ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Esta será la octava zafra de Arahy como jefa de Mantenimiento. Foto: Nieves Molina

Sabe que para amarse están hechas las cosas. Sabe que, para amarlas, muchas veces, hay que saber de qué están hechas.

Quizá por eso aprendió a «fabricar azúcar con las manos», a ras de aquellos tiempos en que las válvulas no se cerraban con el click de un mouse y «el viejito Moya tenía que pasarse una o dos horas dando cadenas y halando, constantemente, una que colgaba del techo».

No había mucho de «automático» en los centrales de entonces: esa mala costumbre de quedarnos quietos mientras corre el mundo. ¿Será por falta de entendimiento? Vertiginoso o apacible, si al mundo pudiera alguien entenderlo, ella sería uno de esos extraños seres que lo entendería.

Nació en Camajuaní, un municipio de Villa Clara que, «en ese minuto», tenía, como clones de un reloj, tres centrales azucareros: se sabía «que era la hora del almuerzo cuando sonaba el pito de las 11:30»… Y podía reconocerse «cuál era el pito de un ingenio, cuál era el pito de otro». Eso se lo enseñó su abuela: «El pito del José María Pérez es más fino. El del Luis Arcos es más ronco».

Foto: Nieves Molina

Su nombre es Arahy: «nube rosada de la tarde», jefa de Mantenimiento Industrial en el central artemiseño 30 de Noviembre, la única mujer con ese puesto en uno de los sectores más grandes del país.

No tiene la mirada cansada que recuerda en su abuela, aunque, a ratos, el cansancio sea el mismo. Tampoco le interesa que, cuando muera, la evoquen como «alguien que hizo cosas transcendentales». Sépase que, para entonces, si le permiten llevar algo a la otra vida, llevará sus libros. Pero, bueno, aún estamos en esta y será ella quien, a intervalos de palabra, se las cuente; será ella quien les diga:

«Fui una niña muy libre que creció en el campo. Mis juegos pasaban por todo lo que puede considerarse libertad para una niña: cazar mariposas, cazar abejas, montar a caballo, bañarse en un río, visitar los chuchos de caña».

En el batey donde creció, abejas había de sobra. «Pensarás que no, pero tienen mucho que ver con los centrales. Vienen a la miel, al olor del azúcar». Durante los meses de frío, los alrededores «se llenaban de campanillas blancas y, cuando las abejas se metían dentro de la flor, poníamos una especie de pomito detrás y las pescábamos» (olvidé preguntarle cómo cazaba mariposas).

Su abuela «era una gente sabia». Le decía: «Tití, tienes que ser espabilada porque camarón que se duerme se lo lleva la corriente». La recuerda «perfectamente, como si la estuviera viendo ahora mismo. Era alta, porque vino de las Islas Canarias.

«Mi abuela trabajó mucho. Le costó la inmigración. De pequeña me llevaba a las casas con grandes cultivos de caña y gente a la que se le decía “los acomodados del campo”. Era criada y, una vez que terminaba de fregar, hacer el almuerzo y esas cosas, salía y trabajaba a la par de los hombres en los campos. La vida era dura. Difícil…

«Lo que más me llamaba la atención era que, cuando llegaba la noche y nos alumbrábamos con una chismosa, a pesar del cansancio, podía pasarse horas enteras con nosotros –alrededor de cuatro o cinco nietos– haciéndonos cuentos, como si fuera una puerca parí’a arriba de una cama. No sé de dónde los sacaba. Pero toda la literatura infantil desfiló delante de mis ojos, sin yo saber leer ni escribir, de la mente y la voz de mi abuela».

Entre «las cosas con más rectitud» que recuerda está la escuela rural en la que estudió. Por aquel entonces, si su «maestra Blanca» hubiera apostado a que sería profesora de Historia –como perjuró tantas veces–, habría perdido. Arahy Otaño siempre le porfiaba que lo suyo era ser ingeniera en un central, pero esos eran pájaros volando en cabezas de niñas que cazaban abejas. 

Quién lo diría… Se graduó «de Ingeniería Química en el 92», como una más de esos testigos del «periodo especial: apagones de 18 a 20 horas, inflación. Una libra de arroz costaba 150 pesos, cuando 150 pesos eran...». Aquella, según ella, era una Cuba «como la de esta época, con una diferencia: antes no éramos tan materialistas; éramos un poco más sentimentales.

«Cuba siempre ha vivido atragantada. Pero había unas ganas de hacer, de crear. Para nosotros lo más importante del mundo era una carrera, era llegar a graduarnos, era el momentico de decir “llegué”. Todo estaba aquí. Todo lo que uno soñaba o quería en la vida estaba cerca».

Ella no fue de esas gentes que saben de lleno en lo que se meterán. La culpa la tuvo «una porfía» con su mamá, porque: «Yo quería ser periodista igual que tú. Pero para ser periodista en ese tiempo había que ser un genio. Así que se me ocurrió una idea tremenda: pasar el Servicio Militar, porque por la Orden 18 era muy fácil. A mi mamá le dio un ataque horrible. No podía imaginar que su hija fuera al Servicio Militar, con esa machanguería… Entonces le dije: “Pues voy a estudiar Ingeniería Química, pa’ ponchar en el primer año”».

Pero el destino no cree en «elección propia» y la Química, que era lo que menos le gustaba «en este mundo», acabó gustándole lo suficiente como para soltar con orgullo aquel «llegué», que sonaba más ligero en la Cuba del 92.

