historia que hemos repasado. Indudablemente ese fracaso ha provocado la ira.
-Usted es hijo de una maestra y de un trabajador de una cervecería. Es ingeniero. Ahora está al frente del Estado cubano. ¿Esa trayectoria personal sintetiza los cambios en la sociedad cubana a partir de la revolución?
-Aquí hay elementos familiares, como puede ser una familia típica cubana, que evolucionó en el transcurso de la revolución. De mi madre, tengo el ejemplo de una maestra consagrada. Siempre quiso ser maestra rural, trabajar con los niños de esa zona. Sentí un enorme orgullo por ella por eso. Me educó en valores, también en la decencia, en un comportamiento adecuado. Mi padre era un obrero que se levantaba todos los días a las 4 de la mañana para llegar temprano a su trabajo, que estaba fuera de Santa Clara. Siempre mantuvo una conducta rigurosa con nuestra educación.
En mi familia hay figuras como los abuelos. Un abuelo materno de origen español, laborioso, optimista, muy pobre antes de la revolución. Una abuela cariñosa por parte de padre, que también fue maestra, muy martiana. Me enseñó a creer en Martí. Tenía una prédica muy martiana. Sus regalos siempre eran libros. Me llevó a la lectura sistemática. Una tía, hija del poeta Navarro Luna, tuvo influencia en mi formación, incluso como militante comunista. Además, existía una armonía familiar y vecinal en la cuadra donde yo vivía en Santa Clara. Todo eso contribuyó a mi formación.
Uno ha crecido con los sentimientos del pueblo. Pude apreciar en mi niñez y en mi juventud los avances y las transformaciones de la revolución. Por tanto, me considero también un resultado de ese proceso de crecimiento. Tengo un enorme compromiso con que ese proceso continúe, que siga creciendo, aportando, que podamos superar esta etapa en que nuestros sueños se han detenido. Con toda sinceridad te lo digo: estoy dispuesto a actuar hasta las últimas consecuencias. Tengo un compromiso enorme con el pueblo cubano, con la revolución, su liderazgo y nuestra historia.
-Cuando habla sobre la crisis energética provocada por el estrangulamiento estadunidense, lo hace como ingeniero. Nos ha explicado cómo existe una crisis de un modelo de generación de energía, cómo dependen de las grandes termoeléctricas, pero cómo están cambiando ese patrón con la energía fotovoltaica. Sin embargo, la columna vertebral de la generación sigue siendo las termoeléctricas, que necesitan petróleo y Cuba produce solo 40 por ciento del crudo que requiere. ¿Qué harán para resolver ese problema?
-Una pregunta muy interesante. Nosotros no renunciamos a nuestro derecho, como cualquier país en el mundo, a recibir suministros de combustible. No cubrimos con la producción nacional toda la necesidad de la generación eléctrica. Además, hace falta combustible para otras actividades de la economía y de la vida del país. El bloqueo energético es, ante todo, una violación flagrante de nuestros derechos humanos como pueblo, y una violación del derecho internacional. Incluso, va en contra de la lógica capitalista. Ellos, que tanto hablan del libre comercio, del libre mercado, nos imponen un bloqueo energético que es criminal.
Aquí hay tres direcciones. Una es seguir desarrollando nuestra estrategia de transición energética hacia fuentes renovables, que no solo incluye la fotovoltaica e hidroeléctrica, sino otras nativas que estamos estudiando. También el uso de la biomasa en centrales que trabajan con ella, y el uso del biogás. Hay toda una estrategia en ese sentido.

Marco Peláez
También buscamos seguir incentivando la producción de crudo nacional y gas acompañante. Para eso, seguimos una estrategia de incrementar la prospección de pozos de petróleo, la exploración, y también mejorar nuestros procesos de extracción. En los dos primeros meses del año, hemos podido detener el decrecimiento que veníamos experimentando en la producción de crudo nacional y gas acompañante.
