ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Michel Guerra

Ciego de Ávila - La mañana, fría y suave, despertó a los avileños con el eco de dos convocatorias que, aunque separadas por sesenta y siete años, laten con el mismo pulso de resistencia y unidad.

El pueblo avileño volvió a congregarse en las esquinas donde una vez abrazó a los barbudos de la Sierra Maestra en su tránsito hacia la capital del país para celebrar el acontecimiento.

En aquella ocasión, la caravana de la libertad avanzó, henchida de júbilo popular, como un río de dignidad que recorrió el país. Sin embargo, este sentimiento de celebración se ensombrece hoy y se transfigura en una indignación profunda y ardiente al evocar la memoria de los 32 combatientes cubanos, héroes que cayeron en suelo de la República Bolivariana de Venezuela en el sagrado cumplimiento de su deber internacionalista. En cada avileño presente en el acto surge, tozuda y dolorosa, la silueta de los 32.

Treinta y dos combatientes cubanos cuyo último aliento no se exhaló en la Sierra Maestra, en el lodazal de la Ciénaga, sino en el suelo ardiente y complejo de la República Bolivariana de Venezuela.

«Son héroes que cayeron en el «sagrado cumplimiento de su deber internacionalista». La palabra «internacionalista» pesa aquí como un bloque de mármol: define, justifica y, para muchos, eterniza. «Los caídos eran soldados de la patria que cumplían misiones a solicitud del país hermano. Fueron víctimas de un acto criminal de terrorismo de Estado», como definió en su alocución, Misleydi Abad Modey, primera secretaria del Partido en el municipio de Ciego de Ávila.

La caravana de entonces avanzaba hacia un futuro por construir; la memoria de los 32 parece anclada en un presente de duelos pendientes y defensa de la patria grande. El río de dignidad de antaño encuentra, décadas después, su contracorriente en el silencio espeso que rodea a los caídos, cuya muerte, los eleva al altar de la solidaridad y al altar de los héroes de la patria.

Su sacrificio, en contra del secuestro de un presidente constitucionalmente electo, por voluntad soberana de un pueblo, revela la hipocresía de un imperio que, mientras conspira contra la democracia verdadera, pretende vestirse con los ropajes de la justicia. La alegría por la libertad conquistada y la rabia por la injusticia cometida se funden así en un mismo sentimiento de resistencia inquebrantable.

La jornada de este 5 de enero, ante la presencia de las principales autoridades del territorio, demuestra que, para Ciego de Ávila, la defensa de la soberanía es indivisible. El mismo espíritu que celebra la liberación propia condena el ataque al hermano.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.