Su primera zafra la hizo como estudiante en un «centralito piloto» anexado a la universidad. Y tras el título fue a parar, durante «17 años», al José María Pérez.

Lo habían desactivado cuando ella se mudó para Artemisa. Luego se le tildó de «dichoso» por ser el único del municipio «que quedó vivo». Pero, de todas formas, Arahy no volvió, porque quien migra «por amor», si al amor le cae bien, no vuelve.

¿Será también por amor que escribe poesía? No hay certezas tan puras. Solo profesó que su «escribir es como un parto. Comienzas a gestarlo, pero no sabes a qué hora de verdad va a ser. A veces, te despiertas en una urgencia increíble, a las cuatro de la mañana, y ¡paf!: pariste un muchacho con los ojos verdes, rubio, de lo más bonito».

Cuántos poemas habrán nacido en esas circunstancias, durante los más de 15 años que lleva en este pueblo. Nadie sabe si, cuando se va, es más de donde se va o más de adonde llega. Y supongo que ella tampoco haya hecho esos cálculos.

Lo que más extrañó fueron las palabras que allá todo el mundo entiende, las frases que allá no llevan explicación alguna. Muchas demencias tendrían que pasar para que olvide las horas en que anduvo buscando una «llave Stillson» por medio central, para que, después de tantos «aquí no hay eso», alguien dijera: «No, mija. Eso es un picoloro». 

En el 30 de Noviembre –como en Villa Clara– empezó siendo técnico, luego inversionista… hasta que: «me dieron la tremenda oportunidad de trabajar en la Empresa de Servicios Técnicos Industriales (ZETI). Participé en la construcción y montaje de muchos ingenios del país».

Pero esa usanza del albergue «en cualquier parte» y la comida «a cualquier hora» fue la introducción a un diagnóstico de diabetes. Entonces, hubo que volver a puerto seguro.

«La directora era una mujer. Marisol. Me dijo: “Mira, plazas técnicas no tengo ninguna. La única plaza que tengo es para Jefa de Mantenimiento. ¿Tú tienes pantalones pa’ eso?”. Le respondí: “Yo no sé si tengo pantalones. Lo que no tengo es trabajo. Hay que probar”. Y probando sigo».

Sabía «cómo estar entre tantos hombres». En el José María Pérez trabajó con «80 o 90», al contraste de «dos o tres mujeres» y, poco a poco, entendió que aquello no era tan malo.

Ahora tiene «236 subordinados: casi todos hombres». Y, si se les ve envueltos en esa mugre que han abortado las zafras, sobrevolando hierros de no sé cuántas toneladas por encima de sus cabezas: uno duda de que «dirigirlos» sea «fácil». Pero habrá que creerle a Arahy cuando recae en que no da trabajo dirigir a quien ama lo que hace y, si hay gente que lleva aquí décadas, por algo será.

No hay quien le desmonte aquello de que «el mantenimiento es el alma del central», porque «si los martillos de las cuchillas no reciben el tratamiento que requieren, si las mazas de los molinos no se ajustan como tienen que ajustarse», llevar la zafra a buen término es utopía de desentendidos.

La pasada se atrasó por «falta de aceites y lubricantes». Estuvo «marcada por una inestabilidad de la molida horrible, que provocaba un gran desbalance energético. Los problemas operativos iban sucediéndose uno tras otro porque la gente pierde las ganas de hacerlo bien. Esa última zafra fue la más dura, pero te diría que esta va a ser más dura todavía».

A quien creció en un batey, donde, a causa de lo distinto del aire, se sabía bien claro cuándo había azúcar en el enfriadero; a quien, desde siempre, ha llevado esa vida que solo se lleva en los ingenios, se le esconde la rabia detrás de la lengua y le duele que la industria azucarera haya dejado de ser la locomotora de la economía.

No hay mucho que decir después de esto, pero sepan que los pájaros en la cabeza de Arahy, cansados de volar a contraviento, hicieron un nido. Será por eso que la reconozcan si se la encuentran por ahí y, si se la encuentran por ahí, por favor, pregúntenle cómo cazaba mariposas.

A Cuba le hacen falta unas cuantas en el estómago.

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Barbaro dijo:

1

26 de enero de 2026

07:46:08


Arahy, felicidades: se como cazabas mariposas, las correteabas por todo Sambenigno y después las guardabas en un pomo de boca anchas y luego las soltabas ,pero¿ ya encontrastes la escuadra redonda que buscaste por todo el fe ,el día de tu prueba de la novatada.

Lázaro dijo:

2

26 de enero de 2026

09:11:59


Felicitaciones para esa compañera.

Franz30Nov dijo:

3

9 de febrero de 2026

11:26:39


No solo se destacada como jefa de mantenimiento del Central 30 de Noviembre, sino también que escribe poesías y poemas que alegran el alma. !Felicidades!

Belkis Chavez lastre dijo:

4

9 de febrero de 2026

21:32:03


Felicidades para mi hermana del alma no tengo palabras para describirla es de los jefes que le gusta ayudar a sus trabajadores es muy humana ,no le tiene miedo a ninguna tarea que se le asigne para mí es de las personas más capaz que tiene ,consagrada a su trabajo y no le tiene miedo a ninguna tarea por muy fuerte considero que sea una fortaleza que cuente hoy Empresa Agroindustrial Azucarera 30 de noviembre contar con un dirigentes así

Esperanza dijo:

5

13 de febrero de 2026

16:00:03


Linda y emotiva historia de amor a su trabajo, a la vida, a la naturaleza, a su país. ¡Felicidades Arahy!