
Tuinucú, Sancti Spíritus. – Si operadores de combinadas, tractoristas, camioneros, maquinistas de locomotoras, obreros de la industria, técnicos, profesionales y directivos del central Melanio Hernández se recostaran a meditar la cantidad de imprevistos que pueden sobrevenir, terminarían colgando guantes hasta que haya mejores condiciones materiales, aseguramientos y garantía para el corte, el tiro y la molida.
Pero ni están acostumbrados a echar hacia atrás, ni son momentos para sentarse tranquilamente, con los brazos cruzados, a esperar.
Por ello, tras una feliz prueba integral de arrancada, el corte debe marcar oportuno campanazo para poner sobre el ring el engranaje tecnológico del ingenio, con la voluntad de hacer que muela del modo más eficiente posible.
Reparaciones que distaron bastante de la logística con que contaba la industria azucarera cubana décadas atrás, sustentan la aspiración de los colectivos para, con los hierritos propios de la empresa, sacarle guarapo a ese recurso vital llamado tiempo, y «tirarle con todo» al plan de producción, similar, en términos generales, al anterior.
Único ingenio que, otra vez, procesará gramínea en la geografía espirituana (por cierto, toda la que aporte el territorio y determinado nivel procedente de suelo villaclareño), el Melanio enfrentará una zafra «apretada» desde el punto de vista material.
Ello no devendrá noticia o novedad para Antonio Viamontes Perdomo, director de la empresa ni para los hombres y mujeres que la integran, como tampoco sorprenderá a nadie el modo en que el central se las «ingenie» para zafar o liberar los nudos que se presenten, atar rápidamente cabos y hacer lo que tecnológica y productivamente corresponde.
De la necesidad de azúcar, a todos los niveles y en todos los espacios, no hace falta hablar. Se sabe, se siente.













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ReyesZETISC dijo:
1
26 de diciembre de 2024
17:07:42
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