ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Al utilizar técnicas agroecológicas, la tierra es agradecida. Foto: José M. Correa

Es una verdad de Perogrullo: sin comida no hay vida que prevalezca. Por eso, mucha gente saca sus cuentas, hace sus cálculos, sobre qué comprar y cuánto.

«La cosa está dura». Esa misma gente lo sabe y se lamentan cuando rememoran que el arroz de la canasta básica no llega desde «antaño», porque el Programa arrocero no alcanzó los niveles previstos; o cuando alguna hortaliza se «esfuma de la mesa», a pesar de estar en temporada.

Por eso cuesta desprenderse del campo cuando se ha servido de él casi toda una vida. Eso bien lo sabe el guajiro Yirián, más aún si, al abonar la tierra con el humus de lombriz, utilizar excrementos de animales y cultivar varias plantas en un mismo espacio, «la cosecha da pa’ abastecer mi casa, la de mis abuelos, la de mis tíos y la de mi mamá. Y también mandamos pal’ hogar de ancianos y el hogar materno».

Es indudable: al utilizar técnicas agroecológicas, la tierra es agradecida. Pero, ¿cómo con su uso se podrá incrementar la producción nacional de alimentos?

 

UN MODELO RESILIENTE

Con la certeza de que el «alimento más seguro es el que podamos producir», Leonardo Chirino González, fundador del movimiento Agroecológico de Campesino a Campesino de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, no escatima en decir que la agroecología no debe ser vista como una simple alternativa por falta de agroquímicos, sino como una transformación consciente hacia un modelo más soberano y resiliente.

De ahí que, «hay que verla como un sistema en el que se combinan varios factores: prácticas amigables con el medio ambiente, basadas en la conservación del suelo, la semilla, y la vinculación de la agricultura con la ganadería».

Existen varias formas de implementar esta técnica, y el policultivo es una de ellas. Leonardo prefiere ejemplificarlo así: «si viene un ciclón y solo tengo sembrado plátanos, el ciclón lo acaba, pierdo la cosecha, y también económicamente. Pero si tengo, además de plátanos, otros cultivos de ciclo corto, aunque se dañe uno, dispongo de las demás producciones, y la finca es más provechosa».

Sobre la conservación del suelo, además de utilizar el biogás generado en la propia finca (restos de comida, cáscaras de huevo, hojas, raíces, estiércol bien descompuesto), dice que no se recomienda exponer la siembra a los rayos solares directamente. «Si está protegido por un abono verde o por una hierba que no compita con los cultivos principales, se conserva el suelo y también el agua porque se evapora menos».

En la agricultura convencional se emplean químicos para combatir las plagas y enfermedades. Sin embargo, estos productos –que dejan residuales en las hojas, en los frutos o incluso en la tierra– pueden ser contaminantes. De ahí que se aprovechen insectos que actúan como controladores naturales.

Decir que existe, en la agroecología, una receta predeterminada sería pecar de incrédulo. «Aquí es a partir de lo que pase en cada finca, del análisis que se haga. Por eso no se puede convertir un terreno en agroecológico de la noche a la mañana».

Se dice mucho: que en pequeñas extensiones los resultados son más rápidos, pero que también es aplicable en grandes hectáreas; que con cualquier cultivo se puede implementar prácticas agroecológicas, «incluso con el arroz, la caña, la papa…, que son cultivos muy demandantes». 

 

Con cualquier cultivo se pueden implementar técnicas agroecológicas. Foto: Juvenal Balán

AUTOABASTECIMIENTO SUSTENTABLE

Se llama La excelencia. Es una finca en usufructo, y confiesa Mario que antes era una zona «muy boscosa, con muchas piedras, muchos obstáculos» y que realmente no era un área productora, «solamente era un área de ganado con maleza».

Entonces diseñaron una sucesión de cultivos y sembraron, en 1,87 hectáreas, mango, guayaba, aguacate, mamoncillo, chirimoya. Hicieron también un marco de plantación de ocho metros de «camellón y de seis metros de narigón», con el objetivo de sembrar entre esas hileras hortalizas, viandas e intercalarlas con café. 

Por si fuera poco, por causa de los «microorganismos eficientes de montaña», incorporaron en La excelencia la cría de alevines y, junto con el resto de los productos, lo comercializan con centros asistenciales.

Sin embargo, «los comités de contratación que existen en los municipios fijan un solo precio para cualquier tipo de producto, cuando debería de haber diferencias con los agroecológicos».

De 226 568 fincas adscritas a la ANAP, 147 329 iniciaron la transición agroecológica y solo 3 692 ya poseen el certificado y sellos correspondientes para la comercialización y la exportación de los productos.

Según establece el Decreto 128 De la Agroecología, el Ministerio de la Agricultura debe facilitar el acceso a tecnologías apropiadas para la producción agroecológica, así como brindar asistencia técnica basada en las características de cada terreno, socializar la información y el conocimiento que se generen entre los técnicos y productores agropecuarios y forestales, y fortalecer las instituciones propias y los conocimientos tradicionales de los sistemas agroecológicos que generan y conservan semillas, variedades y patrimonios bioculturales.

Por otra parte, el Programa Nacional de Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar es otra de las bondades que garantiza el acceso a alimentos locales, frescos y nutritivos en las ciudades. Y el Movimiento Campesino a Campesino, involucra a más de 200 000 familias campesinas en un proceso continuo de formación y aprendizaje.

Es evidente que en el país existe un marco legal que traza la viabilidad para lograr soberanía alimentaria. Sin embargo, las prácticas agroecológicas no han logrado una expansión completa y uniforme, pues persiste la dependencia de las importaciones de alimentos e insumos, para la agricultura convencional.

Lo que sí está claro es que las familias que aplican este método en sus fincas logran autoabastecerse y abastecer a la comunidad. Pero, la transición hacia un modelo 100 % sustentable y autosuficiente será un proceso gradual, que requiere superar dependencias históricas y limitaciones estructurales con una implementación constante y sistemática de las políticas ya establecidas.

Además, debe visualizarse como un modelo permanente, no como una sustitución simple. Porque «si desde el principio aplicamos un grupo de esas prácticas y usamos los medios biológicos disponibles en el país» –aclara Leonardo–, ese objetivo ambicioso de alcanzar soberanía en la producción de alimentos «se logra».

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