ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Placa en el lugar donde resultó herido mortalmente el Padre de la Patria Foto: Liborio Noval

El yipi gana trabajosamente la cresta de la montaña por el estrecho camino que trepa por sus laderas. Ya hemos conquistado las dos primeras elevaciones desde que partimos del Cruce de los Baños en busca del histórico refugio de San Lorenzo, en el mismo corazón de la Sierra Maestra, donde cayó en combate contra fuerzas españolas Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria.

Para grabarlo por siempre en la memoria, nuestros ojos observan  en detalle el abrupto paisaje y la mente lo asocia con el que, según las descripiones de épocas pasadas, era el camino a San Lorenzo.

No obstante el paso inexorable del tiempo muy poco ha logrado hacer el hombre para transformar el horizonte de montañas cubiertas de tupidos montes por las que corre el río Contramaestre. Once veces debemos cruzar el principal afluente del Cauto en esta senda montañera, y en cada una de ellas se nos presenta inesperadamente entre gigantes piedras, detrás de empinadas elevaciones o a la vuelta de una curva del camino pedregoso que se corta abruptamente en el extremo opuesto y cae en pendientes que mueren en profundos barrancos.

Hay que cruzar once veces el río Contramaestre para llegar a San Lorenzo Foto: Liborio Noval

Todo da la sensación de selva virgen aún, a pesar de la tala inmisericorde a que estuvieron sometidos estos montes durante más de 50 años de seudorrepública. Abundan en ellos nutridos cacaotales y centenarios cafetos que se extienden hasta el propio firme de la Maestra. Se entremezclan el búcaro de copa roja, la mejorana, yagruma, palmas y ceibas con árboles maderablesy los tupidos yerbazales en los que se perciben crujidos y susurros que reflejan signos de la actividad misteriosa y profunda que palpita en los montes.

Son los mismos montes y montañas que fue venciendo Carlos Manuel de Céspedes para llegar al retiro de San Lorenzo, luego de que en Cambute, a varios kilómetros de distancia, le permitieron separarse de la caballería del gobierno de la República en Armas con la cual tuvo que permanecer durante varios meses después de su destitución en Bijagual.

La Sierra de la Herrería, una de las elevaciones que rodea a San Lorenzo Foto: Liborio Noval

Sin detener el paso del vehículo, observamos desde los alto de la montaña de la Mina, los bohíos dispersos en el monte. No ha terminado aún el descenso y ya se  perfila la loma de El Laurel que se hermana con la hilera de elevaciones denominadas Los Lajiales. Detrás se halla San Lorenzo.

Antes de llegar al histórico lugar debemos ver antiguos refugios de negros cimarrones y lugares donde todavía se narran historias y leyendas sobre las gestas mambisas. Entre ellos el llamado Mango de las Mujeres donde existen centenarios árboles en los cuales las tropas españolas ahorcaron a familias mambisas que se refugiaron en esos montes. También rozamos el campamento de La Lata, que fuera asiento y comandancia de la columna rebelde que encabezaba Juan Almeida.

II

Vencida la elevación principal de Los Lajiales se presenta ante nosotros el refugio de San Lorenzo, en la falda de una loma, rodeado por la sierra de la Herrería, el alto de la Maestra, la montaña el Manacal y la empinada meseta donde nace el río Contramaestre. Al pie de la loma, el tupido monte y las grandes piedras parecen que quieren encerrar la corriente del río, cuyo brazo se interna en la montaña y forma la poza que, según los historiadores, Céspedes prefería por sobre cualquiera otro lugar de este refugio.

La poza, uno de los lugares preferidos de Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria, en su refugio en San Lorenzo. Foto: Liborio Noval

Es casi mediodía, y, sin embargo, la temperatura es fresca, pues fue cediendo el viento sur que quemaba la atmósfera. En forma sutil nos va dominando la deliciosa sensación de estar sumidos en una de las bellezas más grandes de la naturaleza.

Con esta sensación meditamos sobre qué razones habrán impulsaod a Céspedes para escoger este refugio. Quizás fue la seguridad que aparentemente ofrecía, o el hecho de estar bastante cerca de la costa desde la cual podría abandonar su amada Cuba o tal vez que el poeta y el hombre de extraordinaria sensibilidad que se unían en él a las cualidades de hombre de acción le impulsaron a llegar a este maravilloso retiro.

El busto del Padre de la Patria, que ha estado en San Lorenzo durante años, en el lugar donde cayó en combate Carlos Manuel de Céspedes Foto: Liborio Noval

Buscamos el lugar donde se afirma que se hallaba su bohío y hoy sólo quedan pedazos de horcones sembrados en la tierra. Sobre él escribió a su esposa en febrero 10 de 1874:

“Mi casita es bastante grande; de guano, pero bien cobijada y con buenas maderas. Inmediato y casi en derredor hay seis bohíos habitados; de suerte que estamos muy acompañados.

En mi cuarto tengo la hamaca, una mesita escritorio, un banquito para ella (todo de cedro), mis maletas, armas y otros utensilios. No falta que comer y hay un buen baño en el riachuelo. Raro es el día que no hacemos o recibimos visitas a más o menos distancia.

“Todo el vecindario nos muestra mucho cariño. En consideraciones y respeto nada he perdido con la presidencia; por dondequiera que voy (salvo lo oficial) soy acogido como antes; ahora debe ser con más sinceridad y así lo agradezco mucho más”.

III

El 27 de febrero regresaba Céspedes de la poza cuando las balas españolas le sorprendieron en el sendero que termina en su bohío. Intentó alcanzar la choza mientras respondía con su revólver el fuego enemigo. No pudo llegar, una bala le hirió cayendo por un barrando.

La soldadesca atravesó con las bayonetas su cuerpo inerme y lo arrastraron por el monte desgarrándole la piel con las espinas y las piedras, y las huellas de su sangre se confundieron con las yerbas  y la tierra. Los hombres del batallón de San Quintín trasladaron su cadáver destrozado a Santiago de Cuba como un trofeo que los deshonraba. Quizás pensaron que al dar fin a su preciosa vida desaparecería su ejemplo.

Barranco por el que cayó Céspedes herido de muerte, y por donde la soldadesca española arrastró su cadáver. Foto: Liborio Noval

Cien años más tarde, en esta mañana de febrero de 1974 al final de nuestro recorrido por el camino de San Lorenzo, jóvenes hijos de campesinos y de obreros cantan alegres y confiados mientras trabajan afanosamente en el arreglo de la senda que conduce a la colina histórica, junto con el barranco donde se levanta el monumento que indica el lugar en que cayó el Padre de la Patria.

Los observamos desde el braso del Contramaestre, junto a la poza de Céspdes, donde el ruido del agua, al caer, se multiplica en mil sonidos. Una muchacha, al vernos, sonríe, y pensando quizás que estamos perdidos en el monte, en busca del monumento, nos dice con persuasiva voz mientras indica el busto de Céspedes y como quien habla de alguien que todavía vive y piensa:

-Oiga, venga, que aquí está el Padre de la Patria.

Artículo Por el Camino de San Lorenzo, de la autoría de Joaquín Oramas y fotos de Liborio Noval Foto: Archivo de Granma
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