Bayamo, Granma.–«Descubierta» por el lente fotográfico de un equipo de prensa que la encontró ajustando tornillos y colocando vigas en el ensamblaje de las mesas que conforman uno de los cuatro parques solares fotovoltaicos, de 21,8 megawatts, que se construyen en esta provincia, la operaria Maricela Ávila Fernández sonrió ante el asombro de quienes veían, por vez primera, a una mujer en esas labores.
Y es que, como especialista en servicios técnicos de Copextel Granma, desde el pasado mes de noviembre y hasta hace unos días, Maricela lideró una de las brigadas de su empresa encargada del montaje de mesas y paneles, así como del cableado del parque La Sabana, el cual se edifica en Bayamo.
Ciclista de alto rendimiento en su juventud, licenciada en Cultura Física y directiva por algunos años, esta granmense decidió en 2018 probarse como facturadora de Copextel, sin imaginar que llegaría a convertirse en una hacedora de luz.
«Mi primer gran reto, tras comenzar a capacitarme y a especializarme en la empresa, fue trabajar en el año 2019, junto a trabajadores de la Empresa Eléctrica de Granma, en la instalación de sistemas fotovoltaicos en viviendas aisladas del municipio de Cauto Cristo. Fue una experiencia conmovedora».
Poco más de un lustro después, Maricela volvería a andar entre paneles solares, pero esta vez en la construcción de un parque enorme.
«Cuando comenzaron las labores constructivas en el parque solar de Bayamo, se necesitaba fuerza humana, y como la empresa no contaba con todo el personal, yo me brindé para apoyar a las brigadas. Recuerdo que no querían mujeres, pues los trabajos eran bien rigurosos, pero dije: déjenme probar. Si veo que no puedo, me retiro, pero antes voy a intentarlo».
Así, ataviada con overol azul y unas ganas inmensas de aportar, esta operaria de 46 años llegó a La Sabana a desafiar los rigores del ensamblaje, del fango y hasta del mismo sol.
«Fue un trabajo complejo, porque teníamos la responsabilidad de armar las mesas y hacer la instalación de los paneles; y me pusieron como Jefa de una brigada de cuatro especialistas. Con ese pequeño equipo lográbamos montar entre tres y cuatro mesas al día. Dicho así parece sencillo, pero cada mesa lleva 26 paneles, 104 tornillos y 48 separadores.
«También, muchas veces tuvimos que lidiar con el fango, que casi se tragaba las botas tras las lluvias, y un sol que, después de las dos de la tarde, prácticamente te quemaba».
Sin embargo, Maricela –ahora de vuelta a la oficina en la que lleva otros controles de su actividad de especialista en Copextel– se emociona al recordar otros de sus desafíos como operaria.
«No lo voy a negar, al inicio, algunos de mis compañeros de trabajo me miraban, se extrañaban, y sé que se preguntaban en silencio: ¿podrá con esto?; pero cuando me vieron trabajando, codo a codo con ellos, sin peros, y casi sin descanso, empezaron a decirme: a esta mujer más bien hay que frenarla.
«Claro, reconozco que no fue una tarea fácil. Por ejemplo, en el montaje de las mesas usábamos guantes, porque las vigas cortaban, pero a la hora de poner los tornillos dentro de las vigas, los guantes lo dificultaban mucho y había que quitárselos y, por tanto, terminábamos con heridas en las manos».
Sin embargo, para Maricela todo ese sacrificio tiene como mejor recompensa el haber cumplido con la misión. Ya en el parque La Sabana se ultiman detalles para su puesta en marcha.
«No fui a La Sabana a darme a conocer –dice otra vez, entre risas, esta abnegada mujer–, fui a trabajar duro y a brindarle mi aporte al país; pero si mi experiencia inspira a otras mujeres, entonces también, por eso, habrá valido la pena».



















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