Por otra parte, acudiendo a la ciencia, hemos encontrado soluciones para mejorar el tratamiento de nuestro crudo nacional, que es pesado y posee un alto contenido de azufre. De todas formas, todavía tendremos una dependencia de la importación de hidrocarburos, que será menor a medida que avancemos. Para eso, buscamos construir alianzas de cooperación energética con países hermanos. Además, exploramos proyectos comerciales que nos permitan diversificar y ampliar los proveedores de combustible, con países que respetan la soberanía de Cuba y están dispuestos a enfrentar los retos de este bloqueo energético.
Otro punto es la denuncia en los organismos internacionales de este bloqueo que es genocida y que viola los derechos humanos del pueblo cubano, condenándolo a limitaciones muy duras. Un cuarto elemento es promover una cooperación energética Sur-Sur, que nos permita transferencias de tecnología, intercambios y avanzar más rápido en todas estas propuestas.
Esas son nuestras visiones, nuestras aspiraciones. Hacerlo en estas condiciones de bloqueo energético estadunidense es muy duro. Pero contamos con solidaridad. La semana pasada recibimos un convoy de miembros de la solidaridad con Cuba. Contamos con muchas personas que están comprando paneles, sistemas fotovoltaicos y trayéndolos a Cuba. El propio sector privado en Cuba, con una enorme vocación de responsabilidad social, fomenta proyectos de fuentes renovables de energía. También, a este sector privado le hemos dado posibilidades de importar niveles de combustible que permitan activar un grupo de procesos. El sector privado puede importar combustible, y lo está haciendo.
-Países socialistas con partidos comunistas que dirigen el Estado, como China o Vietnam, han emprendido reformas económicas para introducir mecanismos de mercado. ¿Está eso en la agenda cubana?
-Con Vietnam y China, países en construcción socialista, mantenemos una amplia relación. Tenemos un vínculo de partidos, de gobiernos, de pueblos. Son naciones muy solidarias con Cuba. Sistemáticamente, nuestros tres países intercambian sobre sus procesos de reforma: la china, la vietnamita y, en nuestro caso, la actualización de nuestro modelo económico y social.
Los chinos y los vietnamitas han insistido mucho en que sus reformas y sus procesos tienen características peculiares de China y de Vietnam. Nosotros también tenemos peculiaridades. Somos un estado insular, una pequeña isla, estamos a 90 millas de Estados Unidos y fuertemente bloqueados. Hemos desarrollado un potencial humano y de recursos calificados importante. Tenemos consolidados sistemas universales de educación y de salud, y un desarrollo científico y técnico que nos distingue y nos da fortaleza.
Llevamos a cabo un proceso de actualización de nuestro modelo económico y social, el cual se inició o se profundizó en el sexto congreso del partido. Hemos logrado un grupo de transformaciones que buscamos acelerar, con peculiaridades cubanas. No es copiar. Es un sistema cubano, pero que comparte elementos de los modelos chinos y vietnamitas. Por ejemplo, la dirección del Partido Comunista, como rectora de la sociedad que está en nuestra Constitución. Un Estado fuerte. Un gobierno eficaz. Una administración pública ágil, que se libere de la burocracia. Una adecuada relación entre planificación centralizada y mercado. Las regulaciones de mercado necesarias para evitar la especulación. Una armonía entre el sector estatal y el sector no estatal. Que todos los actores económicos contribuyan al desarrollo económico y social del país.
Toda esa combinación de elementos nos debe permitir un desarrollo sostenible, con justicia social, inclusivo y de equidad. Que podamos lograr la soberanía alimentaria, potenciar la ciencia y la innovación, desarrollar los procesos de transformación digital e inteligencia artificial en nuestra sociedad. Seguir potenciando los servicios públicos sociales universales. Seguir garantizando los derechos a la educación, salud, deporte y cultura, y potenciar nuestra economía en todos los órdenes, manteniendo la cooperación internacional. Hacia eso vamos. Lo estamos haciendo en condiciones muy severas, porque todo eso conlleva inversiones, requiere transformaciones, romper burocracias y hábitos. Y lo hacemos en medio de una situación de plaza sitiada, del recrudecimiento del bloqueo.
-Usted anunció la posibilidad de que los cubanos que viven fuera de la isla puedan invertir. ¿Hay modalidades precisas sobre cómo sería esta inversión? ¿No existe el riesgo de un proceso de estratificación social?
