ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Granma

Es probable que resulte conocida la escena de la mujer que llega cansada del trabajo y, sin deshacerse de sus prendas, se dispone a realizar los quehaceres del hogar; o aquella que usualmente es la última en alimentarse, o que prescindió de sus beneficios para dedicarse a cuidar a algún familiar.

En realidad son muchas las variantes, y describirlas sería interminable, pero en todas se expande una brecha palpable entre los géneros, que pone en rejuego la salud de la mujer.

Ahondar en este efecto y las consecuencias que conlleva implica cuestionar las normas sociales preestablecidas. Si bien la salud es un derecho para todas las personas, en las mujeres se ve afectada por los marcados estereotipos de género que las ubican en situación de «vulnerabilidad».

Son ellas las de mayor sobrecarga mental, las que descansan menos, las que suelen retrasar los tratamientos médicos, a las que la sociedad patriarcal responsabiliza por la anticoncepción y terminan interrumpiéndose –en muchas ocasiones– embarazos. Ellas son las de mayor esperanza de vida, «las más longevas»; sin embargo, la precariedad en la calidad se impone como corsé ajustado.

Una investigación de la Universidad Carlos III, de Madrid, argumenta con datos científicos cómo los roles de género aumentan el riesgo que tienen las mujeres ante distintos tipos de enfermedades; lo que se traduce en que ellas se enfrentan a padecimientos cuyas raíces se encuentran en sus condiciones de vida.

La situación en Cuba no difiere de esta realidad. No hay duda de que las mujeres han conquistado espacios antes vetados, y que el país cuenta con políticas públicas que fomentan la equidad de género, pero aún son evidentes las brechas.

Ellas ocupan el 21,3 % del tiempo dedicado al trabajo doméstico no remunerado, mientras que los hombres solo el 12,5 %.

Asimismo, la violencia machista es otra condicionante. Según la Encuesta Nacional de Igualdad de Género, el 26,7 % de las mujeres de 15 a 74 años han sido víctimas de expresiones de violencia.

Y aunque parezca irrelevante, la salud de las mujeres está directamente relacionada con la cultura patriarcal que nos vertebra. Solo se debe analizar, con lentes críticos, los datos del Anuario Estadístico de Salud, para percatarse de que ellas tienen los índices más altos en la tasa de incidencia de algunas enfermedades (hipertensión arterial en mujeres, 246,8, y en hombres 209,9; asma bronquial en mujeres, 88,4, y en hombres, 82,3; diabetes mellitus, mujeres 76,8 y hombres 56,0).

Por eso, cada 28 de mayo, Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, «se reivindican sus derechos a disfrutar de una salud de calidad y gratuita». Compartir los cuidados y educar con base en relaciones equitativas de género, también es punto de partida para una vida saludable.

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