ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Flavia es de esas jóvenes que son símbolo de esperanza. Foto: Nieves Molina

Estudia medicina en La Habana, vive en La Coronela, La Lisa, y desde niña solo ha querido ser cirujana.

Flavia Pereda López, de 19 años, lleva consigo un contraste que define su esencia. Mientras su cabello rojo puede llamar la atención en cualquier multitud, sus ojos reflejan una seriedad y una determinación que solo poseen quienes cargan con un sueño grande sobre los hombros.

Cada vez que Flavia llega a la facultad, busca el murmullo vital de sus amigos. Asegura que es el ambiente de quienes comparten el mismo sacrificio, el mismo olor a éxito y a lágrimas que impregna los pasillos.

En aulas en las que a veces hay que turnarse para estudiar la única pancarta de anatomía disponible, Flavia ha aprendido que la excelencia médica cubana no se construye con equipos nuevos, sino con miradas atentas y preguntas persistentes.

Asevera que el motor de su vocación late en casa. Su madre, médica, nunca le dijo que estudiara medicina, pero le mostró con su ejemplo diario «que es una carrera hermosa». Esa imagen la sostiene en los días difíciles, cuando el cansancio se acumula en los hombros, pero la mente debe mantenerse «siempre alerta, siempre disponible». Flavia conoce el peso de las decisiones médicas, sabe que «una decisión errónea puede tener bastante peso en contra», y por eso su autoexigencia es tan intensa como su esfuerzo.

En su barrio, los vecinos la reconocen como «la futura doctora». La paran en la calle para pequeñas consultas: tomar la presión y explicar cómo usar un inhalador, y ella responde con la humildad de quien sabe que aún está aprendiendo, y con la responsabilidad de quien entiende que está para servir.

Describe a sus profesores en la Facultad de Ciencias Médicas Victoria Girón como excepcionales, precisamente por su disponibilidad constante y apoyo sin reproches. En ellos encuentra el modelo de la medicina que quiere practicar: una en la que el conocimiento técnico nunca eclipse la humanidad.

Es la voz de una joven que, consciente de las limitaciones de su contexto, ha decidido que su sueño de cirujana vale cada sacrificio, cada hora de estudio bajo una luz inestable, cada práctica con recursos limitados.

Ella es el ejemplo vivo de que, en Cuba, los sueños profesionales se construyen con determinación inquebrantable y con la certeza de que servir a los demás es el mayor honor que puede brindar una carrera. Flavia es parte de esa generación de jóvenes que se erige como símbolo de esperanza en un país que intenta abrirse paso en la complejidad de estos tiempos.

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