-Hemos evaluado todas esas cosas. Debemos reconocer que en los últimos años se ha incrementado el número de cubanos y de familias cubanas que residen en el exterior, de manera temporal o más prolongada. Nuestro gobierno tiene la voluntad de escucharlos, acogerlos, brindarles servicios y facilidades. De darles oportunidad de que participen en nuestro modelo económico y social y que contribuyan al desarrollo del país.
Esta ha sido una construcción de hace mucho tiempo. Fidel, en 1978, protagonizó el inicio de un diálogo con la comunidad cubana en el exterior. Después vinieron cuatro conferencias de la nación y la inmigración. Ha existido un intercambio permanente. Últimamente hemos estado haciendo encuentros desde el país donde hay comunidad cubana, a nivel de regiones. Cuando hacemos visitas de trabajo al exterior, compartimos con representantes de los cubanos residentes. Tenemos un dossier de propuestas, aspiraciones, motivaciones, proyectos e insatisfacciones que hemos analizado y presentado.
Ese análisis nos llevó a mejorar nuestra política, a perfeccionar y actualizarla hacia los cubanos residentes en el exterior, donde flexibilizamos un grupo de cosas. Muchas tienen que ver con la inversión de ellos en nuestro país.

Marco Peláez
La inversión de ellos en nuestro país se ejecuta bajo las normas de nuestra legalidad. Existe control, existe normativa, como la que debe cumplir la inversión extranjera de cualquier entidad o como las regulaciones que deben cumplir las empresas, tanto privadas como estatales, en nuestro país.
Son importantes todas las observancias que tengamos para evitar que, en esa participación de cubanos residentes en el exterior, aparezcan capitales subordinados a los intereses de círculos fuera de Cuba, vinculados a las políticas de buscar el cambio del sistema sociopolítico o de programas subversivos. Debemos tener observación y control.
Creo que con la unidad que hay en nuestro pueblo, con la claridad ideológica y con la defensa de la legalidad del país, y también, con la comprensión de los que vienen con un compromiso a participar en el desarrollo de su nación, todo este proceso puede ser factible y de beneficio.
-Alrededor de las pláticas con Estados Unidos, usted ha establecido como una ruta crítica: el inicio de conversaciones, empatar las agendas, avanzar sobre posibles soluciones y luego ejecutarlas. Siempre, dice usted, en el marco del respeto a la soberanía y de un trato respetuoso. ¿En qué momento están de esa ruta y quiénes son los actores que están participando?
-En estos momentos, ha existido una conversación entre funcionarios cubanos y funcionarios del Departamento de Estado, la cual fue facilitada por factores internacionales.
-Que no nos va a decir cuáles son…
-No. Estos procesos son muy sensibles. Tienen que ver con las relaciones y los vínculos bilaterales entre los países, con toda la historia de incomprensiones.
-Aunque el Vaticano haya jugado un papel en el pasado.
-No me provoque… No voy a decirlo. Creo que debemos respetar la discreción que se tiene en estos procesos, en estas conversaciones. Responde, como explicamos, a una práctica histórica de la revolución cubana. Siempre hemos planteado disposición para el diálogo con Estados Unidos sobre cualquier tema, pero siempre sobre las bases de respeto a ambos sistemas políticos. Respeto a la soberanía, la unidad con un principio de reciprocidad, con apego al derecho internacional.
Ahora, lo importante es que ambas partes mostremos voluntad, disposición para continuar avanzando el diálogo. Que sobre esa base distingamos cuáles son esas diferencias bilaterales a las que podemos encontrarles solución. Que tengamos la voluntad de ambas partes de aplicar medidas que ayuden y beneficien a ambos pueblos. Que encontremos áreas de cooperación que nos permitan enfrentar las amenazas y, sobre todo, garantizar la paz y la seguridad de ambas naciones y también de la región. Que podamos encontrar vías para construir espacios de entendimiento que nos permitan avanzar y nos alejen de la confrontación. Para eso hace falta una agenda, la disposición para desarrollar sus puntos y llegar a acuerdos. Estamos en ese momento.
