
Matanzas. –La práctica del tenis de mesa cobra vida en el barrio. Por razones conocidas, ese apego es todavía mayor durante los tiempos que corren.
Poco antes inclusive de la muy difícil situación generada por el recrudecimiento del bloqueo, la calle de Compostela, entre Río y Medio, en esta ciudad, era ya un lugar a donde concurren decenas de niños a jugar pimpón.
Esa afición por la disciplina deportiva se debe en gran medida al entusiasmo y las energías de Fidel Carlos Rodríguez Saladrigas, quien ha dedicado su vida a la práctica del tenis de mesa.
«Ya son casi 60 años en estos trajines», dice y sonríe mientras observa la preparación de los pequeñines de su área. Al apreciar el avance de sus pupilos disfruta como en sus mejores tiempos de jugador.
Según expertos el pimpón es uno de los más atractivos juegos con pelotas, donde resulta vital la velocidad de reacción del atleta y sobre todo la disciplina deportiva.
Poco a poco, y con la ayuda de varios amigos y familiares de los muchachos, Fidelito ha ido creando las condiciones necesarias en dicha área, donde ya logró ubicar dos mesas y dispone de raquetas y pelotas para el desarrollo de los menores.
Admite que alumnos ya avanzados en el aprendizaje de este deporte llegan hasta Compostela para entrenar.
Desde el área, insiste el preparador, realizan captaciones para la EIDE Luis Augusto Turcios Lima.
Explica que una condición indispensable para llegar a ser un buen tenista es empezar desde edades tempranas. Mientras más pequeño mejor, «en este deporte los campeones maduran temprano, asegura».
Es una disciplina que requiere de iniciación temprana, y a veces los padres tardan mucho en traer a los niños al área, comenta Fidelito.
«Pero lo más importante es la disciplina y el rigor del practicante; los buenos reflejos y otras habilidades no son suficientes».
Aunque en el tenis de mesa nunca compitió al más alto nivel, por las manos del experimentado preparador han pasado decenas y decenas de practicantes.
«Contribuí en la formación de muchos pequeños, algunos de los cuales consiguieron excelentes resultados; dos de ellos compitieron en Juegos Olímpicos.
«Creo que mi mayor mérito es la captación de talentos y enseñarles el abecé de la disciplina; es muy bonito trabajar con niños».
Luna, una de las más pequeñas del área, manifiesta su intención de llegar a ser campeona nacional.
El profesor se muestra orgulloso al reconocer que en una época cuatro de los integrantes del equipo Cuba eran matanceros.
Ex alumnos suyos residen en el exterior y lo auxilian con pelotas y raquetas.
«Ahora bien, para nosotros es determinante el respaldo de los activistas y de los padres. Son el sostén del proyecto, que ahora como nunca sirve además para la recreación de muchos pequeños del barrio».
Para reforzar el propósito de este proyecto, algunos veteranos se han sumado para ayudar a Fidelito en la preparación de los muchachos y «recordar los buenos tiempos».
Pronto colocarán otras dos mesas y de esa forma se ampliará el número de practicantes, sostiene Fernando Navarro Fernández, de los más asiduos entre los adultos. «Esta es una excelente oportunidad también para nosotros, quienes ayudamos en el aprendizaje de los niños y al propio tiempo nos ejercitamos».
Esta y otras ideas similares que se acogen en la provincia, comenta José Luis Gándara Martínez, director de Deportes en el territorio, se corresponde con la estrategia de no cruzarse de brazos en la actual coyuntura. A pesar del cerco imperial, el deporte sigue vivo, manifestó.














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