
SANTA CLARA _ «Yo vengo del fango amigo. Mi familia era muy humilde, y para colmo, éramos ocho hermanos para vestir y alimentar, lo cual no era fácil para mis padres. Recuerdo que yo, por ser el mayor, llegaba de la escuela, me quitaba la mochila y cogía la guataca, hasta por la tarde, en que mi papá Roberlando, decía, hijo ya está bueno por hoy».
Así era el día a día de Joaquín González Machado, quien es hoy un prestigioso profesor de la Vocacional «Ernesto Che Guevara», al que todos quieren y respetan por su calidad humana y sentido del deber, hasta que gracias a la obra de la Revolución, aquella realidad comenzó a cambiar.
«Nací dos años después de la alborada del Primero de Enero, en 1961, y puedo decir sin sonrojo, que todo lo que soy y lo que es hoy mi familia se lo debe a Fidel», reconoce el pedagogo, quien no olvida los trabajos que pasaba su mamá Nélida, allá en la finca San Miguel, ubicada a las afueras de Santa Clara, para poder garantizar la subsistencia de la numerosa prole.
«Cada quien tenía, si acaso, una mudita de ropa presentable para si nos enfermábamos poder llevarnos al médico, el resto eran trapos que iban pasando de un hermano a otro al paso de los años. Y de la alimentación, ni se diga. Muchas veces, un plato de harina con huevo por la tarde era considerado un verdadero manjar», recuerda Joaquín.
Pero como dice la letra de la canción de Carlos Puebla, un día «llegó el Comandante y mando a parar» y aquella situación comenzó a transformarse para bien de la suya y de miles de familias. Lograron cambiar su casa de tabla de palma y guano por otra un poco más confortable, y también llegó la posibilidad de estudiar y hacerse personas preparadas y de bien.
Al concluir el Servicio Militar, González Machado comenzó a laborar como profesor en los IPUEC José Luis Robau y Mártires del 9 de abril, de Corralillo, tras cuya estancia se trasladó a trabajar en la Escuela Vocacional Ernesto Che Guevara, de Santa Clara, centro donde ha permanecido durante cuarenta años consecutivos.
Aquí, en esta prestigiosa escuela que tantos buenos profesionales ha formado para la provincia y el país, he pasado la mayor parte de mi vida, y hasta me hice Licenciado en Historia y Ciencias Sociales, señala Joaquín, quien no pone fecha límite a su labor como docente. «Mientras tenga fuerza, seré profesor, no solo porque me gusta, sino, porque más que nunca, siento que me necesitan».
Hoy, cuando el país atraviesa una compleja situación económica, de la cual no escapa la familia del profesor, él se refugia en su pasado y en las muchas cosas buenas que le trajo la Revolución. «A mi esposa, la asistencia social le paga un salario para que cuide a Yailén, la hija mayor afectada en su salud desde hace muchos años y, por si fuera poco, tengo otro hijo, Dariel, que ya este año se graduará como médico. Solo esas dos razones, bastarían para estar eternamente agradecido al proceso iniciado un primero de enero de 1959».













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Lazaro dijo:
1
25 de diciembre de 2024
10:09:02
Renato Peña dijo:
2
25 de diciembre de 2024
13:14:00
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