Busco y rebusco en el diccionario, y en mi mente, y no encuentro la palabra exacta que pueda adecuarse a la grandeza que hay encerrada en el alma de este joven cubano. Nobleza, desprendimiento, desinterés, generosidad… Creo que todas se quedan cortas para caracterizar a Noel Rolando Benítez, el campesino remediano que tantas cosas buenas ha hecho por su Patria.
Quiso ser esgrimista y, en muy poco tiempo, consiguió estar entre los mejores de Cuba y de Centroamérica. Sin embargo, una inoportuna lesión del menisco en una de sus rodillas, puso fin a los sueños de llegar a un podio olímpico.
Ante el imprevisto, y el llanto desconsolado de su hijo, el padre, Pablo Miguel Benítez, de recia personalidad, lo llamó a capítulo y con firmeza le expresó: «Hijo, ahora te toca cambiar la espada por la guataca y el machete. Así que quítate el mono deportivo y ponte la ropa de trabajo, que aquí no hay otro camino para salir adelante».
Y así ha sido. Aquel día se perdió un gran campeón, pero se ganó a quien es considerado en la actualidad, como uno de los mejores productores tabacaleros de Cuba.
Sin más tiempo que perder, Noel Rolando comenzó sembrando unas pocas hectáreas de tabaco, tanto en la modalidad de sol en palo como tapado, allí en su finca perteneciente a la CCS Rodolfo León Perlacia, de Remedios. Con el éxito inicial, vino el embullo por crecer en la cosecha de la hoja, además de incorporar nuevos cultivos e incursionar en la cría de animales.
Ante su empuje y los resultados que mostró en tan poco tiempo, le fueron entregadas nuevas hectáreas que estaban plagadas de marabú y de malezas, las que fueron convertidas muy rápido en fuentes de riquezas.
Con su hablar campechano y el acento característico de la gente que vive en el campo, nos dice: «¿Usted sabe cuántas hectáreas de tabaco tengo plantadas este año?, 173. De ellas, 66 de tapado y el resto al sol, y el año que viene quiero llegar a las 200». Abro los ojos y le digo: «¿Cómo ha sido posible ese salto, si tú comenzaste con solo dos hectáreas?».
Entonces ríe, pone su mano en mi hombro y expresa: «Periodista, para lograr esto hemos tenido que guapear muy duro y olvidarnos del reloj».
En su finca, no solo se siembra tabaco. Allí también, en las tierras que sirven de asiento a la aromática hoja, se fomentan otros cultivos como maíz, yuca, boniato, pepino, habichuela, tomate y arroz, entre otros, aprovechando la fertilización residual de los suelos.
«Hoy contamos también con alrededor de 200 000 aves, un porciento grande en cooperación con el Combinado Avícola. Tenemos casi 3 000 cerdos, y también conejos y carneros, entre otros animales. Además, estamos insertados en proyectos de colaboración internacional y hace tres años abrimos un punto de venta aquí, en la comunidad de Tahón, para que las personas tengan acceso a productos como el huevo, algunos cárnicos y otros alimentos, que son comercializados a muy buenos precios».

Es de suponer, que ante tantas producciones y tan buenos resultados, también haya múltiples beneficios económicos, le comento en tono de provocación, a lo que responde: «Sí, esto ha dado mucho dinero, que como has de imaginar, proviene del trabajo honrado, pero créeme, que eso para mí no es lo más importante», y para demostrarlo me habla de sus donaciones a centros asistenciales y de salud de equipos y medios que han ayudado a mejorar la calidad de la atención a la población.
Así, por ejemplo, ante el acoso imperial que amenaza con paralizar el país por falta de combustible, Benítez donó en estos días 29 kits solares a instituciones de Salud de la provincia de Villa Clara, un gesto de alto impacto social, que ya beneficia de varios centros del territorio y que dice mucho de la calidad humana de este joven.
Para tener una idea de su desprendimiento, baste decir que la financiación de estos equipos fotovoltaicos está valorada cada uno en, aproximadamente, 5 900 MLC, una cifra que sale de los ahorros, del sudor y de la conciencia de cubano comprometido con su pueblo.
Y no es lo único. Del fruto de su trabajo han salido equipos de aire acondicionado para salas en las que se atienden niños que son pacientes oncológicos, ancianos y embarazadas, además de alimentos y otros insumos que se han puesto a disposición de quienes más lo necesitan.
«No me perdonaría, que por falta de fluido eléctrico en un hospital, policlínico u otros centro de Salud, falleciera un niño, o que una mujer embarazada perdiera a su criatura, por culpa de una obstinada política de genocidio contra nuestro pueblo», asegura el recio productor tabacalero, quien por sus méritos y compromiso con la comunidad, en estos momentos comparte las labores de labriego con las responsabilidades como delegado del Poder Popular, presidente del Consejo Popular, y Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular.



















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