Recuerdo el aura lúgubre de mi amiga cuando llegó aquella tarde a mis brazos. Los motivos no eran banales, estaba atravesando la racha de ser mujer y estudiar una carrera usualmente dominada por «hombres».
Telecomunicaciones no es fácil, nunca lo ha sido, y en ese universo –que es el nuestro– ella tuvo que enfrentarse a comentarios despectivos, sexistas; que fueron cavando en su inseguridad, anhelando, en algunas ocasiones, haber nacido en otro cuerpo.
Conozco a mujeres ingenieras, sé sobre los desafíos que muchas enfrentan. Sin embargo, llegar a Mayelin Gainza Vega fue vivenciar esa aparente normalidad de: mujer de taller, de máquinas y de sustancias, que mi amiga no pudo tener.
Encontrarla en una planta de producción o de refinería de petróleo no sorprende a nadie cuando se anda en su búsqueda. De Mayelin se habla del carácter, un tanto áspero para algunas personas, mas alberga en ella la sublime humanidad. Estudió Ingeniería Química, y actualmente se desempeña como jefa del área comercial de la División Territorial de Comercialización de Combustibles de La Habana.
«Mi responsabilidad es garantizar la distribución del producto que tenemos en la empresa, a las provincias de Artemisa, La Habana y Mayabeque».
Me comenta la sencillez de sus primeros años de egresada: «Salí de la Cujae y me incorporé, en 1997, en esta división. Estuve alrededor de seis meses leyendo, documentándome sobre los procedimientos de las instalaciones de combustibles».
Se mantuvo aproximadamente un año en la Dirección Técnica, luego dice haber pasado a la base de almacenamiento, y actualmente es la reserva del Director General.
Explica que jamás se ha sentido discriminada por ser mujer ingeniera en un mundo de hombres. No obstante, una de las principales dificultades «son los conflictos de trabajo-casa-familia, con los que hay que lidiar».
Ella, al igual que muchas trabajadoras, ha tenido que asistir a su centro laboral con sus hijos; así como, una vez terminada su jornada, continuar trabajando en su hogar.
Cuando se le pregunta qué consejos les daría a otras mujeres que quieran dedicarse al mundo de la ingeniería, Mayelin exhorta a intentarlo: «Yo pienso que es gratificante, y más cuando una mira hacia atrás y ve todo lo que ha logrado. Me siento orgullosa y, aunque a veces quiera tirar la toalla, me digo que tengo que seguir hacia adelante».













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