-¿El presidente Díaz-Canel es un obstáculo para este proceso de diálogo o es un factor a favor?
-En Cuba no se pueden personalizar procesos como estos. En Cuba existe una dirección colegiada, colectiva, que además se debe a su pueblo. Debemos rendir cuentas ante el pueblo, ante el órgano supremo de la nación que es la Asamblea Nacional del Poder Popular. Lo que defiendo, lo que defendemos de manera colegiada, no es el propósito ni la idea de uno solo. Es la práctica consecuente de la revolución.
Indudablemente, uno se da cuenta de que hay manipulación mediática alrededor de esto. A veces a uno le ponen epítetos. De si uno es más o menos burócrata, o si es un obstáculo, o si uno no es flexible. Creo que eso forma parte de esta estrategia de intoxicación mediática con que se refuerza la guerra no convencional contra nuestro país, y que tiene un elemento fundamental: el asesinato de la reputación.
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La decisión de dialogar con Estados Unidos es colectiva. En esa decisión no está en juego nuestro sistema político ni ninguna decisión que sea propia de nuestro pueblo y de nuestros órganos de parlamento. Por lo tanto, mi continuidad o la de cualquier otra persona que en determinado momento tenga una responsabilidad de este nivel en nuestro país, depende del pueblo. Y depende también de los representantes de ese pueblo en la Asamblea Nacional del Poder Popular, no de Estados Unidos.
-Usted ha reconocido que, en el marco del estrechamiento del cerco, existe inconformidad y que esa inconformidad es legítima. ¿Hay forma de darle una conducción para que se exprese creativamente? ¿Se necesitarían transformaciones en los mecanismos de representación popular?
-La vida está muy dura. El pueblo cubano es generoso, solidario, resistente y creativo. Hay lugares en los que hemos tenido momentos de 30 y más de 40 horas de apagón. Hoy la gente se ve limitada en cómo moverse y cómo transportarse por la falta de combustible. Las madrugadas se vuelven laboriosas porque, si hay un poquito de corriente, es el momento para cocinar, preservar los alimentos y hacer un grupo de tareas cotidianas en la casa.
Hemos tenido que adaptar la manera de funcionar de nuestro curso escolar. Eso implica un esfuerzo de todo el personal docente y afecta a nuestros jóvenes y niños. Hoy hay una afectación tremenda en nuestro sistema de salud. Fíjate cuán criminal es este bloqueo energético. Estamos hablando de un país que sabe hacer esas cosas, que tiene un sistema sólido de salud, que sabe operar, que tiene capacidad sin bloqueo para evitar listas de espera en operaciones, porque posee todo el sistema de instituciones médicas para realizar esto.
En las gestiones que hacemos para producir alimentos, a veces tenemos el alimento y nos cuesta trabajo distribuirlo, porque falta el combustible para el transporte. La gente ha tenido que adaptar las maneras de cocción. Cualquier cocina de un cubano se ha convertido en una cocina con leña o con carbón. En los edificios es muy difícil tener eso. Han surgido cocinas colectivas. Todo el mundo se respeta, todo el mundo colabora. Pero fíjate qué rigor en la vida. Yo diría ¿cuántos podrían soportar una situación así como pueblo? Solo un pueblo como el nuestro, que merece un monumento.
Fue precisamente el anterior presidente de tu país, López Obrador, un enorme amigo de Cuba, quien expresó que el pueblo cubano merecía un monumento. Creo que ese monumento no tiene que ser ni de mármol, ni de piedra. Sencillamente, puede ser un gesto que está en manos del gobierno de Estados Unidos y en manos del presidente, que es quitar el bloqueo que viola los derechos humanos de diez millones de cubanos y cubanas.
Entonces, en medio de esa situación, de esa complejidad, existe insatisfacción. Nadie puede estar feliz viviendo todo eso. En la medida en que expliquemos y nos relacionemos con la población, logramos que la gente comprenda que el culpable no es la revolución ni es el gobierno cubano. El gobierno cubano no trabaja para molestar al pueblo. Al contrario, trabaja para buscar soluciones en medio de esta situación tan compleja. Tenemos una vocación humanista, nos duele mucho. Somos parte de ese pueblo.
