ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Dunia Álvarez Palacios

«Ese joven de 25 años, que se destacó por su activa participación en las actividades clandestinas, supo proteger, con el silencio, su nombre y la vida de la Revolución».

En palabras de la joven Sheila Carbonell Hernández, así se recordó ayer a Gerardo Abreu Fontán, en un acto en el que participaron compañeros de lucha y familiares del mártir, en ocasión de los 67 años de su asesinato.

El 6 de febrero de 1958, día de su muerte, sufrió cruentas torturas, y en su cadáver quedaron las evidencias del ensañamiento: 15 balazos, más de 50 agujeros en la piel, la lengua cortada y los genitales despedazados. Aun así –quedó para la historia–, «Abreu Fontán no habló ni delató a nadie», asegura el testimonio de su compañero de lucha clandestina, Benito Peña González. «Fontán era un compañero intachable. A primera vista, no era fácil descubrir en él quien realmente era: un dirigente de pies a cabeza».

Nacido en Santa Clara, de Fontán se dice que gustaba de las manifestaciones artísticas y, aunque recitara poesía, no titubeaba ante ninguna misión revolucionaria, por arriesgada que fuera.

Al acto –realizado en los predios del actual Consejo de Ministros, entonces Tribunal de Justicia– asistieron el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez y Ricardo Cabrisas Ruiz, vice primeros ministros; y los generales de Brigada José Amado Ricardo Guerra, miembro del Buró Político y secretario del Consejo de Ministros; y Delsa Esther Puebla Viltre (Teté), vicepresidenta nacional de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.

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