ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El despliegue de los jóvenes militares cubre toda la cabecera municipal de Imías. Foto: José Llamos Camejo

imías, Guantánamo.–Puede ser una institución, la calle central o una vía secundaria, una casa, Los Pinos o cualquier otro barrio o esquina, sobre todo si es de las que por estar en la franja más baja, sintió más alta y violenta la invasión del río con sus fragmentos de escombros y su corriente borrascosa que enlodó, destruyó todo, y lo que no pudo llevarse lo dejó sucio.

Los sitios varían dentro del mismo escenario, lo invariable aquí es el ambiente, ese ímpetu sin distinciones lo empareja todo, en el deseo de apurar la sanación de la herida. Y es allí donde la hermandad se muestra robusta, justo porque, en tal circunstancia, a las personas les brota su dimensión humana.

«Si cada uno da su poquito, entre todos damos riqueza». Parece una parábola de Erlina Romero Rodríguez, en referencia a un gesto espontáneo suyo, del que comentan algunos testigos.

«¡Miren lo que les traigo!». Cuando las miradas de los jóvenes de la Región Militar de Granma buscaron al unísono de dónde venía la frase, delante de ellas estaba Erlinda con las dos manos estiradas, un termo en una, y en la otra una bolsita con varias tazas.

«Esa mujer salió de la nada», cuenta el mayor Leandro Liens Oduardo, jefe de trabajo político de la fuerza de 60 jóvenes granmenses que ayudan en la tarea de recuperación en Imías. «Cuando nos dimos cuenta, estaba sirviéndonos su café, y como si fuera poco, dándonos las gracias.

«Mire usted –continúa Leandro–, una mujer que posiblemente ha perdido bastante en la inundación, viene a compartir con nosotros lo poco que tiene. Permiso, ¡caramba, mírela, allí va!; compañera –dirigiéndose a ella–, ¿puede venir un momento?».

Accedió Granma entonces a pormenores del lindo gesto de Erlinda,   porque se trataba de ella. Nada del otro mundo, dice la mujer, esta mañana llenó un termo de café, agarró las tacitas y salió «pa' la calle, voy a llevarles café a los primeros que me encuentre por ahí, ayudándonos.

«Salgo, subo esa calle y veo a estos jovencitos, sudorosos y sacando fango, todos ellos pueden ser nietos míos. Entonces digo, ellos no son de aquí. Se pusieron de lo más contentos con el buchito, si consigo algo de azúcar, volveré.

«Ahora vengo de ayudar a mi hijo, el temporal le dañó la casa, al final todos somos una sola familia», remata Erlinda, y se aleja, mientras Leandro Liens la contempla y mueve la cabeza como si confirmara que así es la gente de por acá.

 

COSAS DE LAS MADRES

Las madres también son así, aunque sea desde lejos encuentran cómo ayudar, acaso porque están siempre cercanas. A David Escalona Espinosa y Daniel Serra Parra la urgencia no les dio tiempo a despedirse de las suyas, antes de salir para Imías.

Ambos son granmenses y de la misma edad, 17 años; de San Ramón, en Campechuela, el primero; el segundo de Pilón. Llevan par de meses en el  Servicio Militar Activo, para después ingresar a la Universidad, a formarse como profesores.

Cuentan que el lunes pasado reunieron a los jóvenes de su unidad y, tras explicarles lo que estaban viviendo la gente de Imías –algo sobre lo que ellos habían recibido noticias–, solicitaron voluntarios para ayudar en la recuperación.

Entre cientos de manos en alto estaban las de Escalona y Serra, y estuvieron entre los 60 escogidos para viajar hasta acá. «Salimos ese mismo día», detalla David, «no tuve tiempo de avisarle a mi mamá ni a mi novia; ninguna de las dos pudo ir a verme el domingo pasado, porque el transporte estuvo difícil, y pensaban ir hoy (era martes), y ya ve, amanecí aquí».

Desde Imías, David pudo llamarlas por teléfono, ellas entendieron.  «Mi mamá reaccionó entre sorprendida y preocupada, pero me dijo que hice bien, que cumpliera y que me cuide; mi novia también me da ánimo».

El litoral Guantánamo-Imías ha impresionado a estos muchachos, dicen que venían contemplándolo todo el tiempo, y aún con lo que destruyó el huracán, «se ve que estos son lugares muy lindos», aprecia David. «De eso le conté a mi mamá, también de la destrucción que he visto, y de lo humildes y buenas que son las personas aquí; me alegra poder ayudarlas».

Daniel sí logró darle un timbrazo a la madre antes de venir. «Mamá dice que me cuide, que cumpla mi deber y que no haga nada incorrecto. Ella también me extraña y me necesita, sobre todo ahora que está embarazada, ingresada, pero sus palabras me dan aliento».

El muchacho se declara seguro de que Daineris está orgullosa de él, «y no la defraudaré», enfatiza, con acentuado brillo en los ojos. «Mientras los afectados me necesiten, y lo decidan mis jefes, voy a permanecer ayudando aquí».

A Daniel y a David les asiste la misma resolución. «Aquí están mis brazos», dice el primero; «aquí estoy  y estaré», añade el segundo. Tienen los uniformes veteados de fango, y empapados por el sudor.

Anuncian que lo que viven por estos días formará parte de su anecdotario de vida, y aseguran que se los contarán a sus futuros alumnos, «para inculcarles el bien».

Los dos muchachos volvieron a su faena, despejando lodo de aquí, «basura de allá», como el enanito de Silvio, «trocando lo sucio en oro». La honda de Daniel es la de David.

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hijadelRey dijo:

1

31 de octubre de 2024

08:59:09


emotivo artículo, por lo cierto y lo hermoso de lo que hacen estos jóvenes, cuando más lo necesita ese humilde pueblo, que se multiplique ese ejemplo!

HUMBERTO dijo:

2

31 de octubre de 2024

11:04:36


ESOS SON NUESTROS JÓVENES CUBANOS LLENOS DE VALORES Y ORGULLOSO DE LA PATRIA DONDE NACIERON Y MOSTRANDO QUE SI HAY CONTINUIDAD DE LA REVOLUCIÓN.