ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Dagmaris e Isailis en el reencuentro. Foto: José Llamos Camejo

 Cuneira, Guantánamo.– Aquí todos los caminos del alba conducen a una institución escolar tomada por asalto. Puede llegar a ellas por el callejón polvoriento que la atraviesa de sur a norte, las callejuelas de tierra que la franquean de este a oeste, los trillos y guardarrayas abiertas entre las plantaciones de caña que circundan esta comunidad azucarera del municipio Guantanamero de El Salvador.

El mañana nos asaltó ayer, primer lunes de este septiembre. Con su entusiasmo pujante, más de 1 600 000 «conquistadores» se apoderaron de toda Cuba y a la formidable «fuerza especial» de uniformes y pañoletas la Isla no le plantó resistencia.

El archipiélago es otra vez el gran cómplice de la única invasión que la tierra cubana admite. Granma fue testigo de la irrupción, la disfrutó, la vivió, la aplaudió en la Escuela Primaria Esteban Centeno Torres de Cuneira, una de las 817 instituciones escolares guantanameras, 102 de ellas en predios de El Salvador, que abrieron sus puertas ayer.

A la «asaltante» Isailis Martínez Rodríguez, de 11 años, que cursa el sexto grado, se le vio sonreír a la salida de una de las veredas que rodean a Cuneira, emergió de prisa con la mochila a la espalda, impecables el uniforme y la pañoleta, en la mano una flor y en los labios un beso para Dagmaris Baute Díaz, «mi maestra desde que entré en primer grado» dice. La educadora también la besó y le dijo una frase tierna.

Un susurro apenas, difícil de descifrar para quien observa, pero en los ojos de la destinataria que lo escuchaba se vieron dos océanos de optimismo. Detrás, otros niños y niñas de uniformes y pañoletas repetían de manera espontánea la reverencia.

Presentes, a pocos metros, María Elena Benítez Salazar, directora del centro, a su lado, padres, madres, otros docentes, familiares, trabajadores, gente con las pupilas sumergidas en una escena de tránsito al porvenir. Ellas, ellos, no son adivinadores, pero saben mirar.

Isailis, Dagmaris y María Elena platicaron con Granma. La primera dice que ella y Glenda, con quien comparte el pupitre en el aula y juega en el mismo equipo de voleibol o cualquier deporte en las clases de Educación Física, acordaron, «debido a los apagones», estudiar y hacer las tareas por las tardes, «no de noche como antes».

Dagmaris, por su parte, se muestra convencida de estar ante un curso que en el actual contexto plantea «desafíos tremendos», no abunda nada, salvo el deseo de «que las cosas nos salgan bien, y eso se puede lograr con sacrificio y trabajo unido». 

«Escasean algunos recursos –admite–, pero el principal está: el talento de 20 niñas y niños, y una maestra con 32 años en ejercicio; en esa experiencia me apoyaré, y en iniciativas. Para las clases de geografía, por ejemplo, un perfil que hice con materiales alternativos ayudará a que los alumnos comprendan aspectos de las profundidades del mar y las dimensiones de las montañas».

«Un fichero y el prontuario que hice, también de recortes, en Lengua Española me apoyarán el trabajo con el vocabulario y la ortografía; mi aula finalizará con avances, retrocesos no puede haber».

Ese mismo vocablo, «avance», suena seguro en el verbo de María Elena. Sus pies descansan sobre la tierra, y la confianza en los 32 trabajadores (24 de ellos docentes), y 118 estudiantes de primero a sexto grados, «este curso es más complejo que el anterior –dice–, pero aquí la gente está mejor preparada, los resultados van a superar a los del periodo pasado».

Contagiado por ese entusiasmo se marcha Granma de allí, se van otros. A la salida, «sí, compadre –dice alguien, al parecer un padre–, la cosa está dura, pero hay que echar pa' alante». Es, con otras palabras, lo mismo que habían dicho Dagmaris, Isailis y María Elena.

De tal certeza se hacen eco también discípulos y maestros de toda Cuba. Al pie de la realidad sigue fornido el ánimo de salir adelante, esa resolución colectiva, dicha de variopintas maneras en el idioma de los cubanos, fue escuchada, vista y sentida a lo largo y ancho del archipiélago ayer, cuando el mañana nos tomó por asalto.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.