Delicias, Puerto Padre. –Con no menos contratiempos que otros centrales cubanos en zafra, el coloso Antonio Guiteras ajusta cinturones y puños para restarle cuerpo al atraso que ha venido registrando luego de su arrancada, y seguir sentando bases para no defraudar al país.
Si bien el volumen de azúcar programado para la presente contienda dista mucho de lo que la poderosa industria ponía en manos de la economía nacional décadas atrás, su plan de producción puntea cota a escala de archipiélago.
Directivos, especialistas, obreros… todo el mundo sabe que no basta con haber plantado bandera durante unas reparaciones en las que recursos como la vergüenza y el sentido de pertenencia contrarrestaron lo materialmente deficitario o insuficiente.
Es preciso –además– no parar, por nada ni por nadie, mientras el agro esté empujando caña para el basculador.
Aunque esa (la materia prima) deviene talón de Aquiles para muchas empresas azucareras –si no todas–, en Guiteras no parece quitar el sueño, al menos en términos cuantitativos, durante este segmento que ha seguido al despegue.
Los primeros síntomas de inquietud en Carlos Serrano Gordo, jefe de producción, tienen que ver más con la baja calidad de una gramínea que procede de plantaciones predominantemente quedadas y re-quedadas, lo que obliga a la industria a «hilar bien fino» para sacar más azúcar por intermedio de una eficiencia que tampoco cae del cielo.
Tal aspiración no se torna improbable cuando cada eslabón del proceso tecnológico asegura estabilidad en la cadena.
Para extirpar otra «llaga» que suele originar supuraciones (el completamiento de la fuerza de trabajo), la provincia y el país han logrado alinear órganos de puntería, con vista a que personal de apoyo procedente de los centrales tuneros Majibacoa y Amancio; Uruguay, de Jatibonico, y Cristino Naranjo, de Holguín, se sume a un proceso que ya expulsa por la alta chimenea del gigante puertopadrense bocanadas de integración y de cooperación territorial.
Es tal vez la única manera de llenar, en lo inmediato, el vacío dejado por un éxodo de trabajadores que en su mayoría ha migrado hacia otros sectores, en busca de la motivación salarial que, por lo visto, la industria azucarera no acaba de garantizar en su seno.
En la inserción del sexto molino, la fábrica cifra esperanzas productivas de estabilidad y eficiencia. Las últimas horas, incluso, han mostrado que el otrora coloso, mayor productor del crudo en Cuba, puede hacer una contienda digna, sobre todo si, desde el corte y tiro de la caña hasta el último eslabón de la industria, cada quien afinca la bota, aprieta el puño y hace lo que le corresponde.
Para ello puede hacer falta –y hasta decidir en un momento dado– el recurso material. Pero la partida no se puede ganar sin el enroque efectivo con las convicciones que siempre han llevado dentro los azucareros cubanos. Y de esas, por lo que transpira el interior del ingenio, el Antonio Guiteras no está huérfano.













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