
En uno de los cierres del semanario Sierra Maestra, de Santiago de Cuba, un fallo eléctrico paralizó el automóvil destinado para las tareas inherentes a una jornada signada por coberturas y traslado de correctoras, diseñadores y el resto del personal del periódico.
«Los viernes son días muy rigurosos y, dado el tamaño de la ciudad y los imprevistos, tener un carro disponible resulta imprescindible. El 8 de noviembre fue muy tenso, pero cuando Léster Díaz Mejías apareció, la solución fue inmediata», comentó Mayté García Tintoré, subdirectora editorial del decano de los periódicos cubanos que circulan en la actualidad.
Luego de realizar la reparación, «y comprobar que todo funcionaba al 100 %, le preguntamos cuánto costaba y su respuesta fue: que el periódico quede lo mejor posible», rememoró el chofer Irlandis de la Cruz Tamayo. «Martí habló de la utilidad de la virtud, mis padres y abuelos inculcaron valores en mí, y los pongo por obra», reveló el joven de 28 años, que reside en el poblado de Dos Caminos, ubicado a escasos kilómetros de La Mejorana, otrora ingenio en el que se reunieron –en mayo de 1895– Martí, Gómez y Maceo.
En diálogo con Granma, el hoy ingeniero eléctrico precisó que su pasión por el ferrocarril se fundamenta «en lo atrayente que resultan para un niño los trenes cargados de caña, con otras cargas y pasajeros; porque vivo muy cerca de un central azucarero y las líneas Central y Guantánamo, respectivamente. Me hice técnico medio en explotación del Transporte Ferroviario, y mi vida laboral, desde hace una década, se desarrolla en los Talleres Ferroviarios de San Luis (Tafsal), que son de referencia en la reparación de todo tipo de equipos para este medio de transporte».
«Asumió responsabilidades tempranamente, confiamos en él porque vimos su anhelo por aprender y superarse. Nosotros asumimos a los egresados de la Enseñanza Técnica y, a tenor de sus condiciones, promovemos los estudios superiores, incluso en la Federación Rusa y en la República Popular China. Léster se hizo Ingeniero Eléctrico por la Universidad de Oriente, y hoy está al frente de la coordinación industrial en el taller de locomotoras, que es el responsable de las reparaciones generales y la fiabilidad de esos equipos tractivos, en estrecha colaboración con la Agencia Francesa para el Desarrollo y la Sociedad de Estudios y Realizaciones Ferroviarias de la nación europea», dijo Marcia Sierra Gómez, directora de esta dependencia de la Empresa de Reparación de Equipos Ferroviarios.
«Soy el encargado de las acciones que se ejecutan en cada locomotora. Esto implica una responsabilidad sustantiva, junto al compañero Luis Hernández, quien lleva el historial de fallos de cada equipo. Nuestro colectivo de ingenieros y técnicos ya ha entregado tres de alto porte a las empresas Ferromar, Oriente y Rutas Nacionales, y estamos trabajando en otra. La formación del tren Habana-Sancti Spíritus también fue objeto de una reparación general, y ya presta servicios», destacó Díaz Mejías.
Tan alta responsabilidad –dijo– la combina con la de secretario general del Buró Sindical, «una tarea compleja, porque tenemos 259 trabajadores distribuidos en cinco secciones sindicales y, en nuestra entidad, a mucha honra y orgullo, hay un funcionamiento orgánico que trasciende en los resultados integrales. Somos, desde hace varios lustros, Vanguardia Nacional del Sindicato de Transporte y Puertos, y de la Asociación de Innovadores y Racionalizadores».
«Lo elegimos como nuestro líder obrero por su consagración al trabajo, y también por su capacidad de escuchar y de defender nuestros criterios y sugerencias. Tafsal funciona como funciona, en parte, por la labor del sindicato», encomió Justo Sollet Kindelán, con más de 40 años de experiencia en el sector, y parte del equipo de trabajo cubano-francés.
La conducta de este santiaguero, también militante del Partido, es similar en su comunidad. Cuando quedaron a oscuras, por el robo del aceite dieléctrico del transformador de la subestación que les provee energía, Léster explicó a no pocos confundidos las causas y condiciones de tan despreciable delito. «La gente creía que se debía a una desconexión total del Sistema Eléctrico, y mi nieto no se cansó de exponer, con voz pausada y lujo de detalles», expresó, con visible orgullo, Gloria Ester, a quien él, cariñosamente, nombra como «mima».
Su tiempo se divide entre ocho y 12 horas entre las locomotoras y los encuentros con los trabajadores. «Atrás quedó el ir y venir a pie, porque ya tenemos un confortable ómnibus para el transporte obrero; baños remodelados y mejoras salariales que promueven la productividad. El resto es para ayudar a quien lo necesite –porque Fidel nos demostró que Revolución es altruismo–, y para descansar un poquito».













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