Hay que comprender que ese recrudecimiento es una acción de guerra contra el pueblo cubano. También existe la intoxicación mediática que acompaña a este bloqueo y trata de capitalizar lo que pueden ser manifestaciones de protesta contra el gobierno. La mayoría de las personas insatisfechas lo están porque tienen una problemática, porque han sufrido un apagón largo, porque hace días que no les hemos podido abastecer la luz. Van a las instituciones del partido, del gobierno, del país. Van a las instituciones que los representan. Tienen confianza en esas instituciones. Van y los dirigentes de esos lugares les dan la cara. Les explican y donde se puede, se trata de atenuar la situación, incluso con participación.
Lamentablemente, hay otros que, por esas mismas manipulaciones, porque corre dinero, se expresan de manera vandálica. Y eso tiene que ver con otras cosas. Tiene que ver con subversión, con un comportamiento que altera el orden interior y conlleva otro tipo de tratamiento.
Nosotros tenemos una voluntad. Y lo estamos haciendo porque siempre han existido espacios de más participación popular y de mecanismos que debemos mejorar. Siempre digo: todo lo que hagamos, lo que nos propongamos, debe tener una salida en la participación popular. Necesita tener como mínimo tres elementos fundamentales. Que haya espacios para que las personas digan sus problemas, planteen sus dudas, sus inquietudes y propongan. Un espacio para que, con esas propuestas, los mecanismos de gobierno y las instituciones canalicen esas propuestas y tomen decisiones. Esas decisiones regresan para compartirse con los vecinos en la comunidad, y los vecinos, con las instituciones, participan implementando esas decisiones. Y dentro de ese aporte de participación, que haya también control popular. Entonces, existe un control institucional, mezclado con un control popular. Eso es un sistema de poder popular armónico.
Con los ajustes laborales que hemos tenido que hacer, las personas están más en las comunidades que en sus tradicionales centros de trabajo, sociales o de estudio. Entonces, debe haber un perfeccionamiento en la labor de las asambleas municipales del poder popular, del nivel institucional comunitario, de las estructuras de gobierno a nivel comunitario que son los consejos populares y los delegados de circunscripción junto a todas las instituciones de la comunidad. Debe haber un comportamiento o un rediseño de la actividad de las organizaciones de masa, de los CDR, de las mujeres, las organizaciones sociales, las estudiantiles, incluso las obreras, porque ahora los obreros están más tiempo en la comunidad.
Hay una enorme potencialidad. Eso lo hemos estado compartiendo con un grupo de mujeres. Lo vamos a compartir mañana con un grupo de jóvenes destacados. Hay que tener espacios sistemáticos de debate con sectores de la sociedad. Estas organizaciones pueden volcarse a ver todos los problemas que se manifiestan con toda la dureza en la comunidad. Si aprovechamos todo ese potencial de nuestro pueblo en cada comunidad, atendiendo los problemas de la vulnerabilidad, de desventaja, de apoyo a la organización que ha tenido el curso escolar, de autoabastecimiento municipal, de tipos de mercados populares a nivel comunitario, hay todo un campo de participación, de relación y de dinámica social impresionante. Es lo que estamos promoviendo y perfeccionando.
-¿Hay un Estado fallido en Cuba?
-Es una construcción muy hipócrita y muy injusta. El país que te provoca un bloqueo para privarte de todo y que te lleva a situaciones difíciles, te dice que eres Estado fallido cuando él es el culpable de esos problemas. ¡Qué Estado fallido más extraño somos! Mantenemos coherencia, dirección, armonía, resistimos. Como pueblo, seguimos juntando y compartiendo solidaridad con el mundo entero. No estamos aislados. El mundo no nos reconoce como Estado fallido. Al contrario, lo que reconoce es cómo somos capaces de seguir funcionando sobre esa base de resistencia creativa en medio de tanta coerción, tanta presión y tanta agresividad. Y tiene que ver con la fortaleza que tenemos de unidad del pueblo.
