Siguaney, Sancti Spíritus.–Hoy no es un día cualquiera para Saúl Rodríguez Pérez: aquel joven que llegó, recién graduado, hace 47 años, a la fábrica de cemento ubicada aquí y nada, ni la jubilación laboral en diciembre de 2023 pudo separarlo de la industria.
Que Cuba dedique las 24 horas de la jornada, año por año, a reconocer el aporte de miles de ingenieros, le hace sentir –muy en silencio– ese sano orgullo que anima y reanima a quienes aman, de verdad, su profesión.
«Corría 1978 y yo había egresado como ingeniero eléctrico. Mi ubicación fue en Moa, pero cuando allí me dijeron que necesitaban un ingeniero en minas, no en electricidad, regresé, ayudé en la instalación de equipos en el periódico Escambray y, ante una oferta de esta fábrica, vine hacia acá… hasta los días de hoy».
Se dice en segundos, pero implica años, toda una vida de aprendizaje, aportes, «aciertos y cabezazos» (como él mismo define) y experiencias, más allá incluso del perfil o de la disciplina en que se formó.
Responsabilidades en la esfera de mantenimiento, luego como energético principal, área de producción, dirección técnica…, fueron dotándolo de sólidos conocimientos desde el punto de vista mecánico, químico, tecnológico e integral, «porque esta es una planta que funciona las 24 horas durante los 365 días del año, y requiere estar listos para, ante una avería (fenómeno bastante frecuente), actuar con rapidez y resolver el problema, para que los hornos no se enfríen.
«Los resultados de la fábrica, sin embargo, son fruto del trabajo realizado por un muy buen colectivo, integrado no solo por ingenieros, sino también por técnicos y trabajadores con una preparación respetable.
«Recuerdo que formamos un Consejo Técnico. Uno de los primeros propósitos fue desarrollar la producción de cemento blanco. Y lo logramos. Trabajamos también el uso del petróleo crudo nacional en nuestro proceso productivo: experiencia que permitiría enfrentar momentos de crisis energética, mantener la vitalidad, obtener utilidades, y con ellas mejorar condiciones, atender mejor a los trabajadores y cooperar en obras sociales».
Entusiasmado –siempre en primera persona del plural, pues no le gusta hablar de sí mismo– Saúl evoca el inicio de la producción de cal, cambios tecnológicos dentro de la industria… la magia con que «reparan y vuelven a echar a andar diariamente una planta que todos los días se rompe. Por cierto, hoy es la única funcionando en el país».
Admirado por nuevas generaciones de técnicos e ingenieros, que tampoco le temen al polvo ni a otros rigores del proceso, Saúl encabeza el estratégico campo de las inversiones, es brazo derecho del director de la fábrica, observa, opina, sugiere en asuntos tan imprescindibles como la diversificación productiva, el cambio de matriz energética o la producción de alimentos…
¿Único? Él afirma que no. Ingenieros altamente preparados, sencillos, consagrados, jubilados, activos hasta la eternidad de cada día hay cientos, miles en Cuba entera. Pero Siguaney y Cuba lo tienen a él.













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1
11 de enero de 2025
14:49:41
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11 de enero de 2025
16:05:30
Raúl Pérez Bermúdez dijo:
3
11 de enero de 2025
16:07:43
Saúl M. Rodriguez Perez (hijo) dijo:
4
11 de enero de 2025
16:24:01
Juan Antonio González Rivera dijo:
5
11 de enero de 2025
19:47:04
Ática dijo:
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12 de enero de 2025
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14 de enero de 2025
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14 de enero de 2025
00:16:55
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