La masa aproximada del sol es de 1,989 x 10 30 kg. Cada mañana se asoma en el cielo, como una pelota redonda y brillante que nace y se pone, ante los ojos colectivos del planeta. La Tierra gira alrededor de él, pero si por algún desatino de la imaginación, alguien tuviera que empujarlo, pocas personas tendrían la fuerza para lograr la hazaña.
Sin embargo, ellas ya poseen experiencia en eso de empujar al sol. Las madres de la Asociación Cubana de Personas en Situación de Discapacidad Intelectual (ACPDI) en Villa Clara han librado tantas batallas, que hasta podrían poner una estrella a sus pies y colocarla en el carrusel de cada cuna.
Lidice Tomé Sánchez, su presidenta en la tierra villaclareña, apenas tenía 20 años cuando tomó en brazos a su pequeño bebé. Un parto demorado y otras complicaciones inesperadas habían convertido el nacimiento en un punto de inflexión dentro de su vida. Aquel pequeño hoy tiene 28 años. Fue a la escuela, aprendió de forma manual los colores, y aunque no desarrolló el habla, conoce al dedillo los estados de ánimos de su mamá, la calma y la alienta, le da la energía necesaria para conquistar la Luna y regresar.
Francis Jiménez, la vicepresidenta de Funcionamiento Orgánico está muy orgullosa de su hijo, Jorge Félix. Cuando abrió los ojos por primera vez, los médicos no le daban esperanzas. Vivió dos años ingresada junto a él en el Hospital Pediátrico y ahora, con 34, es un joven simpático, de rasgos achinados, al que le encanta bailar.
Mayrobis Estupiñán Morales, vicepresidenta de Comunicación e Información, también ha enfrentado con valentía la crianza del adolescente que hoy tiene 14 años, y que fue diagnosticado con autismo.
A Yaineris Rodríguez Montelier, vicepresidenta de Inclusión en la Vida Comunitaria, le tomó por sorpresa el diagnóstico de su bebé. Nació prematuro, con síndrome de Down, y es uno de los miembros más jóvenes de la Asociación: un gordito chulo, aunque un poco serio, que apenas rebasa los tres añitos.
Estas mujeres han tenido que reinventarse, florecer en medio de los espinos y sacar adelante a sus hijos, porque educar a una persona en situación de discapacidad intelectual constituye un reto que ellas han sabido vencer. Por eso, esta Asociación se ha convertido en el hogar de muchas familias que vivían experiencias similares y no contaban con todos los resortes y el apoyo emocional para vencer el desafío.
La base de datos de ACPDI en Villa Clara contabiliza a más de 11 personas. Basta el diagnóstico de la condición (autismo y síndrome de Down entre las más comunes) para que la integren. En ella se realizan talleres y actividades para los asociados y sus familiares.
Lidice Tomé Sánchez confiesa que la Asociación es un anhelo materializado, pues aunque ya existía la Anci, la Aclifim y la Ansoc, las personas en situación de discapacidad intelectual no podían pertenecer a ellas, a no ser que también tuvieran alguna condición motora, visual o auditiva.
A diferencia de las otras asociaciones, la ACPDI es impulsada por las madres y los familiares de los asociados, quienes no se cansan en el empeño de fundar filiales en todos los municipios, de contar con una sede más confortable y crear un Centro Ocupacional, al que puedan enviar a sus hijos cuando terminen la edad escolar. Así continuaría su preparación para la vida, mientras ellas, la mayoría en total plenitud laboral, mantienen su desempeño profesional.
También sueñan una feria de trabajo para emplear a aquellas personas en situación de discapacidad intelectual con posibilidades físicas y de salud, de forma tal que se sientan útiles y les sirva, incluso, como una forma de darle sentido a sus vidas.
Una de sus mayores satisfacciones, confiesan, es ver crecer a esas madres que un día llegaron abatidas, pensando que no iban a poder asumir la crianza de su hijo, y hoy son las primeras en cada actividad que realizan de conjunto con el Inder y Cultura. Además, se sienten satisfechas con historias como las de Yankiel, un joven Down que durante la pandemia no salía de su casa para evitar el contagio, pero que desarrolló una fuerte fobia que le impedía ir a la calle. Ahora él disfruta cada salida con sus amigos de la Asociación.
Todavía no ha cumplido su primer añito la ACPDI de Villa Clara, pero ya se ha convertido en una gran familia. El próximo 5 de octubre les entregará los primeros 30 carnés a sus asociados. De seguro habrá una fiesta de cariño y alegría. Después seguirán conquistando cada meta, pues falta por andar en el camino de concientizar a la sociedad.
Las personas en situación de discapacidad intelectual son seres maravillosos a los que no hay que mirar con lástima, porque ellos también pueden y deben, a su ritmo y con sus propios colores, aprender a volar.


















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A.Madruga dijo:
1
26 de septiembre de 2024
09:09:47
Odalys González Pérez dijo:
2
26 de septiembre de 2024
10:16:26
Juana Antonia Placeres González dijo:
3
26 de septiembre de 2024
16:44:47
Lidice Natacha Tomé Sánchez dijo:
4
26 de septiembre de 2024
22:15:16
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