ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Abdel encarna una alegría que nace de su respeto a la vida. Foto: de la autora

En el corazón de la empresa Combiomed, donde la tecnología y la humanidad se entrelazan para dar vida a equipos que, a su vez, salvan vidas, se encuentra Abdel Rodríguez Hernández, su jefe de Servicios Técnicos. Hombre de estatura imponente y pelo oscuro, su presencia transmite una calma resolutiva, la misma que ha guiado su dedicación profesional por años.

Abdel ha consagrado su vida a una misión silenciosa pero profundamente transformadora: reparar equipos médicos. Lo que para muchos podría ser un trabajo técnico más, para él es un acto de servicio. Cada monitor, cada ventilador, cada escáner que llega a sus manos, lleva consigo una historia de urgencia, esperanza y cuidado.

Él sabe que detrás de cada pieza rota hay pacientes que aguardan un diagnóstico, un tratamiento o una señal de alivio.

Su labor va más allá de manuales y herramientas. Abdel hace las cosas con amor, con esa meticulosidad paciente que nace del respeto por la vida que esos equipos sostienen.

Cuando un dispositivo vuelve a funcionar, no es solo una victoria técnica; es un puente que se restaura. A menudo, llegan a él muestras de agradecimiento de pacientes y personal médico: una nota, una llamada, un simple «gracias» que le recuerda que su trabajo no arregla solo máquinas, sino que restaura rutinas, alivia angustias y, en muchos casos, cambia el curso de vidas enteras. Cada equipo reparado es un latido más que continúa, una familia que recibe buenas noticias.

Fuera del taller, Abdel es padre de dos niños, y en su hogar brilla con la misma entrega que caracteriza su profesión. Su hija, con la sinceridad absoluta de quien ve con el corazón, asegura sin dudar que su papá es para ella un héroe, y el mejor padre del mundo. En esa declaración se resume el hombre: el mismo que con manos expertas devuelve la funcionalidad a un equipo crítico, es el que arma juguetes, escucha cuentos y ofrece un abrazo que todo lo calma. Para sus hijos, él es el superhéroe cuyos poderes son la bondad, la presencia y el compromiso.

Abdel Rodríguez Hernández es, así, un pilar en dos mundos: en Combiomed, donde su experticia y vocación sanan instrumentos vitales, y en su hogar, donde su amor construye los cimientos de un futuro lleno de valores; Él encarna la idea de que el verdadero impacto no siempre está en los grandes gestos, sino en el compromiso constante, en arreglar lo que se rompe, ya sea con un destornillador o con una palabra de aliento, siempre con el firme propósito de ayudar, de dejar una huella positiva, una vida mejorada a su paso.

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