Es muy común que los dirigentes de la revolución, en cualquiera de los escenarios —local, municipal, provincial, nacional—, visiten esos lugares y compartan con el pueblo. Yo mismo tengo un sistema de trabajo junto con compañeros del partido. Sistemáticamente vamos a las provincias, visitamos los municipios. Vamos por un segundo o tercer recorrido por todos los municipios del país en estos años. Cuando vamos ahí, además de ver y analizar programas de desarrollo económico y social, tenemos encuentros con la población. Siempre se reúnen en las plazas dos mil, tres mil personas, con las que podemos interactuar ampliamente. Un Estado fallido no puede hacerlo. Hay Estados que no se consideran fallidos, y un presidente o un dirigente no tiene esa posibilidad de estar dentro del pueblo. Es otra de las construcciones hipócritas con las que tratan de fragmentar la unidad y de distorsionar nuestra realidad.
-Presidente, Cuba ha sido extraordinariamente solidaria con el mundo. Participó activamente en la lucha en contra del colonialismo en África, en las luchas de liberación nacional en América Latina. Hay sangre cubana regada en muchos continentes. La última, la de los 32 héroes que defendieron al presidente Maduro antes de que lo secuestraran. ¿Cree que ha habido reciprocidad con toda esa solidaridad que han dado?
-Hemos brindado solidaridad por convicción. Hay un precepto martiano de que “patria es humanidad”. Fidel lo desarrolló con su concepto de internacionalismo, de solidaridad internacional. Lo llevó a la más alta expresión. Está el ejemplo también del Che. Nunca hemos ido a un país a invadir. Cuando hemos participado en acciones de defensa de un país, ha sido por solicitud de ese país. De Angola y de África, solo nos llevamos a nuestros muertos, no nos llevamos ninguna riqueza. No recibimos nada a cambio que no sea reconocimiento. Por nuestra sangre corre sangre africana. Está en nuestros orígenes. Está en la conformación de la identidad cubana.
Y así ha estado presente el tema de las brigadas médicas que ahora el gobierno de Estados Unidos tanto ataca. Las quieren presentar como si fuera una forma de trata de personas. Siempre hemos estado al lado de las causas justas. Hemos defendido al pueblo palestino, al pueblo saharaui. Defendimos a Vietnam cuando la guerra con Estados Unidos. Hemos defendido la integración americana que tiene el Caribe. Desarrollamos misiones a nivel de continentes que han permitido que varios países con un método cubano eliminen el analfabetismo. La Operación Milagro devolvió la vista a millones de personas en nuestra región. Hemos formado recursos humanos de manera gratuita, fundamentalmente, a miles de jóvenes de todos los continentes. Mantenemos en medio de esta situación compleja un proyecto como es la Escuela Latinoamericana de Estudiantes de Medicina.
Y eso lo hemos hecho por convicción. Y hemos tenido reciprocidad. Cuba no está aislada, que es otra de las matrices que tratan de imponer en estos momentos. Recientemente hemos recibido a cientos de personas, representantes de movimientos de solidaridad, de partidos de diferentes posiciones, representantes del pueblo, de movimientos sociales. Vinieron y trajeron ayuda material en embarcaciones, en travesías, con sus propios recursos y con una vocación tremenda. Trajeron medicamentos, alimentos, paneles fotovoltaicos para aliviar la situación energética. Pero, sobre todo, vinieron a compartir un corazón y un apoyo que nos da energía y que nos demuestra que Cuba no está aislada, que no está sola. Hemos recibido recíprocamente ese apoyo, esa ayuda y ese interés.
¿Y qué más decir de tu pueblo mexicano? Ahí está el llamado que hizo La Jornada, el de la UNAM, el que hizo el presidente AMLO, la manera en que gobernadores y figuras políticas mexicanas han donado parte de su salario mensual. La manera en que el pueblo mexicano se ha movilizado para recoger y enviar ayuda a Cuba es impresionante.
-Diera la impresión de que alrededor del genocidio en Gaza surgió una nueva sensibilidad entre los jóvenes y una capacidad de movilización y de protesta. ¿Cree usted que eso puede hacerse extensivo hacia Cuba o ya se hizo?
