Es 2020, plena pandemia. Manos gráciles colocan con precisión la muestra en las placas de pocillos. El software procesa los datos, arroja el resultado. Dudan un poco, miran de nuevo por el microscopio. Ahora sí, lo confirman.
El virus sars-cov-2, causante de la COVID-19, ha sido finalmente aislado en este laboratorio, y las investigaciones para contrarrestarlo podrán avanzar.
Luego, cuando los demás centros de BioCubaFarma obtengan los candidatos vacunales, aquí comenzarán las pruebas en modelos animales para evaluar la eficacia. Se realizarán estudios preclínicos de inmunogenicidad y se procesarán muestras de pacientes para el diagnóstico del virus.
No importa si los trabajadores estuvieron 24 horas seguidas en su labor. En el Centro de Investigaciones Científicas de la Defensa Civil parece que la vida no tiene pausa.
«Tuvimos turnos de trabajo de 48 o 72 horas, y mantuvimos ese ritmo durante muchísimo tiempo. Aún hoy continuamos con investigaciones para determinar los niveles de anticuerpos neutralizantes que protegen a la población cubana vacunada contra la COVID-19», comenta la primera coronel Mireida Rodríguez Acosta, directora del Centro.
Además, la institución se encarga de la vigilancia y el monitoreo permanente de microorganismos causantes de enfermedades con potencial epidémico, y de aplicar la investigación científica para mejorar la salud humana, animal y vegetal.

POR UNA SOLA SALUD
Otto Cruz Sui, subdirector científico productivo del Centro de Investigaciones Científicas de la Defensa Civil (CICDC), tiene más años trabajando aquí de los que puede recordar. Posiblemente sea una las personas que mejor conoce esta institución.
Dice que el Centro fue creado por idea del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, «a raíz de la epidemia de dengue hemorrágico por la cual fallecieron 101 niños.
«Aunque estamos subordinados a la Defensa Civil para el enfrentamiento a desastres sanitarios, bajo el concepto de Una Sola Salud abarcamos también lo relacionado con las epizootias (epidemias en animales) y epifitias (epidemias en las plantas)».
Una de las primeras misiones fue el diagnóstico y monitoreo del VIH/SIDA y la producción de medios diagnósticos para el pesquisaje y la confirmación de la infección.
Madeline Blanco de Armas, jefa del laboratorio de Biología Molecular, añade que el CICDC apoya al Programa Nacional de ITS-VIH/ SIDA, analizando a infantes nacidos de madres seropositivas, y monitoreando la carga viral de personas que viven con VIH y Hepatitis.
Por si fuera poco, realizan, igualmente, estudios de resistencia a las drogas antirretrovirales para determinar la efectividad de los tratamientos.
Madeline Blanco, quien es de esas personas que «se dejan la piel» primero y luego exigen a los demás, cuenta que, como parte de un proyecto para generar capacidades, han creado tecnologías para identificar organismos transgénicos de consumo humano, como la soya y el maíz.
Sin embargo, lo que distingue al CICDC es el laboratorio de contención biológica de nivel iii –certificado por el Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente–, en el cual se trabaja con microorganismos de alto riesgo.
«Y en esas condiciones de bioseguridad radica la filosofía de la institución: cuidar al trabajador y al medio ambiente de los peligros que acarrea trabajar con enfermedades infecciosas potencialmente mortales», explica Otto Cruz.
EL TRABAJO ACELERADO
Alrededor hay tubos de ensayo, probetas, pinzas, cápsulas de porcelana. Enrique Noa Romero, jefe de laboratorio de Virología, está sentado y mira por el microscopio de siempre una línea celular. Prefiere decir que este lugar es su primera casa: sabe a qué hora llega, pero no cuándo se va, porque «la célula es un organismo vivo y por eso no podemos hacer un plan. Los virus tampoco tienen fin de semana, ni días laborales ni días feriados. Se trabaja con sistemas muy variables».
El laboratorio de Virología «es la base de muchas cosas». Aquí se producen los reactivos biológicos que permiten a otros laboratorios elaborar sistemas de diagnóstico. Recientemente –precisa Enrique Noa– realizaron la primera evaluación de la apitoxina (veneno de abeja) y demostraron que este producto tiene actividad antiviral contra el sars-cov-2.
Entre tanto, en el laboratorio de Legionella se trabaja para identificar sitios de riesgos en las instalaciones vulnerables en las que puede encontrarse esta bacteria, así como en la prevención y control de los lugares que podrían estar contaminados por el microorganismo.
Según su jefe, Nibaldo González Sosa, el laboratorio participa, además, en la capacitación del personal técnico de las entidades inspeccionadas y en la confección de normativas preventivas.
«Y una vez identificado el patógeno, volvemos a esas instalaciones para evaluar la efectividad de las medidas de descontaminación», detalla.
LA COFRADÍA
La primera coronel Mireida Rodríguez, directora de cicdc, lo dice con claridad: «El principal objetivo es continuar desarrollando las líneas de investigación, fomentar nuestros nexos con otros centros científicos y prepararnos cada día para enfrentar graves epidemias, ya sean las que afecten al hombre, a los animales o a las plantas».
Pero lo fundamental, refiere la coronel Marta Dubed Echevarría, subdirectora general, «es el recurso humano. Son muchos años, y la relación que se ha formado entre los trabajadores trasciende las fronteras laborales».
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Es 2020, plena pandemia. Madeline confirma que el resultado es correcto: ha sido aislado el virus
sars-cov-2 en el laboratorio de Virología y las investigaciones para contrarrestarlo podrán avanzar.
En el Centro de Investigaciones Científicas de la Defensa Civil no es un día cualquiera, bien lo sabe Nibaldo, quien cumple junto a Madeline 35 años de casados.
Por eso, mientras ella mira para otro lado, supervisando a su equipo de trabajo, él aprovecha y, entre medios de protección, le dedica un mensaje: ¡Feliz aniversario!
























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