ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Un «sorbo de luz», y en la PC, una de las maestras, Yaremis, se autoprepara. Foto: José Llamos Camejo

MONTE VERDE, Guantánamo. —En esta Yateras de montañas y valles, donde Cristina Pérez tejió su leyenda de insurrecta y de curandera en 1895, Aliuska teje la suya desde hace más de dos décadas.

Así como el fusil y el curanderismo fueron las armas de aquella a la que el Titán de Bronce ascendió a capitana en esta manigua, el magisterio y la pedagogía constituyen «el arte y las mañas» de esta, que hace unos años recibió de la Universidad de Guantánamo el título de Máster en Ciencias de la Educación.

Renuente a las referencias en primera persona, Aliuska Ramírez prefiere decir «mi tropa», en alusión a las más de 150 personas incluidos 104 niños y niñas de preescolar hasta sexto grados, y los 49 trabajadores -entre ellos 27 docentes- que dirige en la ferralítica planicie de Monte Verde.

Estos son lugares muy intrincados, admite la entrevistada; término este último que –aclara- «desde hace más de seis décadas dejó de ser sinónimo de aislamiento y olvido aquí».

Los tiempos duros no nos detienen, dice ella, y le atribuye el mérito a su colectivo; «me refiero a trabajadores y estudiantes, incluso, a familiares de estos últimos. A cada inconveniente se sobreponen, para que las cosas salgan mejor a pesar de todo».

Trinchera, le nombra Aliuska a las cinco escuelitas rurales multigrado bajo su responsabilidad, dispersas en una vasta extensión de terreno, en sitios donde los montes son más tupidos y la geografía más irregular.

«Mire», dice la educadora, como para graficar su mensaje, y apunta a una maestra que, plantada en una pc, aprovecha la momentánea presencia de energía eléctrica en el Centro Escolar Primario Reynaldo Góngora Lara,  «el Estado Mayor», así se refiere a la sede principal del quinteto de instituciones educaciones bajo su liderazgo.

«La continuidad y calidad de las clases y del proceso docente-educativo es lo primero en nuestra labor, y se basa en medidas organizativas; defendemos la preparación del personal docente y la presencialidad en los intercambios maestro-estudiantes».

 DE CARA A LA COYUNTURA

Horarios flexibles, y en algunos casos diferenciados, que tienen en cuenta los alumnos cuyos hogares quedan más distantes del aula, entre otros elementos, forman parte der los reajustes en curso escolar en estos parajes.

En total, cerca de un centenar de niños, desde el prescolar hasta el sexto grados, estudian en las cinco escuelas (todas multigrado) que dirige Niurka Ramírez, atendidas por 49 trabajadores (27 docentes), incluidos un instructor de arte, una informática, la bibliotecaria y el profesor de Educación Física «todos incansables», según ella.

«Ahora menos que nunca podemos bajar la guardia -comenta-. Que el reajuste se cumpla sin que el trabajo se debilite es responsabilidad nuestra; tenemos que llegar hasta cada escuela; y están lejos. La de Jucaral, por ejemplo, queda a ocho kilómetros, y en esta zona llueve bastante».

En enunciado de gratitud pronuncia un «válgame Chula». Y minutos después, afuera, una escena despeja la incógnita; Aliuska entra en un yerbazal y sus manos suaves rozan la cabeza de Chula. A poco, sobre el lomo del animal, desanda uno de los trillos de Monte Verde».

El recorrido ilustra las partidas con los primeros rayos del sol, y su andar al menos dos veces a la semana entre montañas y valles; una cruzada por el saber, en busca de escuelitas rurales dispersas del lomerío, que solo en el caso de Guantánamo sobrepasan las 450.

La que en 1895 vio a Cristina Pérez tejer su leyenda mambisa y de curandera, es la misma geografía donde hoy, con entrega incondicional, centenares de educadores del Alto Oriente impiden que la luz de la enseñanza se apague.

Así, de escuela en escuela, Aliuska va sobre Chula por las montañas de Monte Verde. Foto: José Llamos Camejo
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