Toda su vida quiso estudiar veterinaria. Así, sin más opciones: la medicina veterinaria siempre fue su designio. Y muchos especularán que ese gusto se produjo cuando comenzó a criar palomas en casa o –quizá– por los gatos, perros y peces que la rodearon desde niña. Y quien lo diga no se equivocará.
Iliana Sosa Testé es de esas veterinarias que, aunque no trabajen en una clínica de igual especialidad, todos en el barrio la buscan, «ya sea para desparasitar a sus mascotas, para orientar sobre el cuidado e incluso tomar la presión a algunas personas. Porque esa solidaridad es necesaria y cuando alguien sabe de medicina…».
Desde hace 37 años trabaja en el Centro Nacional para la Producción de Animales de Laboratorio (Cenpalab), en el que dirige el departamento de Toxicología y Experimentación Animal.
Dice que quien visite la institución descubrirá de todo: salas protegidas, laboratorios, animales en condiciones convencionales y otros en ambientes controlados con altos estándares de bienestar.
«Recuerdo que, cuando comencé a trabajar, un profesor me dijo: “te doy 50 avestruces. Haz que no se mueran”. Y esa fue mi primera tarea». Luego se encauzó en el camino de producir colonias de perros de laboratorio, conejos, curieles, carneros y el que hasta ahora es su favorito: Jerbo de Mongolia, «unos roedores pequeños que parecen ardillas. Ese lo produzco yo sola en Cuba. Son como hijos míos».
A eso ha dedicado casi toda su vida, «porque es un trabajo constante. Cuando empiezas a producir tienes que alimentarlos todos los días, censar, separar según las características. Porque todos los medicamentos que se producen en Cuba pasan por el Centro para evaluarse en animales, demostrando eficacia y seguridad».
Y recuerda los días en los que estuvo «hasta tarde pegada frente a la computadora o a un libro, y el poquito de café y el poquito de té» que su pareja en vida hacía para las noches largas.
Por esas faenas –en las que también viajaba al Centro con sus tres hijos a cuestas, porque ser madre y científica no es ecuación desmesurada–, Iliana pudo gestar tres patentes de la NeuroEPO, medicamento para combatir el Alzheimer que está actualmente en registro sanitario. «Y algunos se preguntan cómo, si soy veterinaria, pero al trabajar con animales se deben tener ciertos requisitos y protocolos para investigar. Por eso les digo a los jóvenes que aprovechen las oportunidades, que aporten todo lo que puedan por Cuba y por la medicina.
«Somos la primera alerta. Si el médico veterinario no está en el campo de batalla con los animales, ¿cómo nos daremos cuenta que metieron algo? Sobre todo, en el contexto de Cuba, que han introducido la fiebre africana, la fiebre porcina y no sé cuánto más».
Entonces cree que si los médicos salvan a las personas «los veterinarios salvamos a la humanidad», y razón tiene.

















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Arasais dijo:
1
24 de marzo de 2026
15:14:38
Teresita dijo:
2
24 de marzo de 2026
17:45:53
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