-No se extiende a Cuba porque ya está aquí. Nuestros jóvenes, las generaciones que hoy compartimos la revolución, nacimos y crecimos viendo el ejemplo del pueblo palestino, sufriendo el genocidio contra el pueblo palestino. Fidel fue una de las personas que, a escala internacional, en tribunas internacionales, denunció con más fuerza el genocidio contra el pueblo palestino. Cuando era estudiante universitario, en mi facultad estudiaban jóvenes palestinos con los que hicimos amistad. Hoy, en nuestro país, estudian cientos de jóvenes palestinos con los que nos hemos reunido sistemáticamente.
Eso que despierta en el mundo como sentimiento, ya era una convicción en las generaciones cubanas y en particular en los jóvenes. Lo que ha sucedido recientemente en la juventud cubana ha afianzado más esas convicciones antimperialistas. Además del caso palestino, toda esta maduración de ideas y convicciones que comienza a extenderse en el mundo, y que aboga por el multilateralismo, contra el militarismo, contra las agresiones, por un orden económico internacional más inclusivo y justo, toma a Cuba como referente. Son los valores que Cuba siempre ha defendido. Sin chauvinismo cubano, hemos jugado un papel de vanguardia a nivel internacional, por la maduración que han tenido esas convicciones en nuestro propio proceso nacional.
El tema no es que se extienda a Cuba: en Cuba ya está. El tema es cómo Cuba, partiendo de su práctica revolucionaria, su experiencia histórica y su lucha, logra radicalizar esa posición y contribuir a esa expansión y a esa comprensión entre muchas personas en el mundo. Eso podemos aportar.
-Presidente, para concluir: ¿algo que quiera decirle al pueblo de México?
-Es la pregunta más difícil. Hablar de México, expresar en palabras los sentimientos que tenemos hacia México, me resulta imposible. Voy a tratar de hilvanar expresiones que puedan reflejar la dimensión de esos sentimientos, que son muy grandes, de cómo Cuba y los cubanos vemos a México.
México es la tierra hermana que siempre ha estado al lado de Cuba, en las buenas y en las malas. La que siempre nos ha acompañado, la que nunca ha claudicado. Recordemos en los años 60, cuando todo el mundo nos dio la espalda por las presiones de Estados Unidos, México se mantuvo. Para los cubanos y las cubanas, México ocupa un lugar muy importante en el corazón. Con toda esa historia y esa cultura, en múltiples ocasiones ha abierto los brazos de su nación para acoger a hijos de Cuba, que son de los más representativos. Desde Heredia a Martí, desde Mella a Fidel y la generación del Centenario. Me pasan por la mente miles de personalidades, miles de hechos, miles de anécdotas, que tienen que ver con esa historia común que nos une.
¿Cuántas personas estuvieron al lado de Benito Juárez en la Revolución mexicana? ¿Cuántos mexicanos estuvieron presentes en nuestras guerras de Independencia? ¿Nuestros artistas? ¿Cuántas familias cubano-mexicanas hay? Es una relación entrañable.
Hay un hecho muy importante. Cuando Martí vivió en México, con solo 22 años, presentó al público mexicano una obra que se llama Amor con amor se paga. Yo creo que ahí, en esa frase, en el título de esa obra, está la esencia de nuestra entrañable relación. Para México, para el pueblo mexicano, para el gobierno mexicano, toda nuestra admiración, nuestro respeto, nuestro cariño y nuestro compromiso. Y en particular para Claudia, la presidenta mexicana que ha demostrado una firmeza de convicciones, una firmeza de principios, una valentía y una gallardía. México y la presidenta de México, no tienen idea de cuántas cubanas y cuántos cubanos quisieran agradecerle personalmente a su presidenta todo lo que ha hecho por Cuba en estos tiempos. Sentimos un respeto tremendo y una admiración tremenda por ella y por su pueblo.
¡Gracias México! Mil veces gracias por estar siempre al lado de Cuba en los momentos más difíciles de nuestra nación.
Muchas gracias a La Jornada, a Carmen Lira y a todo su equipo. Es una enorme oportunidad para nosotros poder dirigirnos también a sus lectores.

















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