ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Ernesto Fonseca: «peligros hay siempre, pero los forestales no tenemos miedo y vamos pa´lante todo el tiempo». Foto: Ronald Suárez Rivas

Pinar del Río.–Luis Antonio Estévez advierte que el trabajo no tiene nada de sencillo, que de su casa a las plantaciones hay varios kilómetros que le toca desandar con su yunta de bueyes, para allá y para acá, que uno tiene que lidiar con los mosquitos, con las candelas, con los rigores del monte.

Sin embargo, luego de 26 años cuidando los bosques de la serranía pinareña, no se concibe haciendo otra cosa. «Llevo toda la vida en esto, porque es lo que me gusta y aquí espero jubilarme».

Cuenta que él solo es capaz de plantar más de mil árboles en una jornada, que con sus bueyes hala la madera para cargar varios camiones, que en lo que va de campaña ha cortado más de 12 000 cujes para la actividad tabacalera.

«¿En qué tiempo hago todo eso? Es que yo soy eléctrico», dice y sonríe.

Luis Antonio es uno de los miles de hombres y mujeres que, a lo largo de Cuba, garantizan la sostenibilidad de los bosques. Gracias a ellos, a pesar de los incendios y los huracanes, el patrimonio forestal del país continúa creciendo.

Las últimas evaluaciones indican que el 32 % de la Isla está cubierta de árboles.

Las cifras contrastan significativamente con el panorama que existía al triunfo de la Revolución, en 1959, cuando los bosques apenas cubrían un 13 % del territorio nacional.

Arturo Forteza, director del Servicio Estatal Forestal (SEF), explica que el incremento registrado en las últimas seis décadas responde a una política dirigida a la reforestación, y también al arduo trabajo de especialistas y obreros como Luis Antonio.

Detrás de los números, advierte que hay toneladas de esfuerzo, en un sector severamente golpeado por las limitaciones económicas que afronta el país.

Ante los apagones, que dificultan sobremanera el riego de las posturas en los viveros, la escasez de combustible y maquinaria para reparar los caminos de acceso, cortar la madera y extraerla; y la falta de piezas en los aserríos, los forestales cubanos apelan a las innovaciones, al uso de la tracción animal, y a las más disímiles soluciones en aras de continuar el fomento de los bosques y de su explotación de manera sostenible.

En ese sentido, a tono con la Ley Forestal, el Director del SEF asegura que se mantiene la práctica de sembrar entre dos y cinco árboles por cada uno que se corta.

«No es posible talar y no reforestar, porque con el tiempo, esto significaría volver a lo que sucedía antes del triunfo de la Revolución».

En aras de que no ocurra, Luis Antonio comenta que, luego de apoyar las labores en el corte y acarrear la madera hasta los puntos de acopio, él mismo es de los que toma un pico para preparar el suelo donde se volverá a plantar.

«Aunque tenemos carencias, hacemos todo lo posible por asegurar la continuidad de los bosques», coincide Osvaldo Benítez, jefe de la unidad básica de producción de Máquina Vieja, en las montañas del municipio pinareño de San Juan y Martínez.

La zona ha sido noticia varias veces en los dos últimos años, por los incendios de grandes proporciones originados allí. Ernesto Fonseca, operador de uno de los buldócer que ha estado en la primera línea de combate, confiesa que la experiencia estremece. «No solo se trata de la madera que se pierde, sino de todo lo que se ve: los animales quemándose, las aves, sus nidos. Uno se dice ¿qué cosa es esto? Es algo triste, triste, triste».

El enfrentamiento a estos hechos, desatados en la inmensa mayoría de las ocasiones por negligencias del hombre, implica riesgos.

«Uno se pasa día y noche encima del buldócer, sin parar, entre los palos que se caen, con el vapor arriba, a veces hay que atravesar hasta la misma candela para poderla frenar».

Lo dice con el orgullo de quien ha batallado contra el fuego a todo lo largo de la cordillera de Guaniguanico, hasta vencerlo, y luego ha ayudado a la reforestación.

«Peligros hay siempre, pero los forestales no tenemos miedo y vamos pa´lante todo el tiempo».

Así también lo cree Armando Jesús Castillo, motoserrero de la unidad silvícola de Pinar del Río, y advierte que no hace falta adentrarse en los bosques para comprobarlo.

Cada vez que un huracán azota el país, y las calles y las carreteras quedan obstruidas por la caída de los árboles, son la primera fuerza que llega para abrir el paso, y que pueda avanzar el resto de la ayuda.

Armando, por ejemplo, lo ha hecho en casi toda la Isla. «He estado en Guantánamo, en Santiago de Cuba, en Matanzas, en Villa Clara, en Mayabeque, en Artemisa, en La Habana...

«Los ciclones son terribles. A uno le duele ver tanta destrucción y es imposible no sensibilizarse con la gente. Pero con lamentarnos no resolvemos nada. Por eso, después del primer impacto, sabemos que lo que toca es trabajar duro para salir adelante».

Ellos también son, muchas veces, héroes que cumplen en el anonimato sus hazañas. Su misión social está clara, y sin estruendos ni remilgos la cumplen. A nosotros, como sociedad, nos toca la conciencia, la responsabilidad. Cada bosque, cada árbol, es también el patrimonio de todos, aunque a algunos les toque, cada día desvelarse por ellos.

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Juan dijo:

1

23 de junio de 2025

05:39:14


Así es compañeros . Hoy el Palo Blanco y el Marabu cubren grandes áreas que pudieran ser cultivadas . En La Prueba (Guayos , SS) mi abuelo tenía media caballería sembrada tabaco , maíz , plátano, malanga , frijoles . Tenía un pequeño naranjal . Los puercos se criaban con maíz, calabaza, yuca y caña . La carne de puerco y la manteca nunca faltaba , mi abuela vendía pollos a los viandantes que pasaban a caballo con conservas , jabón, dulces , panes etc . Se vendía el tabaco cada año y hubo dinero para ir a Guayos a verbenas y juegos de pelota. Ahora hay escuelas , policlinicos pero todo aquello que hubo antes alli ya no existe . La media caballería está cubierta de palo Blanco y Marabu.