
¿Qué tiene el doctor Daniel Artiles Martínez, especialista en Anatomía Patológica en el Hospital Arnaldo Milián, de Villa Clara, que todos lo quieren, lo buscan y tratan de contar con su criterio para corroborar o descartar las sospechas acerca de determinadas enfermedades, buena parte de las cuales son de naturaleza oncológica?
¿Será su probada profesionalidad a la hora de emitir un diagnóstico o sus características de médico cordial y sencillo como pocos, incapaz de tratar mal a un paciente o a un colega, por muy atareado que esté? Lo cierto es que la mayoría coincide en que Daniel es un ser humano excepcional, digno representante de los mejores exponentes de los hombres y mujeres de las batas blancas en Cuba.
En bicicleta, o en una motorina «cachicambiada», se le ve andar cada día por las calles de su natal Santa Clara, o camino al principal hospital de la provincia, donde labora largas jornadas; no sin antes lidiar con las mismas limitaciones que sufre cualquier cubano; más, si se tiene en cuenta que él tiene la responsabilidad de comandar una prolífera familia, tarea en la cual, cuenta con el apoyo inestimable de su esposa Carolina, otra heroína de estos tiempos.
En el centro hospitalario casi siempre se le ve pegado a un microscopio, revisando las diferentes muestras de biopsias que llegan al departamento que dirige, o cerca del moderno laboratorio de inmunohistoquímica.
«Esta es una actividad bien agotadora y de mucho detalle, a la que tienes que dedicarle bastante tiempo, porque se trata de emitir un juicio en el que va la vida de una persona, por lo que siempre trato de ser lo más certero posible al certificar que un paciente tiene cáncer, un tumor benigno o maligno u otra enfermedad».
Daniel, quien vive de estudiar estructuras celulares, no oculta su pasión por la Patología, una especialidad a la que llegó gracias al entusiasmo mostrado desde niño por el mundo biológico, los animales y las plantas. «En mi época de estudiante, las mejores notas las obtenía en Biología y disfrutaba mucho la disecación de animales y la experimentación».
Recuerda, asimismo, que a pesar del respeto que tenían algunos por esa especialidad, debido al hecho de tener que trabajar con cadáveres, desde segundo año de la carrera se desempeñó como alumno ayudante de Anatomía Patológica, por considerar que era la que más se acercaba a las enfermedades y la más objetiva a la hora de emitir un diagnóstico certero.
«La medicina moderna se desarrolló a partir del estudio profundo del cuerpo humano. Antes, todo era puro misticismo. Solo después de la anatomía comparada, en la que se podía ver el daño provocado por una enfermedad mediante la disección y la necropsia, fue que se pudo pasar a otro estadio, hasta llegar a la etapa actual, en que se han alcanzado niveles insospechados».
Ha experimentado múltiples satisfacciones, como participar en eventos científicos en los que ha podido exponer sus valiosas experiencias, o el hecho de haber prestado colaboración en otros países; sin embargo, nada lo contenta más que el momento en que, luego de examinar una muestra, puede informar al médico y al paciente que el resultado es negativo. «La alegría que experimentan esas personas en ese instante no tiene precio», señala el galeno.
En cambio, siente una gran tristeza cuando el resultado del examen resulta adverso. «Ese día pienso una y otra vez en esa familia a la que diagnostiqué que un hijo, un hermano o una madre tiene un linfoma o una enfermedad que puede llevar irremediablemente a la muerte. Pero bueno, aunque a eso uno nunca se acostumbra, entiendo que es parte de mi profesión y asumo el reto de la manera más profesional posible».
Para él, llegar a un diagnóstico, y más si este es positivo, constituye una oportunidad para comenzar un tratamiento efectivo, el cual puede llevar a varias opciones encaminadas a alargar la vida del paciente mediante una cirugía, la quimioterapia u otras alternativas, proceso en el que la familia desempeña un papel esencial.
Aunque es grande el prestigio del doctor Daniel, quien es especialista de primer grado en Anatomía Patológica y Máster en Citología, él se resiste a que le exalten sus méritos. «Yo solo cumplo con mi deber, y nada sería sin el apoyo del equipo que me acompaña, sin los cuales mi labor estaría incompleta».
Respecto a la ética médica, de la cual es un digno exponente, considera que este es tan antigua como la Medicina, y en su base figuran algunos conceptos que aplica a diario, como el hecho de no hacer daño a nadie, lograr una comunicación efectiva con el paciente y sus familiares, nunca sentirse superior y pensar que de la inteligencia colectiva surgen los grandes resultados.
Tal vez por eso, fuera del microscopio, dedica mucho tiempo a hablar con los enfermos y sus acompañantes; más si se trata de personas que tengan algún fallecido, con los cuales nunca muestra prisa y es capaz de ponerse en su lugar.
En la actualidad, el doctor Daniel Artiles muestra un orgullo fuera de lo común, a partir de la llegada al departamento de Anatomía Patológica que encabeza, del primero de los laboratorios de inmunohistoquímica (ihq) que funciona en el interior del país.
Ese equipo resulta vital para el diagnóstico de diversos tipos de cáncer localizados en múltiples órganos y estructuras, a partir de una alta tecnología que personaliza cada tratamiento, reconoce, y añade que ello posibilitará la precisión diagnóstica para diferenciar o confirmar el padecimiento.













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